Cultura
El MNE atrapa el desasosiego y la luz del genio
Reúne obras de El Greco, Murillo, José de Ribera y Diego Velázquez cedidas por el Prado o la National Gallery

Al fondo, ‘Pitágoras’, de José de Ribera, y ‘Un filósofo escribiendo o leyendo’, de atribución poco clara.-J. M. Lostau
Desde los ojos de maestros como El Greco, Murillo, Juan de Juanes, José de Ribera, Diego Velázquez o Francisco Ribalta, el Museo Nacional de Escultura se asoma desde ayer a los rincones más insondables de la mente, del alma incluso, para abordar por primera vez en una magna exposición aquello que Hipócrates vino a definir como la consecuencia de un miedo y una tristeza prolongada: la melancolía. Una muestra que evidencia «una falsedad histórica» que logró pervivir a lo largo de los siglos como «un hito de la cultura europea», en palabras de la directora del MNE, María Bolaños, comisaria a su vez de este Tiempos de Melancolía. Creación y desengaño en la España del Siglo de Oro, que permanecerá hasta octubre en el Palacio de Villena.
Ese hito, ese mito, se propagó desde la Grecia clásica durante muchos siglos en adelante hasta superar el Medievo. Siempre dispuestos los griegos a ordenar un mundo caótico con una estructura numérica en torno al cuatro –las estaciones, los elementos, los vientos...–, Hipócrates dedujo que las enfermedades humanas se ocasionaban por un desequilibrio en el cuerpo de los cuatro humores –la sangre, la flema, la bilis amarilla y la bilis negra–, capaces de condicionar el comportamiento humano –los citados humores generaban un temperamento sanguíneo, flemático, colérico y melancólico–.
Siglos después se demostraría la inexistencia de esa bilis negra, pero el discurso médico-filosófico de los clásicos ya había cuajado.
Tiempos de Melancolía recibe al visitante con una reproducción de la Alegoría de los cuatro elementos de Louis Finson, que da paso a los primeros grabados de Durero retratando los cuatro humores. El genio del Renacimiento creó una imagen mítica en la historia del arte: Melancolía I. «Lo representó como un ser alado que no puede volar, como abatido, con su mano en la oreja izquierda –se consideraba como un síntoma de la melancolía el dolor en el oído–, con un compás en la mano que no parece ser capaz de utilizar y mucho instrumental tirado por el suelo», explicó María Bolaños antes de la inauguración, en una visita guiada a la prensa.
El melancólico, así pues, era un ser que aspiraba a medir el mundo, a aprehenderlo, siendo a la vez consciente de la imposibilidad de lograrlo, lo que le producía una infinita tristeza.
Superada la visión medieval de la melancolía, que era concebida como un pecado que sembraba el desánimo y la pereza entre los hombres, el Renacimiento abrazó de nuevo a los clásicos como Aristóteles –autor de Problema XXX–, que sostenía que la melancolía era el comportamiento de los genios y grandes hombres de Estado.
«Se pone así de manifiesto esa relación y se habla de los artistas como de ‘creadores’, cuando era una palabra que se destinaba hasta entonces a la divinidad. Ahí se deja ver la importancia de Saturno, el astro de la inteligencia, capaz de introducir en la mente de los hombres los pensamientos más sublimes», recordó Bolaños junto al óleo de Rubens Saturno devorando a un hijo, prestado para la ocasión por el Museo Nacional del Prado.
La melancolía, que durante un tiempo fue el nombre dado a la locura, fue abordada en tratados médicos como los de Dioscórides (I) o Juan de Huarte (XVI), presentes en el Palacio de Villena junto a distintos instrumentos de la época, dado que la música se consideraba un buen bálsamo para aliviar tanta tristeza.
En el Renacimiento y el Barroco, ese temperamento típico de personalidades proclives al desasosiego –por el «saber que no se sabe», como advirtió Bolaños– se ve como una potente fuerza creadora. José de Ribera lo retrató en su aguafuerte El poeta, que se muestra en el Palacio de Villena frente a un autorretrato de Velázquez que llegará a Valladolid en fechas próximas. Les fueron asignadas también capacidades visionarias, tanto que el médico Alonso de Freylas escribió el opúsculo Si los melancólicos pueden saber lo que está por venir, presente en la muestra junto a varias tallas de sibilas.
La melancolía, sin embargo, también subyugó a la sociedad española del XVI y del XVII, cansada de guerras, pestes, bancarrotas y otras fatalidades... Brueghel el Joven plasmó en su Construcción de la Torre de Babel el «caos y la falta de entendimiento» de la sociedad. Artistas como Van der Hamen y León retrataron lo que consideraban simples «errores de la naturaleza», como el enanismo o el hirsutismo. «Fue una época de desengaño e incertidumbre. Existía la sensación de estar ante un mundo cambiante, ante una gran inestabilidad», advirtió María Bolaños ante un Heráclito sobre lienzo de José de Ribera.
Los efectos de la guerra se plasman también en toda su crudeza, ya sea en ese Dead soldier anónimo prestado por la National Gallery o en sendos grabados que evocan el saqueo de Amberes o el desastre de la Armada Invencible.
El perfil del melancólico, como muestra la exposición comisariada por María Bolaños, encajaba con la religiosidad de quienes «buscaban un aislamiento espiritual, manifestaban un gran desinterés por lo terrenal y aspiraban a un cierto conocimiento de lo absoluto», tal y como explicó la directora del Museo Nacional de Escultura. A través de óleos como el San Jerónimo penitente de José de Ribera, tallado también por Alonso Cano como un anciano abandonado cual eremita y casi postrado sobre la tierra, la muestra trata de medir la temperatura emocional y estética de la Contrarreforma.
Hasta la mismísima Santa Teresa abordó el fenómeno en su Libro de las fundaciones. «Ahora se usa más que suele, y es que toda la propia voluntad y libertad llaman ya melancolía», dejó escrito la abulense. Unas palabras que se reproducen en una de las paredes del Palacio de Villena junto a una Santa María Egipciaca de Luis Salvador Carmona y a una Magdalena penitente de José de Ribera.
La muestra se cierra con un capítulo que aborda la ‘Nada’, que recuerda la preocupación de los hombres por el paso del tiempo y por la muerte, representada en diversas naturalezas muertas y vanitas que hablan de la fragilidad y fugacidad de la vida.
Una vez abandone el Palacio de Villena, en octubre, Tiempos de Melancolía. Creación y desengaño en la España del Siglo de Oro se podrá contemplar del 4 de noviembre al 7 de febrero de 2016 en el Museo de Bellas Artes de Valencia, y del 2 de marzo al 11 de junio de CaixaForum de Palma de Mallorca.
La exposición ha sido producida por el Museo Nacional de Escultura en colaboración con la Obra Social de ‘La Caixa’. La muestra reúne obras de arte procedentes del Musée Ingres,la National Gallery, el Lázaro Galdiano, la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, el Museo de Bellas Artes de Valencia, el Museo Nacional de Ciencias Naturales o la Fundación Thyssen Bornemisza.
En torno a la muestra, y hasta que abandone el Palacio de Villena, el MNE ha programado conciertos –los tres primeros jueves de este mes–, talleres, proyecciones de cine o lecturas poéticas.