Las piraguas invaden el Canal
La Victoria cierra sus fiestas con la X Regata Canal de Castilla / Diez clubes de toda Castilla y León participan en categorías desde los siete hasta los catorce años

Un grupo de chicas participa en la competición.-J. M. LOSTAU
En la pasarela que se levanta sobre las aguas tranquilas del Canal de Castilla, un matrimonio de alrededor de sesenta años contempla, con esa atención curiosa del que disfruta del ánimo general y paladea con delectación las emociones y satisfacciones de los que le rodean como si fuesen suyas, las piraguas que hienden la superficie acuática.
Sus colores llamativos y vibrantes rompen la monocromía verde de ese reducto de la naturaleza que oxigena y da vida al barrio de La Victoria. Niños y adolescentes de entre siete y catorce años, complexión variada y pigmentación epidérmica gradante, políptico de una infancia de barrio que el tiempo barre en aras de la sacrosanta modernidad, las pilotan con determinación. Sus miradas, fijas en el objetivo a batir; sus manos, firmes en los remos y, sus tímpanos, atravesados por los gritos de ánimo de familiares y amigos que, desde la pasarela y las orillas, jalean a los participantes de la X Regata Canal de Castilla.
Diez clubes de piragüismo de toda Castilla y León compitieron ayer, en distintas categorías divididas por edad y sexo, en la décima regata organizada por la Asociación de Amigos del Canal ‘La Barcaza’ y enmarcada en el último día de fiestas de La Victoria. «Esta regata ha servido para que limpien el Canal porque, hace un mes, estaba impracticable», afirma Germán Sierra, entrenador y presidente del Club Cisne, uno de los equipos participantes. Veterano en el piragüismo, anima a una niña, de nombre Sofía, que se dispone a arribar a una orilla de difícil acceso cubierta de juncos, vegetación y barro que hace las veces de embarcadero.
«Llevamos años pidiendo a la Confederación (Hidrográfica del Duero) que construya un embarcadero de verdad para facilitar la subida y bajada de las piraguas, que viene siendo un bloque de hormigón, nada más, pero ya se sabe cómo van las cosas de la Administración», explica Víctor Latorre, miembro de ‘La Barcaza’, en la terraza del Café Adrede, sede de la entrega de premios, donde los participantes reciben bocadillos y refrescos tras la quema calórica.
Concejales del Ayuntamiento, una de las entidades patrocinadoras de la regata a través de la Fundación Municipal de Deportes, entregan los premios a los chavales ganadores. Los aplausos y las muestras de orgullo se suceden. El rubor primigenio de la victoria conseguida aflora en las mejillas de los niños que, con humildad temprana, sostienen los trofeos entre sus manos en una pose grabada por los flashes para el recuerdo. «No es sólo una competición deportiva, también es una forma de compañerismo, de participación de la gente del barrio y de contacto con la naturaleza», resume María Sánchez, concejala de Medio Ambiente y portavoz de Valladolid Toma la Palabra.
Terminada la entrega de premios, participantes, ganadores y familiares prosiguen la mañana, ya casi tarde, en las mesas de la terraza. El matrimonio sexagenario, integrantes del barrio y de ‘La Barcaza’, felicitan a uno de los ganadores y enfilan la calle recta, ambos con una sonrisa en la cara.