«Creo que mis vivencias pueden ayudar a la gente»

Paula Aguirrezabala aborda en su último libro la depresión, el feminismo y la gordofobia desde el prisma de su experiencia personal

Aguirrezabala posa con su obra en el patio de la bibloteca de San Nicolás.-J.M. LOSTAU

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Guillermo Sanz

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Hay una vida al otro lado del espejo, pero sólo los más valientes son capaces de sumergirse más allá del reflejo que devuelve. Lo sabía la Alicia de Lewis Carroll y lo sabe la escritora Paula Aguirrezabala, que se dibuja con palabras, como si de un autoretrato se tratara, en su último trabajo.

Maldita feminista, gorda y depresiva (Entropía ediciones) aborda sin miedo temas como el feminismo, la gordofobia o la depresión, los tres ingredientes que dan un sabor único y personal a un cóctel en el que se mezclan reflexiones, microrelatos, prosas poéticas y que lo convierten en algo más que «un poemario al uso».

Aguirrezabala encuentra la fórmula para ganar su batalla literaria:«Lucho por derrocar la enemistad entre los géneros. No tiene que haber este distanciamiento», asegura.Por ello pone sobre su mesa de trabajo todas las herramientas posibles para llegar al lector.

El primer golpe de efecto es el título. Directo como un gancho de boxeo y una declaración de intenciones de lo que el lector se va a encontrar cuando buceé entre sus páginas. Tal vez halle un simple libro o un lugar en el que no sentirse solo o sola. «Yo he sido discriminada por estas tres vertientes, como feminazi, gorda y depresiva. Quería contarlo y hacerlo de manera ascendente; empezar en la mierda, que es la depresión, e ir subiendo hasta acabar con que el feminismo también te ayuda a luchar y te hermana», explica.

La autora desgrana con precisión cirujana la depresión, viga maestra de Maldita feminista, gorda y depresiva. Paula Aguirrezabala deja claro en la contraportada que no es un libro de autoayuda, pero promete a la gente que alguna vez paseó por el «sombrío paraje» por el que lo hizo la escritora que nunca más volverá a sentirse sola. «Creo que mis vivencias pueden ayudar a la gente. Puede hacerte sentir menos solo en algunas experiencias. Hablo de mis vivencias de una forma muy cruel y muy salvaje», relata.

El último trabajo de la escritora (tras publicar la novela El cadáver presenta y Al final, muere y de formar parte de varias antologías literarias) se presenta como «un viaje por mí y por el de muchas personas y en concreto mujeres. Un viaje por la depresión».

Un periplo que lleva desde la soledad a la esperanza con el paso de las páginas. Piezas como Hija de mi misma madre, La barriga del alce blanco o Mis muertas son las hijas predilectas de Aguirrezabala. Ella presta su piel con palabras para que la utilice aquel que la necesite. Maldita feminista, gorda y depresiva fue un parto natural para la escritora: «En otras obras yo concebí el libro. Este nació de una forma más natural. Tenía poemas escritos con un hilo conductor muy contundente y que podía tirar de él para conformar el libro.A partir de ahí fue matizando», explica.

Su obra es un canto de protesta en defensa a la enfermedad mental, un pulso a los que juzgan y condenan por la apariencia y una oda a la mujer. Detrás de las palabras se esconde el propósito de intentar cambiar a las personas que no quieren cambiar el mundo, como recoge las páginas de esta publicación. «Este mundo necesita que las cosas cambien y una de mis funciones en la vida es cambiarlo. Hay gente que se conforma con que esto sea así y yo quiero invitar a la reflexión, que sea más feminista, que se destigmatice las enfermedades mentales. Yo sabía en el colegio lo que era la lepra, pero no la depresión.Las enfermedades mentales no están tratadas igual que las físicas», denuncia.

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La energía de Paula Aguirrezabala impregna cada una de las páginas de su última creación. Dura y directa. Natural, sin engañosos filtros. La persona que ha sabido «lidiar durante años con la palabra gorda» (a la que le ha logrado dar la puntilla), invita a hacerlo a otras muchas personas.