Vía libre a las obras en la fachada de La Pasión, en Valladolid, en estado «extremadamente grave»
Licitada con un plazo de ejecución de ocho meses, deberá atajar la pulverización de la piedra, la suciedad o los desprendimientos originados por intervenciones previas
Una imagen reciente del espacio.
El Ayuntamiento de Valladolid da un nuevo paso para iniciar los trabajos de restauración de la fachada del Museo de La Pasión, que –como anunció el pasado mes de abril Irene Carvajal– deberían acometerse antes de que finalice el presente mandato. El consistorio acaba de abrir el proceso de licitación de las obras, con un presupuesto base de 303.803 euros, que se prolongarán por espacio de ocho meses una vez se adjudique el contrato.
Si bien la concejala de Educación y Cultura aseguraba en el primer tercio del año que la actuación se consideraba «urgente, entre comillas», habida cuenta de que, en 2025, se había realizado una actuación previa para evitar riesgos para los transeúntes, los estudios previos encargados por la Fundación Municipal de Cultura para evaluar «el estado de conservación y necesidades de tratamiento de los elementos ornamentales labrados en piedra» parecen subrayar el carácter perentorio de la intervención.
Una imagen del Museo de la Pasión, en los años sesenta.
«El estado de conservación de esta fachada es extremadamente grave», advierte sin paliativos el restaurador Carlos Sanz Velasco en su estudio, que se apoya en los análisis del Departamento de Física de Física de la Materia Condensada, Cristalografía y Mineralogía de la Facultad de Ciencia.
«El inmueble ha sufrido una situación de abandono antes de su conversión en museo municipal, y su fachada se mantuvo muy deteriorada hasta su restauración en 1992 o 93. Las consecuencias de esta intervención de restauración se identifican como determinantes en el avanzado deterioro actual de la piedra. Pero no debe entenderse por ello que la intervención se hizo mal. Al contrario, se observan aspectos propios de una actuación bien hecha. El problema viene de que a comienzos de los años 90 el nivel de conocimiento de los procesos de alteración de la piedra era escaso y deficiente, y los tratamientos y materiales que se empleaban se han revelado en numerosas ocasiones perjudiciales, aunque los recursos empleados se considerasen entonces como los más adecuados», sostiene en su informe.
Volumen hueco de una moldura.
Restos de costras que se repiten por la fachada.
Así, por ejemplo, aunque el recubrimiento hidrófobo que se aplicó entonces no contribuyó a «desencadenar el proceso de alteración en la piedra», sí «agravó y aceleró el efecto de la presencia de sales solubles y otros problemas de conservación previos», al dificultar la salida del agua infiltrada.
Construida en 1670 por Antonio de la Iglesia y Pedro de Ezquerra, su abandono llevo al espacio a un estado de ruina en los años 20 del pasado siglo. En los años sesenta se sucedieron diferentes obras de reforma y restauración integral y, ya en los noventa, se realizaron trabajos en la fachada.
Imagen de un capitel con fisuras y disgregaciones.
Hoy, la fachada presenta problemas de «desagregación y pulverización de la piedra»; problemas generalizados de separación, «desde desplacaciones de grandes fragmentos hasta la formación de pequeñas escamas», provocados por la recristalización de sales solubles; fragmentaciones con pérdida de volúmenes; suciedad; desprendimiento parcial de los morteros, que, además, son prácticamente impermeables; descamaciones superficiales en la piedra; sustituciones de elementos perdidos que alteran el orden estético; así como problemas de carácter constructivo que favorecen la filtración de agua a las fábricas.
La intervención constará de dos fases: una inicial, de estudio, en la que se desmontarán las carpinterías previas, y se tomarán muestras para su análisis en laboratorio; y una segunda destinada a la ejecución de la restauración.