Diario de Valladolid

Los voluntarios, un arma contra el hambre

1.500 personas colaboran en la ‘Gran Recogida del Banco de Alimentos’, que pretende recibir más de 300.000 kilos de comida

Un voluntario coloca la comida recogida en uno de los centros comerciales de la ciudad.-MIGUEL ÁNGEL SANTOS

Un voluntario coloca la comida recogida en uno de los centros comerciales de la ciudad.-MIGUEL ÁNGEL SANTOS

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Guillermo Sanz

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Que el hambre desaparezca de la faz de la tierra es una quimera difícil de cazar. Sin embargo, siempre hay personas dispuestas a cambiar el orden de las cosas para ayudar a diseñar un mundo mejor. Personas como los 1.500 voluntarios que ayer comenzaron a recolectar alimentos para la quinta edición de la ‘Gran Recogida’ promovida por la Fundación Banco de Alimentos de Valladolid.

Voluntarios con capas de héroes anónimos formaron ayer una piña en 75 establecimientos repartidos por todo Valladolid. El número de supermercados en los que se abandera esta acción se ha visto reducido con respecto al año anterior, en el que fueron 120 los espacios dedicados a la recolecta de alimentos. «Es importante estar presentes para dar información, hacer que se sepa la realidad que existe y poder responder las preguntas de las personas», remarca el presidente de la Fundación Banco de Alimentos de Valladolid, Jesús Mediavilla.

Con menos frentes abiertos, el Banco de Alimentos se marca como meta el conseguir igualar los registros del pasado año, en los que re recogieron 308.000 kilos de alimentos. Todo ello gracias a una red de voluntarios que se sale de lo común y a una mentalidad como la vallisoletana que acostumbra a poner su hombro en toda causa que considera justa, como celebra Mediavilla: «La solidaridad en Valladolid es el doble que la media de España», asegura. Gracias a ello se pueden alcanzar números para llenar el almacén del Banco de Alimentos de aceite, leche entera, alubias y garbanzos, productos requeridos por la entidad (aunque no faltaron las galletas o los turrones) para abastecer no sólo en Navidad, si no para asegurar el alimento durante los próximos meses a las 16.000 personas a las que atienden.

El lema ‘Cuento contigo’ que abandera a esta campaña ha hecho honor a su mensaje. La respuesta ha sido tal que, el propio Banco de Alimentos ha tenido que poner freno a una avalancha solidaria: «Hemos tenido que decir que no necesitábamos a más voluntarios y hemos tenido que dar las gracias porque la solidaridad es enorme», celebra Jesús Mediavilla. Todos ellos se vistieron con el peto azul identificativo para ayudar a que los alimentos básicos lleguen a todos los hogares.

Los nombres como Cristina, Sandra, Dolores y, de nuevo, Cristina, salen del anonimato para ser los brazos que recogen la esperanza de cientos de hogares. «Aunque ha bajado mucho, hay muchas personas que lo necesitan realmente», explica una veterana como Dolores, que cumple su cuarta campaña de la ‘Gran Recogida’. La voluntaria explica cómo la ciudad se vuelca en una causa que apenas necesita tarjeta de presentación: «La gente te lo da directamente, no hace falta decirles nada. La gente está concienciada», celebra. Esa misma sensación la experimentaron Cristina y Sandra en su primera experiencia en el Banco de Alimentos: «La gente enseguida se acerca y te da algo. Identifican el color y el logotipo y saben que es de fiar. No hace falta decirles nada», relata.

La compañera de centro comercial de Cristina, Sandra, muestra su sorpresa ante la solidaridad de las personas. «Estamos viendo mucha gente que deja muchísima comida», explica al tiempo que pone de ejemplo a dos ancianos que donaron ayer un carro entero lleno de comida.

El Banco de Alimentos desplegó un manto de voluntarios para conseguir un año más la respuesta que una ciudad puntera en cuanto a la solidaridad, como demuestra la gente que ha llegado desde diferentes puntos de España para estudiar dónde está el secreto de un Banco de Alimentos que cosecha números de récord. La fórmula mágica está, sin duda, en el corazón de la gente que pone su grano de arena de manera desinteresada a ambos lados de una fila de cajas registradoras. Personas como Cristina, que viste por primera vez el peto azul:«Todo lo que se pueda hacer por ayudar está muy bien. Antes no me daba cuenta. Me ha sorprendido la solidaridad de la gente y eso es gratificante».

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