EDAR
Tres nuevas torres acabarán con los malos olores de la depuradora de Valladolid
El sistema de desodorización de la EDAR, que «no funciona», será renovado con un sistema "eficaz" que permita "reducir el impacto odorífero y garantizar el cumplimiento de los requisitos ambientales"
Estación Depuradora de Aguas Residuales, ubicada en el Camino Viejo de Simancas
Caminar entre los entornos de Covaresa, Parque Alameda, El Peral y Santa Ana puede resultar, algunos días, incómodo. No es el estado de las calles lo que molesta, sino el hedor que más de una vez se cuela en el aire y acompaña los paseos. Sin ser un problema de los viandantes, si la pestilencia se sigue con el olfato conduce hasta la EDAR (Estación Depuradora de Aguas Residuales) de Valladolid, situada en el Camino Viejo de Simancas. Nada que pueda resultar extraño, salvo por las condiciones en la que se encuentra su sistema de desodorización, que «no funciona» correctamente. Próximamente, sus mecanismos serán renovados y modernizados incluyendo, entre otro elementos, tres nuevas torres biológicas para acabar con los malos olores y las molestias generadas a los vecinos del sur de la ciudad.
Aunque el sulfuro de hidrógeno (H₂S), el amoníaco (NH₃) y otros compuestos orgánicos volátiles son invisibles al ojo humano, para la nariz no pasan desapercibidos. Responsables del mal olor, proceden de los edificios de pretratamiento y de deshidratación de fangos de la EDAR, donde se trata la materia orgánica, se almacenan los residuos y se manipulan los lodos. Ante tal actividad, el proyecto de renovación aprobado por Aquavall, la empresa pública que gestiona el ciclo integral del agua en Valladolid, incluye como «necesario» establecer un sistema eficaz de captación y desodorización del aire que permita «reducir el impacto odorífero y garantizar el cumplimiento de los requisitos ambientales».
En realidad, la actuación aprobada el pasado 21 de septiembre con una asignación de 1.316.590 euros (IVA excluido) para la referida obra y cuyo contrato salió a licitación el 1 de octubre, resulta ser una sustitución del actual sistema de desodorización, que funciona por vía húmeda. Sin embargo, su rendimiento no está resultando del todo efectivo, según se afirma en la memoria del proyecto revisada por este periódico. «Su capacidad ha quedado insuficiente debido al incremento poblacional y al aumento de las cargas de proceso», reflejan al respecto.
Pero no es solo una cuestión demográfica, sino también técnica. El tratamiento químico, basado en una gran torre de PRFV (plástico reforzado con fibra de vidrio) y en reactivos, está inutilizado porque estos «no se usan», por lo que, concluye el texto, el sistema «no funciona». Además, el secador de gotas «no cumple su función» y hay «lluvia constantemente» a la entrada del edificio. A ello se suma que las dos redes de tuberías de las que aspiran los grandes ventiladores tienen rejillas que «no están bien diseñadas», de modo que la aspiración no se realiza correctamente donde más se necesita.
La memoria detalla, además, que parte de las emisiones del edificio «no están adecuadamente capturadas ni canalizadas hacia el sistema de tratamiento químico» por un problema con los focos generadores de olores. A ello se suma la presencia de condensados y arrastre de gotas en la descarga de gases de la chimenea, lo que evidencia «deficiencias en el funcionamiento de las torres de lavado y en los sistemas de separación de partículas líquidas».
La red de conductos, por su parte, presenta una «distribución no equilibrada de caudales». El resultado es una captación insuficiente en los principales focos emisores y una depresión inadecuada en los puntos críticos de aspiración, lo que reduce de forma notable la eficiencia del sistema de extracción.
«Por todo ello, resulta técnicamente necesario la sustitución integral de las torres de lavado y de los conductos de aspiración, implantando un nuevo sistema que garantice unas condiciones adecuadas de captación y tratamiento de las emisiones de gases», recoge el texto.
De una a tres torres
Para resolver el tratamiento de olores, como primera actuación se procederá al desmontaje y retirada del sistema de desodorización actualmente existente, formada por una torre con capacidad para 80.000 metros cúbicos por hora, junto con su red de conductos y equipos asociados. En su lugar, el proyecto opta por separar el tratamiento de cada edificio, el de espesamiento y el de desbaste, con tres torres biológicas en total que utilizarán sistemas de tipo biotrickling, en los que el aire atraviesa un lecho de microorganismos que degradan los compuestos causantes del olor. El objetivo, según la memoria, es «aumentar la eficacia y rendimiento de los equipos a instalar».
En el de desbaste se ubicarán dos torres, cada una con una capacidad de 25.000 metros cúbicos por hora, y los conductos se dimensionarán para una futura ampliación de caudal de 16.750 m³/h, hasta un total de 66.750 m³/h. En el de espesamiento, por su parte, se instalará una sola torre, también de 25.000 m³/h, con conductos preparados para ampliar el caudal en 8.250 m³/h, hasta 33.250.
El proyecto contempla también actuaciones más allá de las torres. Se cubrirán y conectarán al sistema de tratamiento los principales focos de olor, como las arquetas de bombeo y los canales de los desarenadores, y los actuales tramex metálicos de las zonas transitables se sustituirán por tramex ciego de PRFV para confinar los olores. También se colocarán rejillas de aspiración en conductos y bajantes para captar mejor el sulfuro de hidrógeno.
Las obras, aún sin adjudicar y para las que el proyecto fija un plazo «máximo» de nueve meses desde el acta de replanteo, se harán con la planta en servicio, con el objetivo de minimizar las paradas. Todo ello tras realizar un escaneo de la instalación existente con uso de tecnologías de visualización avanzada que permitirán obtener una definición precisa del estado de las infraestructuras de la EDAR y optimizar así los futuros trabajos.