La trastienda de La Cartuja

El escándalo del máster de Cristina Cifuentes frena la nominación de candidatos y preocupa al PP de Castilla y León, que busca que Génova no retrase más la oficialidad de la candidatura de Fernández Mañueco

Mariano Rajoy ayer en la clausura de la convención, flanqueado por Maíllo, Moreno y, a la derecha, Núñez Feijóo y Fernández Mañueco.-ICAL

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Redacción de Valladolid
Valladolid

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«Siempre pasa algo cuando organizamos una convención». Esta afirmación realizada entre bambalinas por Fernando Martínez Maíllo, coordinador general del Partido Popular y organizador y responsable máximo de la convención que el partido acaba de celebrar en Sevilla, define con claridad el estado de ánimo y qué y quién fue la protagonista del cónclave. Quién realmente copó toda la atención de la oficialidad y de la trastienda de la Cartuja de la capital sevillana, lugar del cónclave.

El escándalo del máster de la presidenta de la Comunidad de Madrid, Cristina Cifuentes, marcó la convención desde el momento mismo que puso el pie en la estación de Santa Justa el pasado viernes y dirigentes como el presidente del Senado, Pío García Escudero, y otros menores, como los senadores leoneses Alfonso Rodríguez Hevia y Esther Muñoz, se apresuraban andén arriba para evitar coincidir.

Ella fue la que se llevó el protagonismo ya ese primer día con su rueda de prensa media hora antes del acto inaugural de la convención. Una comparecencia que nadie entre los miembros de la delegación del PP de Castilla y León alcanzaba a entender. «Sobre todo porque no ha dicho nada, ni aportado nada nuevo», se oía en todos y cada uno de los corrillos que formaban los miembros de la nutrida delegación del Partido Popular castellano y leonés.

Hasta el propio presidente de la Junta, Juan Vicente Herrera, quien parece claro que para los medios sigue siendo uno de los barones con más peso en el partido, por más que se autocalifique como un «simple militante», y uno de los que más reclamaron nada más aparecer en la convención, se lamentaba públicamente de que el ‘caso Cifuentes’ protagonizara «una convención tan importante». Y es para Herrera el escándalo parece claro que tiene difícil solución.

Y, mientras, la protagonista, se paseaba bien pertrechada entre los suyos de Madrid y se colocaba estratégicamente para salir en las fotos, de tal forma que pareciera que estaba siendo arropada. Cuando la realidad, más allá de que ese aplauso de casi un minuto en el momento de tomar la palabra en su mesa del debate del sábado pudiera decir lo contrario, es que ni un solo dirigente de los importantes, tampoco los de Castilla y León, hicieron por acercarse a ella para tan sólo saludarla.

Por eso nadie entendió a que vino ese «hay que defender a los nuestros», que la secretaria general del PP, María Dolores de Cospedal, lanzó en su discurso inaugural. «Habrá que defender a aquellos que no han hecho nada o lo han hecho bien», se oyó en un plenario que aplaudió casi tanto como se sorprendió de esa afirmación.

Si antes de que saltara el caso del máster de Cristina Cifuentes pudiera pensarse que de esta convención podía salir no ya el nombre de los candidatos al menos los cabezas de lista autonómicos, sino la fecha de las nominaciones, la presidenta de la Comunidad y el escándalo que la acompaña acabaron con esos pensamientos de un plumazo. Algo que preocupa, y mucho, entre el PP de Castilla y León que quiere ver ya a su presidente Alfonso Fernández Mañueco como candidato oficial a la Junta y que Génova no la retrase aún más. Todo estaba previsto, según detallan las fuentes próximas a la dirección del PP a EL MUNDO DE CASTILLA Y LEÓN, para que a principios de mayo se hicieran oficiales los candidatos a los diferentes gobiernos autonómicos. «Ahora, a esperar y a ver a cuándo se traslada la decisión». Ese era el nuevo mantra entre los populares de la Comunidad que lo quieren es que se haga llegar a Génova y hasta a Mariano Rajoy la necesidad de que no se retrase más la toma de decisión.

Por más que todos en Castilla y León, incluido Herrera, vean ya a Mañueco como candidato más allá de los tiempos que se estén marcando desde la dirección nacional, nadie se aventura a dar fechas. Los hay que hablan de junio, otros de julio y alguno incluso entre los más destacados barones provinciales se aventuran a apostar porque no será hasta septiembre. La realidad es que en la dirección nacional de Génova «están bloqueados» por el escándalo Cifuentes y no han movido un solo dedo en esa convención en todo que aquello que tiene que ver con los candidatos.

En la dirección nacional sólo se tiene claro que no se va nominar en el resto de comunidades y dejar fuera a Madrid. Sea como fuere, Alfonso Fernández Mañueco ve cómo la idea con la que viajaba hacia Sevilla, que no era otra que la de traerse en el zurrón de vuelta al menos la fecha en la que Génova y Mariano Rajoy le iban a dar la bendición, se vio difuminada por el caso del máster de Cifuentes. Del resto de candidatos, capitales de provincia y municipios de más de 20.000 habitantes, nada de nada. Y nadie se atrevió a mover un solo dedo. Ni siquiera los que tienen claro que van a seguir.

Una convención da para mucho. Como para ver a todo un ministro de Energía, Álvaro Nadal, preocupado fuera del plenario mientras Cospedal abría la convención porque no encontraba a Celia Villalobos, que se había dejado su maleta en el coche y la necesitaba.

Mientras el ministro buscaba a la diputada Villalobos, entre la nutrida, de las que más, delegación de Castilla y León se esperaba su primer momento grande. Aquel que tenía que ver con la intervención de Fernández Mañueco en la que fue la primera mesa de debate. El moderador, Martínez Maíllo, dejó para el final, para que cerrara, al Mañueco más mitinero. «Has visto qué bien ha estado». «A este Mañueco no lo conocíais». «Con qué energía ha hablado». Estos eran los comentarios que lanzaban algunos de los más enardecidos miembros del PP de Castilla y León de las diferentes provincias, como el alcalde de Burgos, Javier Lacalle; el salmantino Javier Iglesias o el máximo responsable del partido y también presidente de la Diputación de Burgos, César Rico, entre otros.

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Pero si algo hay en estas reuniones que buscan hacer piña son aplausos y disputas por ver a quién aplauden más o menos. Así, si el presidente del PP castellano y leonés se llevó la mayor ovación de su mesa de diálogo del viernes, Juan Vicente Herrera, el sábado no se quedó atrás con su enardecida exigencia de políticas y respuestas para el mundo rural. Y claro, surgió la pregunta del millón: «Y ahora, ¿a quién han aplaudido más?». Pues unos dirán que a Mañueco y otros, a Herrera. La realidad dice que ambos, Herrera y Mañueco, Mañueco y Herrera, se llevaron las dos mayores ovaciones de los diálogos.