Tomates con sabor «como los de antes»
El Mercado de Alimentos Ecológicos celebró una séptima edición muy concurrida gracias al tiempo

Unos clientes del Mercado frente a un puesto de pan ecológico.-J. M. LOSTAU
Quien se pasó ayer por la plaza de España bien pudo marcharse con la compra del mes hecha. Sí, han leído bien, la de todo el mes. Porque el Mercado de alimentos ecológicos, organizado por la Unión de Campesido de Castilla y León (UCCL), celebró su séptima edición, y la longevidad de sus productos es sólo una de las muchas ventajas en contraposición con el comercio convencional.
Los consumidores pudieron encontrar de todo, desde lo más básico de la alimentación como son el pan, el aceite, el queso, las conservas o las legumbres hasta todo tipo de cosmética, pasando por chocolate para los más golosos y por paté de pollo para los más sibaritas, y sin olvidar la gran variedad de hortalizas de temporada disponibles ahora mismo en Castilla y León y que fueron la estrella del Mercado. Y todo bajo una misma premisa: su origen ecológico.
Un fundamento que productores y consumidores defienden a capa y espada convencidos de sus muchas excelencias. ¿Las diferencias respecto a los productos convencionales?: «Todas», respondieron varios tenderos y compradores, remitiéndose en el común de las respuestas a la ausencia de productos químicos de síntesis que puedan menoscabar la salud o agredir al medio ambiente.
«Nos lo venden como sustancias que no son venenosas en pequeñas dosis, pero hay cuerpos que lo metabolizan muy mal, porque son sustancias externas al ser humano y no es sano», afirmó una vendedora de lácteos de oveja castellana, que a su vez enalteció lo ecológico por su naturalidad, «al no llevar nada que no produzca la propia naturaleza».
Ni herbicidas, fungicidas o insecticidas, ni cualquier otra clase de pesticidas. Ningún producto ecológico contiene un elemento con el sufijo -cida, que significa ‘matador’ o ‘exterminador’, y un alimento que entrañe esas sustancias « no puede ser bueno», sentenció una compradora. Lo que también revierte en el sabor, que «no tiene nada que ver» en comparación con el producto de los supermercados afirmó Nacho Arias, presidente de la UCCL en Valladolid.
«Hace 40 años que no compro un huevo que sepa a huevo», apuntó una clienta novicia en esto de lo ecológico, que sin embargo se mostró muy decidida a afianzar su compra en este tipo de mercado, «porque hoy en día lo que venden no sabe a nada», aspostilló.
En la misma línea fueron el resto de opiniones de los consumidores, que se decantaron especialmente por los tomates, porque «saben de verdad, como los de antes» señaló una señora, a lo que su marido adicionó que sólo en ellos prevalece «el sabor original, el que recordamos de la infancia, del pueblo».
Precisamente los amantes de esta fruta salada, mal encasillada entre las hortalizas, estuvieron de suerte, porque en el Mercado se estableció como novedad un puesto de exposición que recogía 250 variedades de tomate de las 500 existentes, y de las cuales se regalaban sus semillas a los interesados con el fin de que la gente las plante en sus casas para que «no se pierdan las variedades», subrayaron los tenderos.
La única pega: el precio. Algunos clientes se confesaron sólo consumidores habituales de este comercio por el costo, aunque la diferencia es «cada vez menor», señaló una productora, a lo que añadió que la gente está cada vez más concienciada con lo que comen, «porque es tu vida y tu salud, y eso no tiene precio».