trama eólica cerco al ex numero dos de economía
El todopoderoso mago del viento
Villanueva concentró en Delgado la coordinación de la Consejería, le cedió por primera vez la presidencia de la mayoría de las empresas públicas y la dirección política de la potente Agencia de Inversiones
«Era todopoderoso, plenipotenciario, y hacía y deshacía a su antojo; el consejero le dio todo el poder y su soberbia le impedía hablar con los directores y con los funcionarios». Así describe un alto cargo de la Consejería a Rafael Delgado Núñez, la mano derecha (y la izquierda, según muchos) de Tomás Villanueva, hoy consejero de Economía y Empleo en retirada, y el hombre clave en las autorizaciones de Parques Eólicos al que acecha la Agencia Tributaria.
Delgado «mandaba más que Villanueva», asegura un jefe de Servicio que los tuvo cerca a ambos en la legislatura 1995-1999 y después en la que se prolongó entre 2007-2011.
Licenciado en Derecho por la Universidad de Valladolid y funcionario del Cuerpo Superior Escala Económica Financiera de la Administración autonómica, Delgado entró en política con Villanueva. En las cuatro legislaturas juntos -la primera en Industria (1995-1999), la segunda en Educación (1999-2003), la tercera en Economía (2003-207), como viceconsejero, y la cuarta 2007-2011 como secretario general de Economía y Empleo-, fueron casi inseparables. Pero las relaciones se fueron deteriorando sobre todo a partir de 2007 cuando Villanueva se ve forzado, por orden de Juan Vicente Herrera, a reducir su poder y a poner un triunvirato con dos viceconsejeros de Economía y Empleo.
Algo habría llegado al presidente de la Junta cuando Rafael Delgado empieza a «caer en desgracia». «Hemos sido varios los que ya entonces advertimos a Villanueva de cómo funcionaba y cuáles eran sus comportamientos», dice un alto cargo. Yen sus comportamientos, añade otro directivo, figuran también asuntos personales que le llevaron, ya en la cuarta legislatura a «tirarse días sin ir al despacho». Villanueva no llevaba bien esto, pero temía más sentirse «huérfano» de quien pasó por ser el «estratega intelectual» de las dos consejerías que dirigió.
«Siempre se le consideró un hombre listo, quizás demasiado listo», añade una persona que le trató mucho en Industria, y que reconoce sus habilidades y su manejo del inglés.
Villanueva le reforzó todo lo que pudo y más. Si en la primera legislatura juntos como consejero de Industria y secretario general se les podía ver a ambos a altas horas de la noche trabajando de la Consejería, la situación cambió radicalmente en la última. De hecho, tras su salida en 2011 no volvieron a verse, al menos es lo que dice Villanueva. Delgado se volcó en sus negocios y el consejero apostó por Begoña Hernández.
El ascenso más fulgurante tuvo lugar en la tercera legislatura, cuando esta «pareja de hecho», ahora mal avenida, vuelve a tomar las riendas de la industria y la economía regional. El viceconsejero Delgado recibió de Villanueva la presidencia de la mayoría de las empresas públicas y participadas de su departamento: Parques Tecnológicos, Gesturcal, Excal y Sodical. Pero su mayor poder fue cuando, además, le dio la dirección política de la Agencia de Inversiones. Fue entonces cuando nombró a su socio y amigo Alberto Esgueva para la dirección de Excal y el área de Creación de Empresas de la ADE.
En ese período sucedió algo que sorprendió y mucho en la Consejería y que ahora interpretan mejor. Villanueva le autorizó a que asumiera todo el poder y control en la tramitación de los parques eólicos.Con la justificación de que el entonces director general de Energía y Minas, Manuel Ordóñez, tenía su sede y despacho en León, le retiró la competencia. Ese es el motivo de que numerosos parques lleven la coletilla de «se avoca la competencia para resolver la autorización administrativa».Es el motivo de la sospecha de la AgenciaTributaria cuando advierte del cobro de comisiones por autorizar parques eólicos.
Rafael Delgado no era bien visto entre funcionarios y directores generales. Un funcionario de nivel medio que le tuvo cerca dice: «Siempre estaba reunido para temas eólicos. Era difícil tratar con él».
Las relaciones con la actual viceconsejera de Política Económica no fueron demasiado buenas al final de la cuarta legislatura de Rafael Delgado, que prefería a Mariano Gredilla, el secretario general de Economía que optó por irse a principios de este mandato y hoy acompaña al Consejero de la Presidencia. La división Rafael Delgado-BegoñaHernández se agudizó en 2008 cuando fracasó un proyecto de fusión de empresas TIC que había sido «medio impuesto» por Delgado.
Hernández y el hoy director de Iberaval, Pedro Pisonero, frustraron Nodalia al descubrir irregularidades en las cuentas de alguna empresa. El todopoderoso mago del viento perdió la batalla y fue el comienzo de su caída en desgracia. Desde aquel septiembre de 2008, Rafael Delgado «ya pensaba más en sus negocios, cambio su indumentaria habitual y empezaron algunos roces con el consejero». Hoy los roces son con Hacienda. El entonces ‘hombre de Villanueva’ guarda silencio y ni siquiera coge el teléfono.