SALUD MENTAL
Más de 60 años al servicio de la salud mental
El vallisoletano Antonio Soto Loza recibe el Premio Nacional de Psicología, y pese a sus 82 años de edad, no mira a la jubilación: "Los pacientes me animan a seguir"

Antonio Soto Loza con el Premio Nacional de Psicología
Antes de que la depresión, el estrés o la ansiedad formasen parte del diccionario común de la sociedad, el vallisoletano Antonio Soto Loza ya trataba de desentrañar la complejidad encerrada en los comportamientos humanos. Cuando comenzó en la faceta de psiquiatra, hace ya 60 años, hablar de salud mental casi era impensable, encuadrado en la lo cura cualquiera que denunciase cualquier tipo de trastorno. Pero esa «ciencia desconocida» le atrapó con el objetivo de «ayudar y conocer los sentimientos y profundidad de los pacientes». Tanto es así que, con 82 años ya cumplidos, sigue ejerciendo y abriendo su consulta cada semana. Y parece que irá para largo.
«Los pacientes me animan a seguir», dice desde su teléfono antes de que le llegue la pertinente pregunta. Su voz refleja que todavía tiene el ánimo para mantenerse en su oficio, cuando bien podría estar por el pueblo palentino de Meneses de Campos —a donde viaja cada fin de semana— para disfrutar los lunes al sol. Y así hasta el domingo. Pero Antonio es un rara avis, más complacido en dar que en recibir, ni siquiera cuando se trata del Premio Nacional de Medicina 2026 en la categoría de Psiquiatría, ya en su poder y el que considera que es un «reconocimiento» a su trayectoria docente, asistencial e investigadora.
Lo que otorga a los demás no se puede detallar por cuestiones profesionales, pero todo se resume en sabiduría y conocimiento sobre la salud mental. Dos términos que cada vez van más en pareja, aunque exista aún cierto recelo para hablar de ellos, como reconoce Antonio Soto. «Todavía existe el pensamiento de que ir al psiquiatra significa que uno está loco. Pero la mayor de las enfermedades que menos no tienen nada que ver con la pérdida de razón, que sería los trastornos psiquiátricos, sino con depresiones y con cuadros de ansiedad, que están a la orden del día», considera.
El vallisoletano galardonado no duda en afirmar que «ahora mismo estamos en un empeoramiento de la salud mental». Un efecto que viene arrastrado, según perspectiva, desde la pandemia y el obligado confinamiento. «Todo está aflorando ahora y estamos viendo depresiones en críos y en adolescentes que no veíamos anteriormente», asegura al respecto.
Antonio, que se licenció en Medicina y Cirugía por la Universidad de Valladolid, para luego complementar su formación académica con especializaciones que abarcan Psiquiatría, Neurología, Psicología Clínica y Medicina de Empresa, recuerda que cuando empezó la carrera universitaria era «la época de la ansiedad». Años después fue «la época de la depresión», que afirma que todavía se mantiene. «Y el momento actual fundamentalmente es la época del estrés. Todos estamos sufriendo del estrés a todos los niveles: familiar, social y laboral. Y las consecuencias del estrés son, por supuesto, la depresión y la ansiedad», refleja.
En esa labor es una pieza clave Antonio desde su consulta psiquiátrica en Valladolid —calle María de Molina N.º 2, 1-B—, ya que a diferencia de un psicólogo, él puede prescribir tratamientos farmacológicos al mismo tiempo que realiza terapias. «Muchos pacientes que necesitan tratamiento psiquiátrico no quieren acudir porque creen que les va a cambiar su personalidad. Y por eso prefieren al psicólogo», apunta.
Si este profesional vallisoletano aún mantiene la voz reivindicativa, especialmente desde los tratamientos para que se pongan en marcha pese a su alto coste, es porque opina que la actual sociedad es «poco favorecedora para los trastornos mentales». En esta línea considera que con la salud mental no se hace «propaganda» y no se toma realmente en serio. Por ello tal vez aún siga aparcando su jubilación. «Cuando me dieron el Premio Nacional de Psiquiatría, la primera dedicatoria que tuve fue hacia las miles de pacientes y alumnos que han pasado por mí a lo largo de estos años. De ellos he aprendido todo, tanto desde el nivel científico como personal. Me han cambiado la forma de ser y la forma de ser», concluye.