Diario de Valladolid

CULTURA

Fridman dibuja sus paisajes humanos

El montaje, Premio Max al mejor espectáculo de danza, aborda las relaciones humanas y la supervivencia

Escena de ‘Caída libre’ que este sábado llega al LAVA.IGNACIO URRUTIA-Igancio Urrutia

Escena de ‘Caída libre’ que este sábado llega al LAVA.IGNACIO URRUTIA-Igancio Urrutia

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Ana de la Fuente

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Si el pasado sábado Los nadadores nocturnos desembarcaba en el LAVA avalado por su Premio Max en 2015 como mejor montaje revelación, este fin de semana, la sala Concha Velasco recibe al coreógrafo israelí Sharon Fridman y su Caída Libre, Premio Max al mejor espectáculo de danza.

Concebida como una «metáfora sobre la supervivencia, sobre la vida» -dice Fridman-, Caída libre es una pieza de danza contemporánea en la que seis bailarines abordan a través del lenguaje corporal las relaciones humanas. «Intento que los seis cuerpos sean concebidos como un único cuerpo y cuestionar cuál es la libertad máxima que un individuo puede tener dentro de una estructura tan marcada», explica el bailarín y coreógrafo.

Ellos son los individuos que conforman la sociedad, «la red a la que caen». «Levantarse después de caer constituye un ciclo infinito que se reproduce cada día», explica.

Pau Cólera, Jonathan Foussadier, Maite Larrañeta, Alejandro Moya, Melania Olcinia y Léonore Zurflüch dibujan a través de una compleja coreografía paisajes humanos explorando la delicada relación que «genera la unión y separación de los cuerpos llegando a los límites de la inestabilidad».

Los protagonistas buscan la manera de sobrevivir en un entorno a menudo desalentador a través del contacto y la unión entre ellos. Es la ‘técnica contact’, la piedra angular de este montaje que «persigue una dimensión más humana del baile». Los bailarines se caen, se levantan y se apoyan unos en otros componiendo una particular danza, un movimiento natural, «que se olvida del individuo en aras de la colectividad buscando la fuerza común», matiza el coreógrafo.

Fridman recuerda, en este sentido, que «el contacto» y «la caída» siempre han marcado su vida. «Mi madre tiene la enfermedad de Arnold Chiari, una dolencia que le impide tener referencias de lo que es un línea recta. Siempre está en posiciones inclinadas, en una caída continua. Por eso, desde niño busqué la manera de generar encuentros con sus caídas. Lo que para ella es un sufrimiento, para mí es una fuente de inspiración. Ella es como una solista bailando», bromea con cariño.

Caída Libre resume también su filosofía de vida dentro y fuera del escenario. «A veces puede parecer que has tocado fondo, pero en ese mismo fondo encuentras el motor que te impulsa aún más arriba».

Con una duración de 50 minutos, Caída libre llega este sábado (20,30 horas) a la sala Concha Velasco del LAVA. El precio: 12 euros.

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