CULTURA
El Nachschlag trio camerata lleva a la calle música de salón
Y estas reflexiones vienen a cuento del concierto que dará el Nachschlag Trio Camerata en Emplazados Clásicos, el martes 4 de agosto, en el Atrio de la Iglesia de Santiago, desde las 21.00 horas.
«El trío clásico de cuerdas violín, viola y chelo es muy diferente al nuestro formado por violín, contrabajo y guitarra, precisamente por ésta, cuyo timbre le da un color especial al grupo, aunque tenemos que cuidar no taparla, y en mi caso me da más protagonismo, pues puedo cambiar de color como quiero, tengo más libertad que en un trío tradicional en que el empaste es tan importante».Así se siente la violinista de la Sinfónica de Castilla y León Cristina Alecu cuando toca en el Nachschlag Trio Camerata junto al contrabajo de la OSCyL Nebojsa Slavic y el guitarra Eduardo Pascual Díez.
Y ese gusto por la libertad la violinista lo ejemplifica con el Trío Nº1 en Re mayor de Antonio Ximénez. «El tema primero lo tiene la guitarra y luego lo toco yo, y aunque intentemos hacerlo parecido, los nuestros son instrumentos diferentes en timbre y color, lo que permite que cada uno sea protagonista», aclara Alecu.
Y estas reflexiones vienen a cuento del concierto que dará el Nachschlag Trio Camerata en Emplazados Clásicos, el martes 4 de agosto, en el Atrio de la Iglesia de Santiago, desde las 21.00 horas.
Los carteles anuncian La música del salón pasea por la calle y Alecu se sirve de ello para explicar sus objetivos. «Pienso que es un programa muy fácil de escuchar, la obras son cortas, fáciles de entender y van desde el barroco al siglo XX». Por eso, justifica la violinista, han «buscado obras muy famosas, como el Aria BWV 1068 de J. S. Bach o la Pavane Op.50 de Fauré, junto con otras que lo son menos». Y la intérprete pone de ejemplo Scheherazade de Kaps, «que gusta mucho, pues son cuatro danzas con un toque de música americana, del sur brasileño, muy divertidas, con el sonido propio del siglo XX», y el Tango de Jaime M. Zenamon, «que es también una obra muy especial».
Se hace un silencio y la violín se arranca con entusiasmo. «Bueno, todas son muy bonitas, pienso en la Sonata Op. 1 de Loeillet de Gant, que es barroca y tiene un tiempo lento, que con el violín puedo hacer un montón de cosas, y cuando la toco siento que logro crear más que en otras obras, pero todas me gustan y cada una tiene sus encantos», concluye una Cristina Alecu que asevera con énfasis: «¡Me gusta tocar al aire libre!».