Sara fue violada y apalizada a golpes y pisotones pocas horas antes de fallecer
Los forenses descartan que el golpe en la cabeza de cinco días antes tuviera relación con la muerte / Casi ningún centímetro cuadrado de su minúsculo cuerpo quedó libre de hematomas, quemaduras y abrasiones
Los acusados, Roberto Hernández y Davinia Muñoz, ayer, al inicio del juicio con jurado en la Audiencia.-POOL EFE
La prensa estaba avisada de que el informe forense de la muerte de la pequeña Sara, de 4 años, iba a congelar los corazones de los periodistas. La advertencia, efectivamente, se quedó corta, y eso que los reporteros no pudieron ver las fotografías de la autopsia de la pequeña asesinada y violada en el domicilio de su madre, en el número 43 de la calle Cardenal de Torquemada de la Rondilla a primera hora del 2 de agosto de 2017.
En esta casa alquilada por la cabo del Ejército de Pedrajas de San Esteban, Davinia Muñoz García, de 38 años –cumple 39 en octubre– y en la que residía en la fecha de la muerte de Sara, Roberto Hernández, de 36 años –cumple 37 en junio– se produjo el asesinato de la niña «mortal de necesidad» por las gravísimas lesiones cerebrales que tenía.
Según declaró ayer un forense, su cerebro fue como un huevo dentro de una caja. Los golpes que iba recibiendo, percutían una y otra vez contra las paredes del cráneo, No hubo salida de sangre, pero el cerebro estaba machacado por dentro. Ylos restos sanguinolentos de las embestidas eran recientes:24-36 horas antes de la autopsia realizada a las 13.30 horas del 3 de agosto en el Instituto Anatómico Forense de Valladolid.
Para ser más precisos, todo ocurrió desde las 3.30 horas en adelante de ese 2 de agosto –y antes de que la niña ingresara a las 9.30 horas en el Clínico–. Y sucede que Davinia dijo en el juicio que vio a la niña en un estado de salud perfecto a las 7.30 horas «vestida» y en la habitación de Roberto, ya que ella se fue a trabajar al Palacio Real. Es más, declaró que el día anterior Roberto no tenía arañazos en los brazos y luego del ingreso de Sara en muerte cerebral en el Clínico, sí.
El ex mecánico de helicópteros sostuvo, por su parte, que vio a las 6.30 horas a Sara, en pijama, yendo a su habitación y que se levantó de nuevo a las 8.50 horas y vio la puerta de Sara cerrada. Entró y descubrió que estaba inerte en la cama con un brazo colgando a la derecha y con la mano derecha debajo de la almohada.
Lo tuvo mal ayer el ex novio de Sara, ya que se le desmontó una de las últimas coartadas que le quedaban. Cuando la Policía le detuvo, le espetó: «El resultado del reconocimiento médico ha revelado que Sara fue violada. Y usted a esa hora era el único adulto en la casa».
Los dos forenses que ayer declararon en el juicio con jurado, cerraron cualquier escapatoria. La niña había muerto también a golpes recientes... Es decir, solo pudieron ser provocados por el ex mecánico.
En el exhaustivo informe que expusieron la forense E., jefa de Sección de Ordenación y Archivo del Instituto de Medicina Legal (IML) de Valladolid, y L. jefe de servicio de Clínica Forense –este con un lenguaje más pedagógico, algo que agradeció el jurado– hubo cuatro conclusiones por encima de todas las cuestiones susceptibles de interpretación. La primera es que la menor fue asesinada unas 24-36 horas antes de la autopsia; que fue violada vaginalmente y posiblemente de forma anal; que el golpe que había ‘aparecido’ en su sien el 28 de julio no produjo la muerte ni tuvo consecuencia en el óbito el día 3 de agosto –tenía un color amarillo verdoso, propio de varios días atrás–, y que la muerte se produjo por el traumatismo craneoencefálico cerrado, que produjo hematoma subdural y una hemorragia subaracnoidea. «Como consecuencia de todo ello, aumentó la presión intracraneal produciendo un edema craneal que agravó el cuadro, y es lo que produjo finalmente la muerte», indicó la forense.
La médico legal agregó que el mecanismo de esos brutales golpes se pudo producir por un objeto romo contundente en la región frontal y parietal con fuerza, como una superficie plana (una pared) o un objeto romo.
ojos de mapache
Esta lesión mortal le produjo, por el declive de la sangre tras el deceso, hematomas periorbitarios, los llamados ojos de mapache, causados, según la experiencia forense, por golpes directos, contusiones o traumatismos en la órbita del cráneo.
Sin ser categóricos, aunque apuntando una alta probabilidad de cómo se produjeron los hechos, los forenses indicaron que la niña presentaba un hematoma en el cuello no provocado por asfixia, pero compatible con haber sido zarandeada y otras achacables «al menos a pisotones» en los pies, además de erosiones ungueales, una uña arrancada y las demás ensangrentadas.
También presentaba, además de una costra en el cuero cabelludo, sangrado pulmonar «como si hubiese sido sacudida contra las vértebras», y hematomas propios de una presión en pelvis y abdomen. En la zona genital, el cuerpo de Sara reveló laceraciones y erosiones en el entorno de la vulva, además de sangrado en el perineo., pequeñas fisuras en el ano, y un himen que reveló un intento de penetración. «El himen no estaba desgarrado, pero sí había sido golpeado. Estaba tumefacto y hemorrágico», dijeron. Los forenses restaron importancia a que no se encontrara ADN de Roberto en la zona vaginal, ya que o no eyaculó o lo pudo hacer con un instrumento o un dedo: «Por el tamaño de la niña es imposible la penetración. De hecho la zona es tan pequeña que el intento hubiera podido provocar las fisuras anales».
Valladolid
Davinia manifestó a las psicólogas que Roberto no fue pareja ni vivía en la casa
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