El talento de Hugo vuelve a casa
Este vallisoletano dejó su ciudad natal hace quince años para continuar con su formación / Ahora un plan municipal lo devuelve a sus orígenes como gestor de proyectos de investigación
Hugo Gonzalo en uno de los laboratorios del Hospital Clínico Universitario de Valladolid.-J.M. LOSTAU
Soplar las velas de su 40 cumpleaños en casa se encontraba dentro de las posibilidades de futuro que barajaba. Una expectativa que Hugo Gonzalo alcanzó un año antes de lo previsto, poniendo un punto y aparte a la aventura que emprendió hace quince. Con un pleno desarrollo personal y laboral como equipaje de mano, este vallisoletano volvía hace un par de meses a sus orígenes de la mano del Plan de Retorno del Talento para empezar, una vez más, de cero.
La primera piedra de su andadura profesional la puso en su ciudad natal, donde se formó como ingeniero técnico agrícola. Sin embargo, para Hugo no era suficiente. Quería dar un paso de gigante y, sobre todo, quería salir de Valladolid. «Me sentía algo encorsetado y necesitaba ver más. Me negaba a pensar que esto era lo único que había. A veces aprendemos ciertas cosas que asumimos como un dogma de fe y es necesario ir fuera para verificar si son así realmente», asevera.
En Lérida colocó una segunda piedra, que se convertiría en clave para su carrera laboral, tras descartar otras alternativas dentro del abanico que entonces le brindaba la oportunidad de ir más allá y especializarse en Biotecnología. «Mi idea principal era Córdoba pero allí había que hacer un curso puente y la historia se me alargaba un poco más de la cuenta», reconoce. Cumpliendo con los caprichos del azar, fue en los laboratorios catalanes donde cotejó su pasión por la investigación.
Al terminar su tesis doctoral en 2012 y con diferentes estancias en el extranjero a sus espaldas, el destinó volvió a mover ficha y talló la siguiente piedra del camino que Hugo se estaba labrando lejos de casa.
«Cuando terminé el doctorado, el grupo del servicio de Neurología con el que estuve colaborando durante el proyecto me ofreció coordinar la línea de investigación que habíamos empezado a desarrollar», explica. Una oferta que cumplía «con creces» las expectativas que el vallisoletano tenía para esa época de su vida y que exprimió durante cinco años.
Hugo salió de Valladolid como ingeniero pero la motivación, que siempre ha sido la guía de su camino, le devolvería a su tierra como investigador. «Creo que es un error pensar que debes configurar toda tu historia entorno a una decisión que has tomado con 17 años, cuando cabe la posibilidad de haberte equivocado. No hay que focalizar tanto en encontrar algo para lo que has estudiado, sino para lo que estés formado y motivado», aconseja con convicción.
OPORTUNIDAD
Si algo tenía claro Hugo cuando abandonó su casa es que iba a volver. Se marchó con una mochila casi vacía, para completarla con formación y poder así revertir sus conocimientos en la ciudad del Pisuerga.
«He tenido la suerte de recibir becas que han subvencionado mi educación. He sido uno de los pocos privilegiados, no tanto por mis buenas notas sino por mi constancia. Entonces creo que, en cierta manera, tengo una responsabilidad para con la sociedad que ha confiado en mí y ha pagado mis estudios», reconoce el investigador, a quien la casualidad le brindó esta oportunidad «quizá en el momento idóneo».
La tensión empezaba a emanar en Cataluña y la crispación dibujaba un ambiente tenso en el que Hugo sentía que su hogar durante quince años había dejado de serlo. «Las cosas se estaban poniendo delicadas y ya no me aportaba mucho», sentencia. Y en este escenario, en el que la incomodidad se inmiscuía en la convivencia, volvió a saltar el clic.
Había llegado el momento de cambiar de aires. Mientras Hugo se planteaba volar por Estados Unidos durante dos años más antes de volver a casa, el destino entró en el juego de nuevo y puso en su camino el Plan de Retorno del Talento, un programa municipal destinado a apoyar a aquellas personas que, como el protagonista de esta historia, quieran regresar.
Hugo cumplía con los criterios fijados por esta estrategia de captación del talento al llevar más de cinco años fuera de la Comunidad con un trabajo profesional y tener un vínculo directo con la ciudad, donde le esperaban sus padres y el Hospital Clínico de Valladolid que apostó por él y la investigación. «La segunda parte implicada debe dar cumplimiento a un contrato de, en principio, dos años tras crear un nuevo puesto de trabajo. El Ayuntamiento subvenciona un porcentaje del sueldo durante este periodo, lo que hace que se reduzca el riesgo y resulte más atractivo para la institución», concreta el nuevo gestor de proyectos de investigación del centro vallisoletano.
La «confianza plena» en sus capacidades convirtió a Hugo en una figura nueva en el hospital, sin precedentes ni «un histórico que seguir». Simplemente aplica en este «salto cualitativo» de su carrera profesional todas las piedras que ha ido colocando a lo largo de la misma y ya siente un «feedback muy bueno» en esta reversión de su aprendizaje.
«Estoy focalizando en proyectos europeos porque me gustaría posicionar al Clínico en el lugar que le corresponde, dándole más visibilidad. Creo que tiene potencial y solo le falta un pequeño empujón para despuntar», desvela un ilusionado Hugo, que ya se mueve como pez en el agua por la Unidad de Investigación del hospital desde donde buscar dar «soporte a proyectos que tengan retribución para la sociedad».
VOLVER
Con su experiencia personal como garante, este vallisoletano invita a salir fuera y no solo por cuestiones de formación. «Te proporciona un cambio de perspectivas y distintas soluciones a un mismo problema desde diferentes puntos de vista. Creo que es primordial puesto que te aporta una visión integral y más variada de las cosas», argumenta.
La condición que se fijó Hugo para volver al lugar en el que comenzó su aventura profesional fue hacerlo sintiéndose plenamente realizado. A nivel laboral, considera que el puesto que ahora ocupa en su ciudad natal es «muy ambicioso» y la motivación, que sigue guiando su día a día, recae en «la certeza de continuar aprendiendo» mientras revierte todo lo logrado.
«Volver desarrollando un cargo con cierto tipo de responsabilidad, en el que creo que puedo aportar mucho y me siento muy realizado, significa irme por la puerta pequeña y regresar por la grande a una ciudad que me acoge con los brazos abiertos», concreta el investigador para quien la «reconciliación» con Valladolid «ha sido muy grata».
El «choque de emociones» se produce en el ámbito personal al toparse su «situación de evolución» con la vuelta a la casa de sus padres y, en concreto, a «la habitación de hace quince años». Toda la vida de Hugo permanece guardada en cajas que esperan a ser desembaladas una vez que consiga independizarse de nuevo para continuar con el «lienzo en blanco» que acaba de estrenar.