Diario de Valladolid

La oportunidad del pistacho

Castilla y León El cultivo, con cerca de 400 hectáreas declaradas en la PAC, se presenta como una alternativa rentable en un marco de volatilidad / Aún así, estas plantaciones no recaen en agricultores sino en gente de fuera del sector

Félix Talegón, agricultor de Tagarabuena, en su plantación de pistachos, la más antigua de la Comunidad.-m.c.

Félix Talegón, agricultor de Tagarabuena, en su plantación de pistachos, la más antigua de la Comunidad.-m.c.

Publicado por
Marisol Calleja

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¿ Tiene el pistacho futuro en Castilla y León? Las experiencias desarrolladas hasta ahora en la Comunidad así lo constatan, a pesar de que el cultivo sigue siendo minoritario. La pregunta que los interesados se hacen con más frecuencia es ¿dónde se aconseja plantar?. Aunque la realidad es que inicialmente las provincias de Zamora, Salamanca y el sur de Valladolid se presentan como las zonas más idóneas, lo cierto es que proyectos con el pistacho en el norte, especialmente en la zona de Palencia, y en otras áreas menos favorables están evolucionando de forma positiva. Seguramente, hay que contar en este caso también con el cambio climático.

Félix Talegón, agricultor de Tagarabuena, un barrio del municipio de Toro (Zamora), cuenta con la plantación más antigua en Castilla y León, con 20 hectáreas, de las que casi cinco están en plena producción. Cuando hace quince años este toresano se inició en el cultivo, «nadie daba un duro» por el pistacho en la Comunidad y, en concreto, por su desarrollo en esta zona. El tiempo ha demostrado que estaban equivocados.

De forma general, el pistachero responde bien a situaciones adversas, mejor al menos que otros frutales como el almendro, aunque necesita cubrir unas 700-1.000 horas de frío en invierno, según las variedades, y contar con mucho calor en verano para que el fruto madure también. Eso sí, no será hasta el séptimo año, aproximadamente, cuando el agricultor comience a tener una producción «aceptable» y pueda empezar a comercializar su cosecha. Este es quizás el principal hándicap para el profesional: el tiempo que tarda el árbol en empezar a dar frutos rentables. Una circunstancia que retrasa la recuperación de la inversión realizada, que no se produce hasta el octavo o noveno año.

Los expertos estiman en unos 2.000-2.500 euros por hectárea la inversión inicial, solo en planta, con el modelo de injerto en campo, y entre 3.000 y 4.000 euros por hectárea si se elige el sistema de planta injertada.

Hay que decir también que, una vez recuperada esa inversión, a la que hay que añadir el coste del riego, las labores y el abonado, los beneficios son crecientes, especialmente si se compara con cualquier otro cultivo. Se habla en el pistacho de unos beneficios por encima de los 6.000 euros por hectárea a partir del décimo año, sin tener en cuenta los gastos del cultivo o la maquinaria necesaria para acometer su procesado.

La superficie en España ha ido creciendo en los últimos años, aunque, como explica Talegón, sin llegar al ‘boom’ que puede haberse registrado con el almendro. Afirma, en este caso, que «hay margen aún para autobastecer el propio mercado español».

Según los datos del Ministerio de Agricultura, España contabilizó en 2016 un total de 10.625 hectáreas de pistacho, algo más de la mitad en secano. Castilla-La Mancha, con 8.370 hectáreas, lidera el ranking nacional con cerca del 80% de la superficie global, por delante de Castilla-La Mancha. En cuanto a Castilla y León, y según los datos de la PAC, hay cerca de 400 hectáreas plantadas y una producción en torno a 20 toneladas, siendo Valladolid, con 185 hectáreas, Zamora, con 105, y Palencia y Ávila, con 38 y 34 hectáreas respectivamente las provincias que aglutinan el cultivo.

El interés por el pistacho es creciente, aunque también hay que destacar que ese interés no llega precisamente desde el sector. Así lo pone de manifiesto Talegón que destaca que «agricultores como tal» no llegan al 3%. Y es que el profesional a título principal sigue mostrándose «desconfiado» ante este cultivo. Un temor que el coordinador regional de la Alianza UPA-COAG, Aurelio González, atribuye a varios factores: la espera obligada para que el pistacho entre en producción, el miedo a una explosión en relación a la superficie «que baje los precios» , y la importante inversión inicial que hay que realizar. «El agricultor está acostumbrado a sembrar en noviembre y cosechar ocho meses después, esto es diferente», afirma.

González es pistachero también. Tras cinco años desde que plantó sus árboles, este 2017 espera empezar a comercializar una pequeña cantidad. Asegura que el pistacho es rentable y una buena opción para la agricultura actual. Esta organización agraria, pionera en el impulso de este cultivo en Castilla y León, insiste en que el pistacho es un buen negocio. Así lo constatan los números.

Talegón obtuvo la pasada campaña 1.800 kilos por hectárea, rendimientos que cree pueden elevarse hasta los 2.000. Si se tiene en cuenta que los precios oscilaron entre los siete y ocho euros el kilo, se puede afirmar que el pistacho ofrece una gran rentabilidad. De hecho este agricultor señala que, en este momento, «podría vivir solo del pistacho». Lamenta, en este sentido, que el sector no aproveche su potencialidad y sean otros, no vinculados al campo y el medio rural, los que aprovechen una finca en el pueblo, «de la que no sacan nada», para iniciarse en un cultivo que «va al alza», y que no soporta, al menos por el momento, la volatilidad de precios de otras alternativas más tradicionales.

UPA-COAG aprovecha esa potencialidad para reclamar a la administración «más investigación». «A la Junta le ha sobrepasado la gente», asegura el coordinador regional, que advierte también que «hay personas que se están aprovechando de los agricultores promoviendo variedades que comercialmente no tienen interés». Por eso, aconseja informarse antes con la ayuda de profesionales «serios».

En estos momentos, el sector utiliza la variedad Kerman en el 90% de los casos, junto a Larnaka y Sirora, que mantiene ciclos algo más cortos. Hay también otras variedades presentes en las plantaciones que se han introducido en España, pero que están vinculadas a royalty, como ocurre con la Lost Hills.

Es bueno saber, desde un punto de vista agronómico, que el pistacho necesita una tierra que no se encharque, es decir, un terreno suelto y «con buen drenaje». Aunque se ha hablado mucho de la evolución de este árbol en tierras marginales, Talegón mantiene que «cuanto mejor es la tierra, mejores rendimientos obtienes», al igual que el que riega «puede sacar más». Sobre los distintos contratiempos meteorológicos, «no hay miedo a las heladas». En menos de un mes llegará la polinización en una campaña que viene «algo adelantada», al menos en la zona de Toro. El único temor sería la lluvia, que no han tenido hasta ahora en una temporada que está resultando «muy seca». No hay que olvidar que asegurar una buena polinización es básico también para lgrar unos buenos rendimientos.

Actualmente, Irán y Estados Unidos se reparten el liderazgo en el ranking mundial como principales productores de pistacho. Un pistacho al que, según Talegón, «no tenemos nada que envidiar». De hecho, este agricultor está convencido de que Castilla y León puede tener «mejores pistachos que La Mancha». «Tenemos más agua y suelos de mayor profundidad», asevera. Los frutos de este toresano llegan hasta el Reino Unido y los países nórdicos. Es más, pone en valor su mayor tamaño, el sabor y la calidad del pistacho, así como su cáscara blanca frente a otras producciones regionales. Un elemento que atribuyen al «exceso de horas de frío con el que cuentan en esta zona de la Comunidad». Una potencialidad que insisten en explotar.

Talegón deposita toda su confianza en el pistacho y se plantea varios retos de cara al futuro a corto y medio plazo. De momento, ampliar superficie. Tiene claro que quiere ir a más. Por otra parte, apostará por el pistacho ecológico, lo que le exigirá otro manejo, especialmente en lo que tiene que ver con las malas hierbas y los abonos.

En este caso, asegura que el desafío es «no rebajar la calidad». Pasar toda la producción a ecológico supondrá además un plus de cara al mercado ya que los pistachos se podrían vender tres euros más caros que el fruto seco convencional. Eso sí, tiene claro que la producción saldría fuera de España, ya que «aquí lo ecológico no se paga». La conversión ecológica podría producirse en unos tres años.

Desde la Alianza UPA-COAG hacen un llamamiento al sector para que «pruebe» el cultivo. Una alternativa viable que, denuncian, «ni los agricultores que viven del campo ni la administración apoya en estos momentos». En este sentido, recuerdan los inicios de Félix, cuando la Junta hablaba del pistacho como un cultivo «tropical». Ahora se trata de una alternativa contrastada, que cada vez logra más adeptos, pero cuya presencia en la Comunidad sigue siendo escasa.

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