AGUASAL | EL MENOS POBLADO

Los 19 de Aguasal: cómo vivir en el farolillo rojo de los pueblos de Valladolid

«La vida aquí a la fuerzas es muy tranquila y cada día tenemos menos gente», afirma el alcalde

José Nieto, alcalde de AguasalJ.M.LOSTAU

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Valladolid

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José es un miembro de la ‘resistencia rural’. 84 años lleva empadronado en el municipio con menos vecinos de Valladolid: Aguasal, y, muy a su pesar, ha presenciado desde primera línea cómo ha ido desinflándose esta localidad ubicada a dos pasos de Olmedo y al límite con Segovia. No hay rastro de un balón o un juguete en este lugar. No hay niños, como sucede en tantos otros rincones del medio rural, pero apenas quedan tampoco casi mayores viviendo en él. «Cuando empecé la escuela en el pueblo, íbamos 24 niños a clase y los mayores iban por otro lado. Fíjese si han cambiado las cosas por aquí», comenta José Nieto, quien ostenta el cargo de alcalde desde hace trece años.

Está a menos de 50 km de Valladolid y ni que decir tiene que no hay ningún servicio en el municipio y que la vida transcurre, en realidad, en la vecina Olmedo. 19 habitantes los que registra el último padrón publicado, aunque el propio regidor apunta que, en realidad, «son 18». «La mayoría tiene una casa aquí y otra allí», explica cuando detalla cómo es el día a día en un municipio en el que toparse con otro vecino resulta casi una hazaña.

A José, jubilado ahora pero dedicado a la labranza del campo y a la ganadería, y a su mujer, María Jesús, también nacida en Aguasal, les entristece la debacle del lugar. «Me da mucha pena porque antes tenía más vida», comenta ella. «Llegamos a tener dos bares, el del señor Esteban y el del señor Miro». Incluso gozaron «durante una buena temporada de una tienda» que les hacía buen servicio. Su hijo mayor también nació en Aguasal, pero el relevo generacional dio paso a la huida de los lugareños. «Se iban casando y marchando, o falleciendo, y fue cambiando todo. Empezó a ir a menos y a menos...», señala este matrimonio al que le gusta pasear por este rincón vallisoletano que cuenta con la iglesia de San Pedro construida en ladrillo y una laguna, con un paseo con bancos que no suelen estar ocupados.

No tienen grandes demandas, conscientes quizá de lo difícil que sería darle la vuelta al padrón. Pero a ambos les gustaría que «al menos las casas que están en las que no vive nadie no estuvieran caídas». Por soñar, desearían «que hubiera muchas más personas en Aguasal». «La vida aquí a la fuerza es muy tranquila y cada día tenemos menos gente, y con el frío que hace, menos todavía», apuntan.

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En la década de los 50 del siglo pasado, residían en él 183 vecinos, como recoge el Ministerio de Agricultura en su web, donde también hace referencia a la peculiaridad de su denominación. Responde, según cuentan, a una leyenda que dice que «uno de los primeros vecinos del pueblo, mientras picaba un terreno buscando agua, gritó ‘agua, sal’ y esta brotó». Y el lugar habría acuñado esa expresión como nombre definitivo. Que la población fue en su día diez veces más también empieza a parecer una leyenda, pero fue una realidad que no se debe olvidar.