Novillos dormidos e impuntuales
Castronuño finaliza sus fiestas patronales con un encierro por el campo, que terminó con dos toros dormidos y otro en las calles aunque todos ‘dieron juego’ a los caballistas

El morlaco arremete contra uno de los caballos durante el encierro campero de Castronuño.-PABLO REQUEJO (PHOTOGENIC)
La última jornada de las fiestas patronales de Castronuño arrancó con el único encierro campero que organizan. Una hora antes los caballistas ya preparaban las monturas de sus animales. Prometía ser una mañana cálida y así fue, el sol salió con fuerza. Por su parte, los motoristas ya estaban preparados y hacían tiempo hasta el comienzo del festejo. También se comenzaba a ver vehículos autorizados que subirían al campo. Los camperos en esta localidad se contemplan desde dos puntos de vista diferentes: los caballistas, que se encargan de guiar a los novillos desde la dehesa hasta el casco urbano de la localidad y el de las personas de a pie, que se conforman con ver su entrada a las calles.
La bomba de inicio sonó puntual, a las 10:00 horas, para indicar la salida de los astados del camión. En esta ocasión se dio suelta a tres novillos de la ganadería Hermanos Mayoral García. Lo característico de este festejo en Castronuño es que para que los animales lleguen a las calles tienen que atravesar un puente, el que se construyó para que circulara el AVE bajo él. Y esto no ocurre todos los años, «es una lotería», decía uno de los vecinos. Casi un centenar de personas esperaban la llegada de la manada en el embudo, la zona en la que termina el campo y comienza el asfalto.
En esos momentos de expectación, las conversaciones de unos y otros giraban en torno a los festejos taurinos. Un grupo de jóvenes comentaba el estado físico de los cortadores de la provincia. Otro grupo hablaba de los encierros celebrados en otras localidades durante este mes de septiembre, compartiendo sus impresiones acerca del comportamiento de los novillos en unos y otros. Hasta alguno se lamentaba porque este fin de semana finaliza la temporada de fiestas en los pueblos de la provincia.
Lo primero que se divisaba desde la zona del embudo era la bajada de los vehículos y motos: señal de que la manada, junto a los caballistas, estaba cerca. El polvo dificultaba la visión y era difícil distinguir a los animales. Minutos después aparecieron por una de las laderas parte de los caballistas con algunos de los animales pero, para fastidio del público, se trataba solo de los bueyes. Conducidos por dos caballistas, entraron al casco urbano para dirigirse a la plaza de toros alrededor de las 10.30 horas. El resto de caballos se quedó en la dehesa para reconducir al único novillo que allí se encontraba.
Los dos restantes tuvieron que ser dormidos, uno de ellos antes de que llegara al puente porque se había quedado rezagado y el colorado se dirigió en dirección al municipio de Bóveda de Toro. Antes de que llagara a la carretera tuvo que ser dormido también. Por lo tanto, solo un astado finalizaría el encierro. Unos diez minutos después volvieron a pasar por la zona del embudo dos caballistas para ir hasta el coso y llevar de vuelta al campo a los cabestros e intentar encauzar, con la ayuda de ellos, al novillo que quedaba. Se resolvió rápido. Cuarenta y cinco minutos después de que sonara esa bomba de inicio, los caballistas consiguieron, por fin, reconducir hasta las calles a los bueyes y el último toro.
José González, uno de los caballistas, se mostró satisfecho. «A pesar de que no hemos conseguido guiar todos los toros, ha sido muy entretenido para nosotros. Y también para la gente, que por lo menos ha visto un toro en las calles», dijo. Por su parte, Javier García, teniente de alcalde del municipio, destacó que no se ha producido ningún incidente y hace un balance «positivo» de las fiestas «con bastante afluencia de gente».