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Cristina: icono de juventud
La película deja al descubierto el gran amor de la reina sueca por la bella Ebba o el envenenamiento del filósofo Descartes

Mika Kaurismäki con la actriz Malin Buska, encargada de dar vida a Cristina de Suecia.-Pablo Requejo
Una reina educada como un príncipe y víctima de sus pasiones. «Cuando uno hace lo que quiere, pocas veces hace lo que debe», le advirtieron a Cristina de Suecia. En una guerra de sentimientos y rebeldía sobrevive la monarca en The Girl King, la película de Mika Kaurismäki que ayer se presentó en la sección oficial.
Su relación sentimental con la bella Ebba Sparre o el envenenamiento del filósofo Descartes se muestran con detalle en este trabajo del finlandés Kaurismäki, que se adentra esta vez en un relato de época con rico vestuario, escenarios palaciegos y laboriosos paisajes de nieve artificial.
El personaje del siglo XVII no pierde actualidad. «Mantiene su modernidad y su relevancia siglos después», apuntó el director. «Es un icono para la juventud porque fue una mujer muy adelantada a su tiempo, incluso precursora del feminismo, y sus ideas siguen siendo hoy contemporáneas».
El largometraje presenta sin rodeos el amor lésbico de Cristina y el fuerte carácter de la reina que para los suecos es aún «una traidora» por cambiar del luteranismo al catolicismo y además abdicar. «La familia real sueca no ha mostrado interés en la película. Es como si la hija de George Bush se uniera a Al Qaeda», bromeó Kaurismäki, asiduo al festival vallisoletano en el que participó por primera vez hace una década con el documental Brasileirinho.
Con tan sólo 6 años fue coronada y a los 18 puso fin a la Guerra de los Treinta Años. «Ahí está el germen de la Unión Europea. Su papel fue clave y además poseía una personalidad muy compleja».
En 1933, la mismísima Greta Garbo bajo la órdenes de Rouben Mamoulian dio vida a la controvertida reina. La actriz sueca Malin Buska supo desde el primer momento el reto al que se sometía y no quiso verse condicionada por la interpretación de la diva. «Greta Garbo es una grandísima actriz, pero tuve claro que quería realizar mi propia reina Cristina», apuntó la joven, que para prepararse su papel se refugió durante seis meses en una casa de campo en Finlandia sin conexión para estudiar y concentrarse. Completó su formación con clases de equitación y esgrima y entre sus visitas estuvo el Vaticano. Un trabajo complicado para dar vida a la reina culta, coleccionista de libros y admiradora del filosofo francés Descartes, con el que mantuvo una relación epistolar que inició atormentada por dos preguntas. «¿Qué es el amor? ¿Cómo puedo librarme de él?»