PABLO R. LAGO Director de EL MUNDO DE CASTILLA Y LEÓN
«El Mundo ha crecido con la gente de Castilla y León, gente como los premiados»

Pablo R. Lago, en un momento de su intervención-
«Gente intrépida que no se resignó a soñar y decidió trabajar en su sueño». Eso representan, para el director de EL MUNDO DE CASTILLA Y LEÓN, Pablo R. Lago, los catorce galardonados por Los Premios La Posada.
Personas de las que la cabecera de EL MUNDO, a la que Lago lleva ligado muchos años, «desde distintos ámbitos, etapas y latitudes», ha dado cuenta de sus «hazañas»; esas que les han valido para conformar «lo más brillante de nuestro orgullo», remarcó el director de EL MUNDO DE CASTILLA Y LEÓN.
Lago subrayó que «este periódico ha crecido con las gentes de Castilla y León, gentes como los premiados. Con ellos y a su lado. Y con su amable, pero exigente, confianza».
Un orgullo que en Castilla y León «atesoramos –continuó– como conciencia colectiva y que, tal vez por nuestro carácter un tanto timorato y mucho más austero, cuando no rancio, nos resistimos a exhibir».
Pablo R. Lago dejó claro, en su discurso durante la gala de Los Premios de La Posada y de los 25 años de aterrizaje de EL MUNDO en Castilla y León, que si de algo no tiene precisamente el periódico es de timorato. «Por eso hoy, mandatado por la sociedad a la que sirve, los trae aquí –a los premiados– con plena y exagerada satisfacción».
Ante más de 800 invitados, el director de este periódico ensalzó el talento del violinista armenio Ara Malikian, «el mejor del mundo», encargado de amenizar la gala, y que simboliza como pocos la valentía: «Siendo sólo un niño desairaba a los tanques frotando el sueño de su violín entre las ruinas de una hermosa ciudad mediterránea desvencijada por el odio», relató.
Una cualidad, la de la valentía, que Lago extendió a cada uno de los premiados, «valientes», de quienes aseguró que su «sana ambición tanto nos reconforta».
También lo extrapoló al oficio de periodista. Equiparó música y periodismo, el que ejerce este diario, que, tal y como significó, «no ha dejado de sonar desde hace un cuarto de siglo». Un tiempo en el que ha perseguido «distinguir voces de los ecos».
Periodismo y música coinciden «en el destino de la honestidad» si, como es la convicción de Pablo R. Lago, «se ejercitan con sinceridad y armonía».
Ambas formas de expresión comparten, además, en palabras de quien dirige esta cabecera, «las férreas convicciones de democracia y libertad». Unas convicciones, con la credibilidad como principal virtud, que indicó que son las que mueven a este diario «en la viña de la actualidad, como una cepa de tinta centenaria, para conseguir el fruto del crédito».
Por esta sinfonía periodística de 25 años, Lago tuvo un mensaje de gratitud para sus predecesores en la Dirección, que extiende «al resto de sumilleres del periodismo» que contribuyeron a cultivar este proyecto de comunicación. Mencionó a Eugenio Gascón; a Luis Miguel de Dios; a Pedro Blasco; a Félix Lázaro; a Óscar Campillo –«el maestro Campillo»–; a Vidal Arranz y a Antonio Sánchez Maeso.
Pero si hay alguien protagonista de este periplo son los castellanos y leoneses. Resaltó que los testimonios de cada uno de los que reciben el reconocimiento de estos premios, han servido, junto con los de otros protagonistas que han llenado sus páginas, para «cincelar el carácter de este periódico», que Lago afirmó que «ha acompañado el relato de las vidas de estas personas en las páginas de La Posada, una parte imprescindible de ELMUNDODECASTILLAY LEÓN». Y no sólo, también «de su alma plural y de la objetividad que hay que sentir».
Antes de finalizar, Lago mostró su admiración por los galardonados y, parafraseando a Ulises, tras la toma de Troya, señaló que podría decirse que vivió «en los tiempos de Alejandro Fernández, domador de viñedos»; o en los días de los Pérez Pascuas, «orfebres de cepas». En definitiva, que caminó «entre gigantes».
Subrayó lo «maravilloso» de escuchar a Malikian, y aseguró que en esta cita el escenario «se ha llenado de violinistas». Explicó a un auditorio abarrotado que «un violinista no deja de ser un virtuoso de su oficio al que escuchamos con tremenda atención, sobrecogidos por su arte, sus ideas y su ingenio». Como ‘los catorce’ de estos premios de La Posada