SEMINCI
El intento de Pere Vila por «ahondar en el alma humana»
El estreno de la nueva película del director catalán no consigue convencer al público

El director Pere Vilà (dcha) junto a Nora Navas y Alex Brendemühl, protagonistas de ‘L’arteria invisible-Pablo Requejo
Presentó Pere Vila su tercer largometraje, L’arteria invisible, en la Sección Oficial, la misma que acogió su ópera prima, La lapidación de Saint Etiénne, merecedora del premio de la crítica internacional (Fipresci).
El propio director ha acudido a la presentación acompañado por sus dos actores principales, Nora Navas y Alex Brendemühl, en quienes había pensado desde el principio para interpretar al matrimonio formado por un político con aspiraciones y una mujer deseosa de convertirse en madre.
Un papel, el de madre, representado por la actriz en la otra película española a concurso, La adopción, muy diferente como «los dos mundos muy distintos, desde el punto de vista artístico», a la hora de plantearse cada director cómo contar una historia.
Para Navas su trabajo con Vidal es «ir a un lugar muy distinto», un lugar que para una gran parte del público asistente al primer pase de la película provocó un pateante rechazo. «Me dio», continuó la actriz, «un poco de miedo cómo utiliza la cámara, cómo se adentra en el alma de los personajes. Pere trabaja como un pintor, desde la poesía absoluta, te vincula mucho con los estados emocionales, pero no hacia fuera; un día me dijo debes escuchar el silencio».
Brendemülh también coincidió en «el trabajo meticuloso sobre los personajes» del director, que «permite desarrollar, dentro de la secuencia, un estado emocional que se va acumulando», a medida que el mundo de apariencias del matrimonio choca con lo que viene de fuera, «generando miseria, ansiedad, soledad».
Vila opta por el plano fijo, el mínimo movimiento de cámara, una banda sonora sin música, pero sí con sonido ambiental, el predominio del silencio en la comunicación de los personajes para resaltar «el impacto del exterior en el interior del ser humano».
Un exterior encarnado por una pareja de jóvenes que sobreviven en la ciudad, ella trabajando de prostituta y él de trabajos mal remunerados o ilegales. Situación que llevará al chico a utilizar una antigua relación con el matrimonio de Navas y Brendemülh en un posible provecho suyo.
Y ahondar «en el alma humana», para el director, para quien la forma elegida para contar la historia ni «es un reto, ni la ve cómo radical, no me planteo eso». Aunque la forma de ‘relatar’, y su efecto en el manejo del tiempo, parece imponerse al interés que puedan despertar unos personajes, «que intentan crear familias a partir de pedazos».
Explicaba el director algunas de sus decisiones formales, o partes de la historia no explicitadas del todo en la película, demostrando que sí tenía claro en su cabeza cuáles eran sus intenciones y relaciones entre personajes.
Vila ha partido de la novela de Joaquim Vidal y Josep Valls, El peaje, cuyo tema central, el chantaje a un político, ha sido desplazado hacia lo que interesa al director, a quien, al menos, hay que reconocer su intento por mantenerse en unos cauces cinematográficos, alejado de modelos serie televisiva o de obra de teatro. Logrado o no el resultado de esta historia de incomunicación y comunicaciones invisibles entre personas con vínculos reales o no permanece un director para el que hay otros lugares distintos a los que se puede ir y sobre los que se puede hablar.