DONACIANO DUJO / PRESIDENTE DE ASAJA

«La actitud de monopolio de Azucarera compromete el futuro de la remolacha»

Lleva 18 años liderando la organización que acaba de reforzar en las últimas elecciones su hegemonía regional

-J.M. LOSTAU

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Marisol Calleja

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Está convencido de que el campo de Castilla y León tiene futuro y calidad, a pesar de los precios, aunque reconoce también que el sector está «tocado» tras la sequía. Donaciano Dujo (Ledigos, Palencia, 1967) repasa en esta entrevista los retos agrarios, analiza los resultados de las últimas elecciones, donde Asaja ha ganado representatividad, y expone sus propuestas y reivindicaciones.

PREGUNTA.- Asaja ha reforzado su liderazgo en las últimas elecciones agrarias. ¿Cree que ha llegado a su techo electoral?

RESPUESTA.- En absoluto. Nuestro objetivo es superar el 50% de la representatividad en Castilla y León y ganar en la mayoría de las provincias, por tanto, nos queda mucho trabajo y camino por recorrer. Sí tengo que decir, que en estas elecciones hemos mejorado de forma importante, tenemos representatividad en las nueve provincias, hemos ganado una más, como es Salamanca, y sacamos tres mil votos de diferencia a la segunda fuerza. La tendencia es favorable.

P.- ¿Recuperar Valladolid es para usted un reto personal?

R.- Lo que tengo claro ahora es que recuperar Valladolid va a ser una realidad en cinco años. La agricultura y ganadería de esta provincia es muy profesional, moderna y con mucha calidad, justo los objetivos que Asaja tiene. Ganar estas elecciones era complicado por la historia negativa que hemos tenido, a pesar de ello, hemos aguantado bien, incluso hemos logrado más votos que en los pasados comicios. Es evidente que dentro de cinco años el equipo de Juan Ramón Alonso ganará las elecciones en Valladolid.

P.- El proceso electoral no ha estado exento de acusaciones. Sus oponentes aseguran que no todas las organizaciones han competido en las mismas condiciones, y se refieren en concreto a la subvención pública de 600.000 euros a Asaja Ávila en pleno proceso electoral. En Ávila, precisamente, Asaja ha recuperado la representatividad y son ya la segunda fuerza. ¿Qué tiene que decir?.

R.- Lo primero que tengo que decir es que los votos que se consiguen el día de las elecciones, no se logran en el proceso electoral, sino durante todos los años anteriores. Asaja de Ávila lleva trabajando muchos años de forma continua y profesional. Los datos allí son el reflejo de mucho trabajo y del aumento de los socios. Si miras la estadística de los jóvenes incorporados en Ávila, ves cómo mayoritariamente éstos se incorporan con Asaja. Respecto a la subvención de 600.000 euros, tengo que decir que ha servido para contratar a 40 personas en el paro para hacer talleres y prestar un servicio en el medio rural. Las cuentas son sencillas, 40 empleados a 15.000 euros de costes son 600.000 euros, que sirven para pagar a esas personas contratadas.

P.- Las elecciones en Castilla y León se han celebrado cuando aún están pendientes unos comicios a nivel nacional. ¿Puede colisionar este proceso con el que se acaba de llevar a cabo en la Comunidad?

R.- Bueno, si hay elecciones a nivel nacional, y si éstas son de forma inmediata, en Castilla y León no se tendrían que hacer, tendría que valer el resultado reciente. Sería absurdo que dentro de un año estemos con otro proceso electoral, con el coste que ello tiene. Los censos están planteados inicialmente de forma diferente, aunque si todos estamos de acuerdo, y creo que podríamos estarlo, no tendría que haber elecciones en Castilla y León. Nos gustaría que a nivel nacional también hubiese elecciones, pero debería haber un acuerdo entre Ministerio, Opas y Consejería para convalidar los resultados que hemos obtenido.

P.- El sector agrario vive un momento complicado debido a los precios y a las incidencias climatológicas. Problemas que no siempre han sido defendidos bajo la unidad de acción. ¿Es imprescindible buscar esa fortaleza para defender al campo?

R.- Es imprescindible y necesaria para conseguir los objetivos que defendemos y reivindicamos. Por eso, Asaja siempre ha estado en la unidad de acción, el problema es unir a las otras tres organizaciones, como ocurrió con la sequía este año. Siempre que haya un problema agrario vamos a intentar por todos los medios ir bajo la unidad de acción.

P.- ¿Volverán a salir a la calle?

R.- Sin duda alguna, el sector volverá a salir a la calle. Lo situación más inminente que tenemos es la del sector lácteo de ovino, con unos precios por parte de la industria ridículos, por debajo de costes. Si esto no se remedia en fechas próximas, con una administración que haga de intermediario obligando a la industria a pagar precios justos a los ganaderos, nos tocará salir a la calle de manera inmediata. Además, hay que recordar que la sequía no se ha acabado y estamos en plena negociación de la nueva PAC. Si no hay un presupuesto suficiente y las medidas no son justas para Castilla y León, saldremos a la calle y lo haremos cuantas veces sea necesario.

P.- Quiero preguntarle por el sector remolachero. A pesar del escenario estable, al menos, hasta 2020, se han activado algunas alertas. Cultivadores de Ucogal ya han desviado remolacha desde el campo leonés a Acor para frenar, dicen, el monopolio de Azucarera. ¿Les preocupa esta situación?

R.- Bueno, tengo que decir que es un problema a nivel nacional, así me lo están trasladando desde La Rioja, el País Vasco o Andalucía. Azucarera está llevando una política equivocada y está perdiendo la interlocución que tenía con las organizaciones agrarias, basándose en Agroteo, que es Azucarera. Eso es malo para el sector y para todos. Cuando no apoyas al sector y solo te apoyas tú como empresa, te equivocas. Si algo tenía de valor la remolacha, y lo hemos dicho siempre, es la Interprofesional e ir todos a una. Si ahora la industria lo quiere todo para ella, monopolizar el diálogo y la interlocución y las acciones con el sector, se va a equivocar. ¡No está tan boyante el sector remolachero como para hacer de esto un ordeno y mando!. Hay que tener mucha mano tendida, mucho diálogo y mucha interlocución. Nosotros somos defensores de la remolacha, pero como de todos los sectores. Es decir, la remolacha tiene una ayuda importante en Castilla y León de 25 millones de euros, si en algún momento vemos que la industria solo quiere que se ponga dinero y ella llevarse los beneficios, pues, hay muchos sectores que también necesitan unos fondos que son de todos los agricultores. A lo mejor, la industria tiene que hacer mayores esfuerzos en el precio y no en monopolizar la relación con los agricultores. Es un tema de pérdida de confianza en la manera de trabajar y de querer el cultivo.

P.- Por lo que dice, ¿Cree que la actitud de Azucarera compromete el futuro del cultivo en Castilla y León?

R.- Totalmente. Si Azucarera no tiene un compromiso serio de atender a los agricultores y, además, de negociar, hablar y ser flexible en las próximas comisiones del Acuerdo Marco Interprofesional, sin duda alguna, puede comprometer que no haya el precio necesario para que los agricultores se decidan a seguir sembrando remolacha. Dentro de Castilla y León hay muchas necesidades, no solo está el cultivo de la remolacha. Si la industria está dispuesta a poner su parte, habrá ayudas de todo el sector para cumplimentar un precio atractivo y poder seguir sembrando remolacha. Si por el contrario la industria quiere que se siga sembrando remolacha a costa de mejorar el precio solo con ayudas, sin duda se pone en duda la viabilidad del sector, porque no todas las ayuda pueden ir destinadas al cultivo de la remolacha, hay más sectores con necesidades.

P.- ¿Cree entonces que peligran las fábricas de azucarera en Castilla y León, y en concreto la de La Bañeza?

P.- Bueno, la industria tiene que saber que si no se dan las condiciones óptimas de rentabilidad, los agricultores destinarán sus explotaciones a otros cultivos, como el maíz, los forrajes o la patata. Por tanto, si no hay remolacha, peligran también las industrias lamentablemente, teniendo en cuenta que la única culpable en este caso es la actitud de Azucarera de no dialogar y no querer llegar a acuerdos con las organizaciones.

P.- Todo ello en un momento complicado para el sector. ¿Cómo afronta el profesional esta campaña?

R.- Hay una gran incertidumbre. Desgraciadamente, nunca habíamos visto un año tan catastrófico como el pasado, que nos ha dañado económicamente y en la moral. El sector está tocado. De aquí a que cosechemos pueden cambiar las cosas a mejor y a peor, dependerá de la climatología, aunque el año ya no va a ser bueno de ninguna manera. Puede ser normal o malo. Hay producciones que no se han podido sembrar, la sementera se hizo mal, y hay zonas mal nacidas, además de las previsibles restricciones. La situación del campo no es buena, un elemento que se suma a los bajos precios, por ejemplo, de los cereales, de la producción láctea, con costes excesivos, y a una administración regional que no ha sido reivindicativa con el Ministerio.

P. ¿Hasta dónde debe llegar la intervención pública para garantizar unos precios justos?

R.- La administración no debe permitir nunca, y Francia lo va a poner por Ley, que haya contratos por debajo de los costes de producción. Además debe obligar a la industria y a la distribución a que nunca compren a pérdidas y nunca se pueda vender a pérdidas. Y, eso pasa, por supuesto, por una Ley similar a la francesa. Este tema va en el documento de la PAC, el objetivo es que fuese un modelo europeo. No pedimos encarecer los productos al consumidor barbaridades, el sector se arruina o vive con unos céntimos a mayores.

P.- La llegada de jóvenes al campo es una prioridad, pero hay miles de jubilados en el campo. ¿Cómo se favorece esa transición?

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R.- El documento de la PAC recupera el cese anticipado de la actividad, que pidió Asaja. Creemos que es una herramienta positiva. En cuanto a los jóvenes, ¡cuántas veces hemos oído a la Consejería lo de incorporar 5.000 jóvenes esta legislatura!, cuando no es cierto. La realidad dice que incorporaremos a unos 2.500. Si nos ponemos una venda en los ojos, no vamos a solucionar los problemas. Hay que hablar de la realidad, sin pesimismo. El campo de Castilla y León tiene futuro y calidad, aunque también hay debilidades, como el envejecimiento del sector o el reto de las concentraciones o los regadíos, con 150.000 hectáreas urgentes. Hay que centrarse en las necesidades y no vender plataformas y modelos que no llevan a nada.