Diario de Valladolid

Centro de Menores Zambrana

La madre de un menor denuncia agresiones en el Zambrana (Valladolid): "Tiene una pierna que parece un Picasso de colores"

La mujer señala ante la Policía y el Juzgado de menores de Zaragoza los malos tratos que habría recibido el joven por 2 educadores y 4 vigilantes: "Le colocaron los grilletes y le propinaron patadas"

Exterior del Centro de Menores Zambrana, en Valladolid.

Exterior del Centro de Menores Zambrana, en Valladolid.PHOTOGENIC

Valladolid

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El centro de menores Zambrana de Valladolid vuelve a estar en el ojo del huracán tras la denuncia de una madre por las agresiones que habría sufrido su hijo, interno en régimen cerrado en estas instalaciones. "Tiene una pierna que parece un Picasso de colores", relata la mujer en declaraciones en exclusiva a este periódico, al describir el estado en el que encontró al menor. La mujer señala ante la Policía y el Juzgado de menores de Zaragoza los malos tratos que habría recibido el joven por dos educadores y cuatro vigilantes durante la madrugada del pasado domingo, cuatro de octubre, tras las quejas de los internos por el desayuno. El incidente habría terminó con "hematomas, lesiones en una mano y dolores en un brazo", según su testimonio.

El origen de los hechos estaría en una protesta de los internos por la comida que se les habría servido. "Les habían dicho que iba a haber cereales y, en vez de cereales, les pusieron, como todos los días, pan duro", relata la mujer, que sitúa esta queja como el contexto previo a la intervención de los trabajadores del centro con su hijo.

El compañero de habitación del menor habría inició la protesta por el desayuno, lo que desencadenó posteriormente en la visita nocturna, "a las 02:00 horas", de los trabajadores a la habitación de los internos.

Tras ver esta situación y al no encontrarse su compañero junto a él en ese momento, "el joven protestó por esa decisión» al considerar que no correspondía revisar las pertenencias de otra persona sin que estuviera presente y "salió al pasillo". En ese momento, los trabajadores "le hicieron un mataleón a mi hijo, le reducen y le empiezan a pegar patadas". Después, "le colocaron los grilletes y le propinaron patadas", según relata de la madre.

Tras esta acción los miembros de seguridad habrían interrogado al chico para averiguar el lugar "de donde había sacado el teléfono" que habían encontrado "sobre una repisa de la habitación" durante el registro. Además, los trabajadores habrían señalado que el joven llevaba "hachís pegado al cuerpo". La mujer pone en duda esa acusación alegando que no puede salir del centro. "¿De dónde ha sacado ese hachís mi hijo?, ¿De dónde ha sacado ese teléfono?", se pregunta la denunciante y reclama que se aclare tanto el origen de la sustancia como el del teléfono.

Después del incidente el joven fue trasladado "al médico" y sometido "a radiografías", según la información trasladada desde el centro a su madre. La mujer asegura que "desconoce si le realizaron otras pruebas", pero afirma que después observó hematomas en la pierna izquierda y en la cara, además de dificultades para mover el dedo pulgar de la mano izquierda y en el brazo derecho, una zona especialmente sensible por las lesiones anteriores en las que había recibido «30 puñaladas».

La denuncia también recoge un segundo episodio, que habría ocurrido dos días después «el martes, seis de octubre», que afectó de primera mano al menor cuando se encontraba utilizando muletas. Una trabajadora le habría indicado que "debía subirse a una mesa para retirar unas cortinas de una ventana", una tarea que "se realizaba siguiendo un protocolo del centro»", de acuerdo con la versión familiar.

La mujer cuestiona que se le pidiera realizar ese trabajo en sus condiciones físicas. "Le hizo subir a mi hijo, que está en muletas, a la mesa para quitar la cortina", explica la madre al describir el segundo incidente. Según su versión, el joven pidió ayuda para bajar y vestirse, pero acabó cayendo al suelo. La caída le provocó golpes "en la cabeza y la espalda". "Finalmente un compañero lo encontró «porque pasó por ahí y lo vio tirado en el suelo" después de la caída», asegura.

Este suceso llevó a la mujer a reclamar que se "aclaren las circunstancias en las que se le indicó que realizara esa tarea". Afirma que se puso en contacto telefónico con la trabajadora implicada para pedir explicaciones. "La empleada le respondió que estaba cumpliendo órdenes y que no podía hablar con los familiares". La mujer considera que esa contestación no aclara por qué se pidió al joven que subiera a una mesa estando con muletas ni qué asistencia recibió después.

Finalmente, la madre pudo comprobar el estado físico de su hijo durante una visita posterior al episodio. La imagen de los hematomas que asegura haber visto le causó una fuerte impresión y se convirtió en el elemento más gráfico de su denuncia. "Tiene una pierna que parece un Picasso de colores", describe la mujer, que reclama que se comprueben las lesiones y se determine si guardan relación con los hechos que relata.

La madre asegura que ha trasladado sus preocupaciones tanto al responsable del centro como a la Junta de Castilla y León. También reclama que se conserven las grabaciones de las cámaras de videovigilancia para que puedan examinarse si resultan necesarias para esclarecer los hechos. Considera que las imágenes podrían ayudar a reconstruir la intervención de la madrugada del 4 de octubre y el episodio de la caída dos días después.

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