SEMINCI
Nahid, un ejemplo de la nueva hornada de cineastas iraníes
La directora reivindica en su primer largometraje la fortaleza y los valores de la mujer
La cineasta iraní Ida Panahandeh, ayer, tras presentar su película ‘Nahid’ en la Seminci.-J.M. Lostau
Con la proyección de Nahid en Sección Oficial y la presencia de su directora, Ida Panahandeh, en posterior rueda de prensa, la Seminci ofreció una muestra de la nueva generación de cineastas iraníes.
Sucede en otros festivales occidentales y obtienen reconocimiento. En Cannes el premio Futuro Prometedor de la sección Un Certain Regard, y en Chicago otro premio más una película que parece seguir la estela de Nader y Simin, una separación, primer claro reconocimiento de Occidente –Oscar película extranjera- a la actual generación de cineastas iraníes.
En Nahid también hay un divorcio de por medio. La directora confesó haberse basado en la experiencia de su madre criando sola a sus hijos, y en la muy similar de su marido, Arsalam Amiri, presente en la rueda de prensa, coguionista y montador, además, para su ópera prima.
Una historia que podría pasar en cualquier lugar del mundo: una madre lucha por mantener junto a ella a su hijo y evitar que se lo arrebate su padre, jugador, adicto, quien ha puesto como condición para el divorcio que no se vuelva a casar. Pero aparece un hombre que propone matrimonio a la mujer.
Irán y su gobierno centraron la mayoría de las preguntas dirigidas a la directora, ¿es igual ser mujer cineasta en Irán que en un país occidental como el nuestro?: «No es nada fácil en ninguna parte del mundo y es fascinante ser mujer en cualquier parte».
Panahandeh propuso que se debería cambiar la imagen que se tiene de Irán en el exterior occidental. Y su película contribuye a ello. Y su gobierno no tiene ningún problema en que se hagan este tipo de historias: «No ha habido ningún tipo de censura, sólo, que no se exageren las cosas».
Surgió el nombre del director Jafar Panahi, encarcelado por el gobierno iraní en desacuerdo con el tipo de películas que quería realizar. «Yo podría vivir en Europa y hacer películas aquí, y tener más libertad de expresión; he preferido tener menos libertad y obedecer las leyes de mi país».
Una nueva generación de cineastas, que no un nuevo cine iraní. Las películas de esta generación apuestan por las fórmulas narrativas cercanas, o combinadas, del cine de género -o el drama realista convencional caso de Nahid- para contar historias de sus gentes, de su cultura como las que se cuentan en cualquier cinematografía.
Lejos queda el tiempo cuando el cine iraní se medía al mismo nivel artístico del cine más innovador que se hacía en el resto del mundo, con Kiarostami y la familia Makhmalbaf como cabezas visibles. Nombres que, de momento, son sólo «un ejemplo a seguir». Tal vez el futuro prometedor se refiera a esto y no a fabricar trabajadores para una industria del cine.