DESPOBLACIÓN

Arroyo lidera el grupo de municipios cuya población crece más del 33% desde 2011

Un estudio de la UVA premiado por el CES destaca su repunte demográfico de más de 5.000 habitantes

Una urbanización del municipio vallisoletano Arroyo de la Encomienda.-J. M. LOSTAU

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J. Luis F. del Corral

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La pérdida de población ha sido una constante en los últimos sesenta años en las provincias de Castilla y León, pero su «gravedad» en la década actual no tiene precedentes. La Comunidad autónoma ha perdido más de 132.000 habitantes entre 2011 y 2017. «Habría que remontarse al dato del censo de 1920 para encontrar una población menos numerosa en el conjunto regional que la que actualmente está empadronada en Castilla y León». Lo dice el geógrafo y profesor de la Universidad de Valladolid, Ignacio Molina, quien advierte en un detallado estudio que el 90% de los municipios, 2.031, «muestran una dinámica negativa» en los últimos seis años.

Sólo 217 aumentan su población desde 2011. Y de ellos, apenas diez «crecen más de un 33%». Al respecto, destaca «por el aumento en términos absolutos», Arroyo de la Encomienda (Valladolid), cuya población repunta casi 5.000 habitantes en estos seis años.

Molina ha sido premiado por el CES con un accésit por su trabajo de investigación ‘Despoblación, Planta Municipal y Financiación de los Ayuntamientos en Castilla y León’. La prueba de que el proceso de despoblación se ha agravado es que computando los diecisiete años del siglo representan un 86% los municipios que pierden población; si tomamos solo la década, se elevan al 90%.

Zamora (95,6% de los municipios), Soria (94,5%), Ávila (94%) y León (92,9%) superan el 90,3% de la media regional, mientras que el resto está por debajo. «La despoblación es un fenómeno tan extenso que, aunque pueda haber algunas diferencias entre las provincias de Castilla y León, puede señalarse su carácter generalizado», precisa Molina.

La sangría demográfica se acentúa en valores absolutos en León. En solo seis años ha perdido casi 30.000 habitantes, el 22% del recorte autonómico y una media del 1,01% anual. No obstante, Zamora lidera con creces el descenso poblacional (un 1,43% cada año), seguida de Ávila (1,19%) y Soria (1,14%). Valladolid es la que sale mejor parada al perder un 0,43% cada año y 13.744 en conjunto.

Castilla y León tenía 2.425.801 habitantes en 2017. Alcanzó su techo en 1950 con 2.864.378 censados. El siglo XX comenzó con 2.302.417. Si se confirmaran las proyecciones del INE, en siete años rebajaría esta población y en 2031 consumaría una pérdida de 262.000 empadronados.

Castilla y León registra el mayor retroceso demográfico. «El fenómeno de la despoblación no sólo ha alcanzado unos niveles desconocidos en el análisis histórico, sino que las previsiones a corto y medio plazo son aún más negativas», explica el autor del estudio.

«Castilla y León pierde efectivos demográficos tanto por su dinámica interna, vinculada a la falta de nacimientos y al envejecimiento, que provoca un aumento de la mortalidad en la región, y, lo que es más significativo, por su dinámica externa», por los flujos migratorios internacionales y sobre todo porque se ha «intensificado» la migración a otras autonomías.

En lo que va de siglo, Castilla y León acumula un saldo vegetativo acumulado (diferencia entre nacimientos y defunciones) de 132.662 habitantes, el 5,4% de la población, debido al sobreenvejecimiento ya que la tasa de mortalidad bruta supera en un 10% la de natalidad. Sólo Galicia supera estas cifras. Segovia, Burgos y Valladolid se sitúan por debajo de la media regional y el resto por encima.

Esta dinámica interna «es un factor fundamental» para explicar el fenómeno regional de la despoblación, debido a que se ha producido «una pérdida continuada de población por la caída de la natalidad en un contexto de envejecimiento».

Sin embargo, el estudio de Ignacio Molina apunta a la dinámica externa y cifra en 51.582 personas el saldo negativo de población neta que ha emigrado a otras comunidades autónomas entre 2008 y 2016. Ninguna región llega a este voluminoso saldo, que representa una pérdida de 21 por cada mil habitantes, más del doble que Extremadura que arroja un saldo de 9,1 por mil. El problema es que el saldo internacional no ha sido capaz de compensar la salida de población al resto de regiones.

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Para Ignacio Molina, «el fenómeno de la despoblación sí tiene una relación directa con el tamaño de los municipios, aunque no necesariamente proporcional, en la medida en que pierden población tanto los más pequeños como el umbral de los núcleos de mayores dimensiones». Los 679 municipios con menos de cien habitantes han perdido más del 30% de su población en el siglo (pasan de 57.670 a 39.620). Por el contrario, es llamativo el crecimiento de los que tienen entre 5.000 y 10.000 (19,7%) y entre 10.000 y 20.000 (26,6%), una tendencia que se ha visto muy limitada a estos últimos entre 2011 y 2017.En las grandes capitales, el descenso ha sido «bastante contenido», con la excepción de la ciudad de Valladolid que perdió 18.000 habitantes en lo que va de siglo.