Aquavall destina 8,4 M€ a renovar tuberías para evitar reventones
En 2017 hubo más de cien averías en la red de agua, muchas por la rotura de tubos de fibrocemento / La inversión prevista para modernizar el entramado de cañerías asciende a 178 M€ en 15 años
Avería en la calle Joaquín maría Jalón provocada por la rotura de un tubo de fibrocemento.-E.M.
La red de tuberías que discurre por el subsuelo de Valladolid tiene tramos con más de cien años. Son los menos, es cierto, y están en la zona centro de la ciudad, pero para hacerse una idea de su antigüedad baste decir que ya estaban operativas poco después de culminarse las obras que permitieron desviar el cauce Esgueva para sacarlo del casco urbano de Valladolid, unos trabajos que culminaron en 1910.
Son tuberías de fibrocemento, de uralita, muy susceptibles de rotura, lo que explica que cada año se produzca una media de cien averías entre las redes de abastecimiento y saneamiento.
El 2018 es el primer año en el que la nueva entidad pública empresarial local Aquavall, la empresa que se ocupa el ciclo integral del agua desde que en julio de 2017 el Ayuntamiento asumiera la gestión tras 20 años en manos privadas, entra en el presupuesto municipal y lo hace con una inversión de 8,4 millones de euros para cambiar tuberías y renovar la red, tanto de abastecimiento como de alcantarillado.
Es una cantidad importante que da para sustituir muchos metros de tubería -una parte del dinero, 3,4 millones, será para trabajos de adecuación, es decir de mejora de lo ya existente- pero no deja de ser un parche en una red que necesita una inversión de 178 millones de euros a lo largo de los próximos 15 años.
Según un estudio realizado por el nuevo equipo municipal, en los 20 años que Agualid tuvo la gestión del agua, desde 1997 hasta 2017, sólo se invirtieron en la red 27 millones de los 123 que recaudaron como canon por la concesión. Un déficit que obliga ahora a realizar un esfuerzo suplementario en los próximos 15 años, hasta 2032, para invertir 178 millones de euros en las instalaciones. Es un cálculo, una previsión, matizan desde la concejalía de Medio Ambiente y Sostenibilidad, pero lo que parece claro es que la red de agua se ha quedado obsoleta.
El sistema de tuberías por el que llega el agua a los grifos de los vallisoletanos tiene 622 kilómetros, con una antigüedad media de 26,3 años, aunque un 20 % supera los 55 años. De los 178 millones que se necesita invertir en los próximos 15 años para renovar mantener en buen estado el entramado de cañerías que recorre el subsuelo, 56 millones serán para evitar reventones en las tuberías de abastecimiento y ahí están los 8,4 presupuestados este año. Lo habitual cuando se realizan obras en una calle para cambiar el aglomerado asfáltico es aprovechar para renovar las tuberías, tanto de abastecimiento como de saneamiento. A estos trabajos se destinará una partida de 1,5 millones de euros. Entre las prioridades está también la intervención en el conocido como anillo 1000, una tubería de un metro de grosor, es decir de mil milímetros, de ahí su nombre, que rodea la ciudad. Además del cambio de la tornillería de las juntas, cuya oxidación ya provocó algunas fugas de agua importantes, está prevista la sustitución del tramo paralelo al Esgueva y también del que discurre por la Ronda Interior Sur.
Pero con ser importante la cantidad, la red de abastecimiento no es la que más inversión necesita. La de saneamiento, con una longitud de 730 kilómetros y una antigüedad media de 32 años, aunque el 30% supera los 63 años, requiere 117 millones para su mantenimiento en los próximos 15 años. Una cantidad que duplica la que se necesita en la red de abastecimiento y que se debe, sobre todo, a que la renovación de un kilómetro es más cara en las conducciones de saneamiento.
La inversión de este año para renovar la red, a la que hay que sumar otros 3,1 millones para diversas mejoras en las estaciones de tratamiento de aguas de Las Eras y de San Isidro y en la depuradora del Camino Viejo de Simancas, ascenderá así a 11,4 millones. Un esfuerzo que deberá mantenerse en los próximos ejercicios para cubrir el déficit inversor de los últimos veinte años.
Una red de 1.400 kilómetros bajo el subsuelo de la ciudad
El parte de averías de los últimos siete años tiene altibajos, aunque si se hace la media el resultado es un centenar de ‘incidencias’ anuales, según se desprende de los datos facilitados por Aquavall. De todos, el 2012 fue el que más trabajo dio a los trabajadores encargados de la reparación de averías en Agualid, la empresa que mantuvo la gestión hasta el pasado año. Entonces fueron 167 las incidencias, casi una cada dos días, y la mitad de ellas, 77, se produjeron durante el primer trimestre, de enero a marzo. En 2013 bajaron a 122 y en los dos años siguientes el descenso fue más acusado, a 75 en 2014 y a 83 en 2015, en ambos casos bastante por debajo den centenar. Pero fue sólo un espejismo y al año siguiente, el 2016, las averías volvieron a dispararse hasta las 155, casi el doble. La tónica fue similar el pasado año. Hasta el tercer trimestre, incluido éste, se contabilizaron 106 incidencias, con lo que a falta del balance de los tres últimos años todo apunta a que la cifra final rondaría la de 2016. No todas las averías que se producen se deben al mal estado de las tuberías. En una red con casi 1.400 kilómetros de tubos en parmanente uso parece lógico pensar que se produzcan fallos, pero lo que da la medida del mal estado en el que se encuentra parte del sistema de abastecimiento de agua y alcantarillado de Valladolid es el elevado número de fugas de agua provocados por reventones y roturas. Renovar la red será caro y obligará a un esfuerzo de inversión sostenido en el tiempo. La concejala de Medio Ambiente y Sostenibilidad, María Sánchez, anunció, para marcar diferencias entre lo que fue la gestión privada del ciclo integral del agua durante 20 años y el cambio que significará la asunción por parte del Ayuntamiento, que ahora todo el dinero que se recaude por el servicios se destinará a mejorar la prestación.