Cultura
«Se necesita un titular con ilusión y experiencia, que se implique»
Entrevista a Jesús López Cobos, director emérito de la OSCyL. Con una espléndida carrera internacional a sus espaldas, el toresano, que sigue como asesor de la Orquesta Sinfónica a la que dirigirá en tres conciertos la próxima temporada, analiza en esta entrevista los retos inmediatos a los que se enfrentra la formación

Jesús López Cobos.-Carlos Alba
Jesús López Cobos (Toro, 1940), con una espléndida carrera internacional a sus espaldas, desde su papel de Director emérito de la Orquesta Sinfónica de Castilla y León trata de velar por la buena marcha de la orquesta. Es, por derecho propio, esa voz de referencia que sabe muy bien lo que necesita una formación como la OSCyL para no estancarse, mantenerse y progresar.
Antes de comenzar sus vacaciones y con la vista puesta en dirigir en septiembre Guillermo Tell de Rossini, ópera que curiosamente López Cobos nunca ha dirigido –«Cuando yo más ópera hacía no se programaba», dice–, reflexiona acerca de cuestiones relacionadas con el devenir de la Orquesta Sinfónica de Castilla y León.
Pregunta.– ¿Cuál es la personalidad sonora que desde su punto de vista identifica a la OSCyL?
Respuesta.– Hoy en día, el 99% de las orquestas no tienen un sonido propio, salvo la Filarmónica de Berlín y alguna rusa, porque han estado formadas por músicos de la misma escuela. Actualmente, hay mucha gente de distintas nacionalidades en una orquesta que provienen de muchas escuelas diferentes, por lo que no es como antes, cuando algunas orquestas eran definidas por su sonido.
P.– Entonces, qué características piensa que podrían atribuírsele a la Sinfónica.
R.– Creo que la Orquesta Sinfónica de Castilla y León se define por ser joven y tener un gran espíritu de trabajar en conjunto y mejorar. Además, está en dirección ascendente, y cuenta con un instrumento maravilloso que es la Sala Sinfónica del Centro Cultural ‘Miguel Delibes’, lo que ha hecho que la orquesta haya ganado muchísimo en estos últimos años en cuanto a cohesión y sonido.
P.– ¿Qué necesitaría para dar un salto cualitativo?. Disponer de un director titular, realizar giras, interpretar ópera…
R.– El número uno es tener un director titular y la orquesta está por la labor. Por lo que oigo hay posibilidades de que lo tenga, y es lo más importante. Esto propicia la estabilidad del trabajo.
Luego, por supuesto, que tenga una plantilla estable. En ese aspecto todavía hay cosas por hacer, pues ya sabemos que la orquesta, como muchas otras de toda España, ha tenido una crisis, no ha podido completar la plantilla, y cuando se han quedado plazas vacías se han rellenado con músicos suplementarios. Por lo tanto falta en ese aspecto estabilidad, pues es importante que los músicos que trabajan sean siempre los mismos. Esto ha mejorado en los últimos años, ya que se ha creado una bolsa de trabajo y se procura que sean los mismos músicos los que vienen, pero de todas maneras no son estables.
En cuanto al trabajo de foso es también bueno para una orquesta, porque le da una ductilidad que no tiene cuando se dedica sólo al trabajo sinfónico. Y en referencia a lo de salir de gira, salir de tu propia casa es bueno, pues es una forma de ponerse en competencia con otras orquestas, darse a conocer, y esto es muy positivo.
P.– Para usted, cómo sería el retrato robot ideal de un director titular para la OSCyL.
R.– El director que se adapta a este tipo de orquesta no debe ser ni excesivamente joven, que no tenga experiencia, ni lo suficientemente mayor para que venga simplemente a retirarse. Debe de tener experiencia e ilusión como para implicarse en el desarrollo de esta orquesta.
P.– ¿Qué valoración hace de los tres conciertos que va a dirigir en la próxima temporada de la OSCyL?
R.– Me hace mucha ilusión sobre todo el primero (que será los días 22 y 23 de octubre, con la integral de los conciertos para piano de Beethoven) con Javier Perianes, el mejor pianista español actual de la generación joven, aparte de Joaquín Achúcarro, que pertenece a una generación bien diferente. Perianes ha ido madurando muy rápidamente, y el hecho de que yo haya trabajado mucho con él, desde que empezó, me hace una especial ilusión.
Luego, el programa con Truls Mørk (será el 5 y 6 de mayo e incluye la Suite Peleas y Melisenda de Fauré, el Concierto para violonchelo, Op. 104 de Dvorák y Dafnis y Cloé de Ravel) es también muy atractivo, porque es uno de los grandes chelistas de hoy en día, con el que he colaborado mucho.
Y en el que intervienen la violinista Ana María Valderrama y el guitarra Rafael Aguirre, vamos a hacer una obra nueva, (se estrenó en Berlín) lo que es muy interesante. Concretamente Fulgores para guitarra, violín y orquesta, que está recién escrita por Lorenzo Palomo, y que además se va a grabar para Naxos. (Este concierto será el 11 y el 12 de mayo, y junto a la obra citada interpretarán Variaciones concertantes de Ginastera, Danzas Fantásticas de J. Turina y la Suite de danzas Estancia de Ginastera).
En lo referente al resto de la programación, me parece que goza de una gran diversidad, que cuenta con buenos directores y solistas, porque la orquesta tiene un nombre y les atrae venir. Una programación diversificada en cuanto a obras, que va a seguir abriendo el repertorio de la orquesta.
P.– Al margen de los conciertos que dirige, ¿cuáles son sus responsabilidades como Director emérito de la OSCyL?
R.– Más que todo el estar a disposición para lo que quieran en cuanto a consejos, consultas, como por ejemplo lo del director titular o el asesoramiento sobre determinados solistas que yo pueda conocer.
P.– En septiembre dirigirá por primera vez Guillermo Tell de Rossini en la versión en francés, un hito en su carrera, en la que ha dirigido tanta ópera.
R.– Lo espero con muchas ganas y con esperanza de que a pesar de la duración que tiene, más de cuatro horas, me coja fresco, que me cogerá, pues será después de las vacaciones.
P.- ¿Y cómo se plantea esos días de asueto?
R.– Pues simplemente busco que haya tranquilidad, sin música, sin coches, con mucho sol y mar, sobre todo mar.