El asesino de Benita Núñez en Aranda alega que actuó en «legítima defensa»
El abogado de José Tomás Villalibre señala que repelió un ataque previo, mientras que la acusación incide en la «alevosía» del crimen

El acusado, a la izquierda, durante el juicio celebrado ayer.-R. G. OCHOA
El asesinato de Benita Núñez a manos de su exmarido, José Tomás Villalibre, fue consecuencia de la «legítima defensa» frente a un ataque previo por parte de la víctima con el cuchillo que finalmente acabó con su vida el 16 de julio de 2016 en Aranda de Duero. Este es el principal argumento de la defensa del acusado, que ayer reiteró su petición de cuatro años de prisión por homicidio imprudente durante la primera sesión del juicio que se prolongará hasta el día 24 en la Audiencia Provincial. Partiendo de esa premisa, el letrado Fernando Vecino dibujó un perfil totalmente contrario al de la acusación popular, que no dudó en subrayar la premeditación, «alevosía» e intención de causar un «daño superior» para que «sufriera». Previamente, la acusación puso de relieve las conclusiones del informe forense, que apunta la posibilidad de que los cortes de asesino confeso fuesen autoinflingidos. Por todo ello, la petición de cárcel para Villalibre asciende a 25 años mientras la Fiscalía se mantiene en 20.
Según la versión de la defensa, la única «víctima de violencia de género» en este caso es el propio Villalibre, quien vivía «manipulado, coaccionado y totalmente capado». En este sentido, argumentó que Núñez «no podía ver a su familia, ni tan siquiera a su hermana terminal de cáncer ni a su padre cuando estaba falleciendo» porque la víctima «no le dejaba». Por otra parte, el letrado anunció que citará a varios «testigos» capaces de acreditar cómo la mujer «le hacía brujería». Por ejemplo, colocándole «cuchillos en las almohadas»y echándole «sal encima».
Vecino también hizo hincapié en que su cliente «podía entrar libremente a la casa». De hecho, fue Núñez «la que le dice que se quede a dormir» cuando «dos días antes iban a ir a cenar». Por aquel entonces, la víctima visitó a su exmarido en la finca a la que se mudó tras un divorcio aparentemente cordial que tampoco empañó la relación con sus hijos, máxime cuando el fin de semana anterior se fueron«todos juntos» de compras a Valladolid. Si en algo coinciden las dos partes es en el motivo de la discusión que desembocó en el luctuoso suceso. No obstante,Vecino esgrimió que la trifulca por el reparto de bienes comunes tuvo lugar porque Núñez no consiguió la pensión compensatoria ni la tasación de inmuebles «que ella quería». Partiendo de dicha hipótesis, se aferró a la posibilidad de que la mujer decidiese «acabar con él».
Aparte de subrayar que «el divorcio era un juego» para Núñez, el letrado del asesino confeso señaló que «los hijos conocían toda esta situación». Y aunque ahora se hayan visto «influenciados por terceras personas», aseveró que desde el primer momento apoyaron a su padre, tal y como recalcaron en más de una ocasión a través de whatsapp. Además, precisó que Abel no solo «vivía con su padre», sino que además mantuvo una «discusión» con la mujer «días antes» del presunto crimen. En cuanto al resto de familiares que forman parte de la acusación, alegó que llevaban «cinco años sin hablar con ella», por lo que se mostró convencido de que su principal motivación en estos momentos es «pedir dinero».
Ensañamiento o lucha
Para el Ministerio Fiscal, la versión de la defensa es «totalmente insostenible» porque Núñez no pudo agredir «en ningún momento al acusado». Así lo demuestra el informe forense tras analizar los cortes en las manos que presentaba la víctima y determinar que se trata de «heridas defensivas».
Si algo tiene claro la fiscal Marta Rojo es que Núñez «intentó defenderse» mientras recibía 27 puñaladas de quien fuese su marido durante tres décadas. Pero no solo hubo «ensañamiento». A juicio de Ramón Medina, abogado de los hijos de la pareja, Villalibre buscó un «sitio certero» para asesinar a su exmujer, la misma que a lo largo de su matrimonio vivió «completamente vigilada y anulada» ante la obligación de «rendir cuentas» ante su esposo.