El repunte de extranjeros mitiga la sangría en Valladolid, que ‘solo’ pierde 447 vecinos

Es la provincia castellana y leonesa que mejor resiste la embestida poblacional / Se queda con 520.388 habitantes, la cifra más baja desde 2017 / La Comunidad registra la mayor caída del país tras diez años consecutivos de recortes

-EL MUNDO

Publicado por
Mar Peláez

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La provincia de Valladolid sumó su séptimo año consecutivo de sangría poblacional. Se mantiene en el pelotón de la veintena de provincias españolas que ven como su población se esfuma. Y aún así, dentro de la devastadora sangría poblacional que persigue a Castilla y León, la provincia puede presumir de que ‘solo’ perdió 447 vecinos a lo largo de 2018, lo que llevado a valores porcentuales representa una caída del 0,1%.

Es, de esta forma, la que mejor resiste la embestida demográfica en la que están sumidas todas las provincias castellanas y leonesas, según los últimos datos dados ayer a conocer por el Instituto Nacional de Estadística. Se queda con 520.388 habitantes, que es la cifra más baja desde 2007. Y no perdió más gracias al repunte de extranjeros que eligieron la provincia como lugar de residencia. Vinieron 1.263 más de los vecinos que se fueron a otros países, lo que mitigó en parte la alta mortalidad y la baja natalidad, así como la fuga de 89 personas a otras provincias españolas.

Valladolid respira en parte, mientras Castilla y León escribe un nuevo mínimo histórico. Nunca antes, desde que en 1971 se estrenaron los registros, la Comunidad había estado tan vacía. Gota a gota, Castilla y León se sigue ‘desangrando’. Pierde población por noveno año consecutivo y se erige como la autonomía que más habitantes en términos absolutos pierde en un año. Solo la llegada de extranjeros ha permitido contener la hemorragia letal que representa el saldo vegetativo negativo (relación entre fallecimientos y nacimientos) y la huida de castellanos y leoneses a otras autonomías.

El INE tenía contabilizados a 1 de enero de este año solo a 2.408.083 vecinos. Eso supone que Castilla y León ha borrado de sus censos el nombre y apellido de 10.473 personas –5.474 hombres y de 5.000 mujeres–. O lo que es lo mismo, cada día ha perdido a casi 29 de sus habitantes. Se trata de la cifra absoluta más abultada de toda España, aunque en términos relativos, la caída del 0,4% es superada por una décima por Extremadura y Asturias.

Todo ello ha incidido en agudizar el envejecimiento que caracteriza a la Comunidad. Castilla y León sumaba en esa fecha un total de 607.521 mayores de 65 años, lo que representa una cuarta parte de la población global. Esta cifra equivale a 4.551 más que un año antes.

La situación de Castilla y León contrasta, y mucho, con la vivida en el país. Y es que la población española ha marcado niveles no vistos hasta ahora: 46.934.632 habitantes, lo que implica un aumento de 276.186 personas durante el pasado ejercicio, un 0,6% más.

No es nuevo. Si echamos la vista atrás comprobamos que en la última década la Comunidad ha despedido a más de 141.000 vecinos, es decir al 5,5% de sus pobladores.

La principal razón de esta sangría la tiene, sin duda, que fallecen el doble de personas de las que nacen. Las 30.000 muertes frente a los 15.000 alumbramientos a lo largo de 2018 dejan un saldo vegetativo negativo de 14.199 personas.

Ese adelgazamiento poblacional hubiera resultado mucho más intenso de no ser porque la Comunidad ha conseguido amortiguarlo con un balance migratorio positivo. Esto significa que llegaron para quedarse más ciudadanos de los que decidieron hacer las maletas. Entre los que se fueron con independencia del destino y los que se vinieron con independencia del origen, la Comunidad ganó 3.726 personas.

Eso sí, todo se debió al aterrizaje de población extranjera a Castilla y León. La tendencia cambió ya el año anterior y en esta ocasión se ha intensificado con fuerza. Vieron de otros países a alguna provincia castellana y leonesa el doble de personas de las que optaron por cruzar las fronteras españolas. Según los datos provisionales hechos públicos ayer por el Instituto Nacional de Estadística, por la vía del saldo migratorio exterior la Comunidad ‘engordó’ en 7.925 personas.

Aunque es la cifra más elevada desde que comenzara la crisis económica, lo cierto es que otras autonomías han gozado de más predicamento entre los extranjeros, hasta el punto de ser la séptima que menos consiguió sumar población extranjera o retornada.

Bajando más al detalle, durante el último año 15.872 personas procedentes de otros países establecieron su residencia en Castilla y León. Ese poder de atracción sirvió para contrarrestar la cifra de 7.947 castellanos y leoneses que decidieron salir de las fronteras españolas.

El balance, sin embargo, no resulta tan favorable si observamos los movimientos entre autonomías. Castilla y León continúa moviéndose en números rojos. La Comunidad volvió a hacer ‘aguas’ en eso de convencer a los ciudadanos de que no abandonen la Comunidad en dirección a otro territorio dentro de España. En 2018 se produjo por esta vía un ‘boquete’ de 4.099 vecinos.

Aunque la cifra fue más moderada que en 2017, lo cierto es que Castilla y León se convirtió en la segunda autonomía menos atractiva para los españoles, al ser la que más vecinos perdió en favor de otras regiones.

Con diferencia fue Madrid un año más la autonomía donde con más fuerza miraron los castellanos y leoneses para instalarse. Hasta 6.547 castellanos y leoneses cruzaron la sierra hacia la capital del Manzanares. País Vasco, Cataluña y Andalucía fueron, por ese orden, las autonomías predilectas para los ciudadanos de Castilla y León con ansias de emigrar.

Fue ligeramente superior el número de mujeres que dejó la Comunidad escogiendo su futuro en otro punto de la geografía nacional. 2.195 mujeres, por 1.904 hombres. Y lo que es más el 76% de todos ellos tenía una edad comprendida entre los 18 años y lo 30.

Caída generalizada

Todas las provincias contribuyeron a que Castilla y León perdiera peso poblacional. Ninguna se salvó de la caída ya por repetida no menos preocupante. Todas ellas acusaron el fallecimiento de un mayor número de personas que nacimientos, pero también sufrieron del exilio de vecinos.

En esa vorágine de perder población, Zamora se colocó de nuevo como la provincia española con mayor descenso porcentual de habitantes. Perdió un 1,3%, lo que se tradujo en 2.282 personas. La provincia zamorana aglutinaba de esta forma el 21% de toda la caída autonómica.

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A continuación, León. Protagonizó la aminoración de su censo en 3.542 habitantes. No solo fue la segunda provincia del país con una pérdida porcentual más elevada, un 0,8%, sino que acaparó las pérdidas más acentuadas en la Comunidad. Concentró una tercera parte de la pérdida global autonómica.