Diario de Valladolid

Cultura

«El teatro no da más ‘cota’ a un actor; es una estupidez»

Entrevista a Adrián Lastra, actor y cantante. Nacido en Madrid, este joven comenzó a estudiar canto a raíz del programa Operación Triunfo.Tras su paso por musicales y diversas series de televisión, presenta en Valladolid la obra ‘El discurso del rey’.

Adrián Lastra.-El Mundo

Adrián Lastra.-El Mundo

Publicado por
M. Díez Garrido

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Escrita por David Seidler, El discurso del rey ha demostrado ser todo un éxito en taquillas y en la crítica. El Teatro Zorrilla acoge este domingo, a las 19.00 y 21.30 horas, y este lunes, 20 y 22.30 horas, la conocida obra de teatro, protagonizada por Adrián Lastra. Más conocido por sus papeles cómicos, interpreta a Jorge VI, que tuvo que trasladar a su reino la declaración de guerra a Alemania en 1939.

Pregunta.- ¿Le asustó el reto de tartamudear?

Respuesta.- Sí, más que el reto del tartamudeo, me asustaba la reacción de la gente. Es como cuando vas a ver la obra de ballet y todo el mundo espera los siete fouettes del protagonista al final. Lo complicado es cómo empieza y cómo acaba el personaje.

P.- ¿Cómo ves ese miedo ahora?

R.- Lógico. Tenía miedo y respeto. Siempre tengo temor a todos los personajes que me dan. Si pierdo eso, es que estoy perdiendo la pasión a lo que me estoy dedicando.

P.- Se trata de un personaje muy complejo , ¿qué destaca?

R.- Destaco su valentía. Es un personaje histórico que tuvo que afrontar lo que le decía todo el mundo: que no iba a poder con su complejo. La capacidad está en uno mismo. La última herramienta es tu voz.

P.- A pesar de ser un personaje de la realeza, ¿cree que hay espectadores que se pueden identificar con él?

R.- Sí. Los espectadores ven una evolución escena tras escena y ven a una persona. A nivel interpretativo, lo interesante es que esa persona vaya quitándose las barreras.

P.- ¿Asusta caer en la parodia?

R.- Sí, ese era el principal miedo. ¿Cuántos chistes hemos oído sobre tartamudos? Lo afronté con mucha verdad y realidad. El personaje sufre desde el minuto uno hasta el final porque no quería que la gente se riera o le hiciera gracia.

P.- Tuvo algún episodio de tartamudez, ¿no?

R.- Sí, hubo un ensayo en el que me propuse estar las cuatro horas tartamudeando y llamé a mi madre y no podía parar. Ella trató de tranquilizarme, pero no podía arreglarlo. Aún lo pienso y me pasa un poco. Cuando llamé a un taxi, el conductor me dijo que si yo era el actor tartamudo. Se lo intenté explicar pero no pude.

P.- ¿Este personaje le ha hecho crecer?

R.- Personalmente, sí. Profesionalmente, creo que cada personaje va sembrando un poco, que se recoge después de un largo camino. No me esperaba una repercusión inmediata y que me fueran a llamar de otros sitios después de este papel. A mí lo que me gusta es hacer y jugar, porque la interpretación es un abanico de diferentes gamas de colores.

P.- ¿Cuál es, para usted, la moraleja de la obra?

R.- El nivel de superación que puede llegar a tener un ser humano, yendo a lo más sencillo. Históricamente, tiene otra importancia. Si el Rey Jorge VIpudo afrontar esa responsabilidad y declaró una Segunda Guerra Mundial, cómo no va a poder una persona normal.

P.- ¿En qué se diferencia la obra de la película?

R.- En el tono en el que está dirigido y narrado, porque el espectador que está en la décimo cuarta fila lo tiene que notar igual que el que está en primera. En el teatro hay que multiplicar las emociones. Además, yo no tengo la edad de Colin Firth, ni su perfil y su experiencia. Aunque tengo una apariencia más cercana al personaje. Cuando Magüi (la directora) me enseñó cómo era Jorge VI, me quedé alucinado del parecido brutal. En el teatro trabajamos desde el desnudo.

P.- Colin Firth consiguió el Oscar con esta película, ¿es algo que le impone?

R.- No. Yo no aspiro a galardones, el premio es trabajar en lo que me gusta. Mi responsabilidad es contar una historia de la forma más humana.

P.- En dónde se siente más libre, ¿en el cine, en la televisión o en el teatro?

R.- Depende de las riendas que te dé el director. A mí me encanta improvisar y jugar, siguiendo ciertas reglas. Magüi me dio mucha rienda libre para crear y probar. Hay que ‘cagarla’ para ir por el buen camino.

P. - Es usted como los actores americanos, canta, hace reír, llorar... ¿le ha ayudado esto a encontrar más papeles?

R.- Sí, sobre todo porque los musicales duran temporadas muy largas y ayuda a cubrir muchas disciplinas, el teatro, la danza y el canto.

P.- ¿A partir de ahora se centrará en el teatro?

R.- De momento, en lo que tenga. Si tienes suerte de poder elegir, está muy bien. Yo no creo que el teatro te dé más relevancia, para mí eso es una estupidez.

P.- Dicen que Valladolid es una plaza difícil de torear, ¿qué le parece?

R.- Me asusta. Yo estuve en Valladolid haciendo Hoy no me puedo levantar y la gente reaccionó genial. Pero vamos con El discurso del rey, no con algo raro.

P- ¿Qué sueños le quedan por cumplir?

R.- Muchísimos. Yo acabo de empezar en este mundo.

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