Educación
«Hay que conectar con el sector productivo»
Entrevista a Daniel Miguel, rector de la Universidad de Valladolid. Su caballo de batalla, una año después de que tomase las riendas de la institución académica, sigue siendo rejuvenecer la plantilla de profesores mediante de programas de ayudantes doctores y el retorno de los investigadores postdoctorales que se encuentran en el extranjero.
Daniel Miguel, rector de la Universidad de Valladolid.-Miguel Ángel Santos
Justo cuando se cumple un año de su desembarco como rector de la Universidad de Valladolid, Daniel Miguel mira para atrás para no cometer errores, observa el presente con expectativa y pone la vista en el futuro para dirigir, hacia el mercado laboral, a los alumnos de mañana.
Pregunta. - Lleva un año al frente de la Universidad de Valladolid. ¿Qué balance hace de este tiempo?
Respuesta. - Dentro de lo que cabe y las circunstancias en las que nos movemos, positivo. Conseguimos empezar bien el curso, con todos los profesores contratados, que no es ninguna broma, después de unos ajustes que hubo que hacer en cursos pasados, y yo creo que ahora la situación es de normalidad y quizá un poco de expectación, por ver como se desenvuelve el panorama externo, más que el interno.
P.- ¿Qué es lo que le hubiese gustado hacer a lo largo de este año y aún no ha podido?
R.- Estas cosas son más bien de carrera de maratón que de carrera de velocidad. A veces se toman medidas espectaculares al principio y luego hay que dar marcha atrás. Lo que hemos hecho es una toma de contacto. Quizá lo más interesante ha sido que tenemos buenas perspectivas en cuanto a las infraestructuras. Se han desbloqueado algunas que teníamos pendientes y no contábamos con ello porque el panorama estaba mucho más gris. Se desbloqueó la segunda fase del Campus de Segovia y el presidente de la Junta anunció que iba a desbloquear el famoso programa de los cien millones que estaba paralizado, y con eso podríamos terminar las infraestructuras que quedan por hacer como unos módulos que nos faltan en Soria y la remodelación de la sede Mergelina de Ingenieros de Valladolid para traernos todo lo que se hace ahora en Mendizábal.
P.- El día de su investidura afirmaba que era necesario incorporar profesores jóvenes cuanto antes para relevar a plantillas cada vez más envejecidas. ¿Cómo va el proceso?
R.- Hemos por sacar programas con la figura de ayudantes doctores, que es la vía idónea para entrar en la Universidad, lo que pasa es que tenemos problemas presupuestarios, no porque no tengamos dinero sino porque tenemos limitaciones externas, tenemos un techo de gasto. Lo que podemos gastar en profesorado está fijado por el Gobierno regional. Todo consiste en hacer un sudoku muy costoso, pero estamos intentando apostar por contratar gente joven en los departamentos donde son necesarios. Y vamos a intentar sacar algún programa donde la plantilla está más envejecida.
P.- Habló también de la necesidad de contar con un plan de rescate para que los grupos de investigación no desaparezcan. ¿Cuenta con él?
R.- Tampoco es fácil eso. La Universidad no dispone de fondos para investigación. Lo que hacemos y lo que vamos a sacar, que ya está negociado, es un programa para contratar investigadores postdoctorales. Gente que ha hecho la tesis, ha estado en el extranjero y tiene ya un cierto currículum y poder incorporarlos a grupos de investigación. El programa ahora es modesto porque las restricciones presupuestarias son importantes. Hay que apoyar a los investigadores para que soliciten proyectos, que es lo más importante, porque las vías de financiación de la investigación no son directamente de la Universidad, que no recibe dinero, es lo que sus investigadores puedan captar.
P.- ¿Cómo ve el futuro de la investigación en la UVA?
R.- Es prometedor porque hay gente muy bien formada. Quizá hay un problema, como en el profesorado, de envejecimiento. La reincorporación después de la etapa doctoral es difícil porque los únicos programas para hacerlo son el Ramón y Cajal y el Juan de la Cierva, por eso estamos intentando lanzar un programa de investigadores postdoctorales para los que ya están formados.
P.- Empresa y universidad, universidad y empresa. Un tándem que todos desean que funcione pero que no termina de despegar. ¿Por qué?
R.- Es difícil. Durante muchos años los incentivos en las universidades han ido a la investigación fundamentalmente. Desde hace muy poco estamos hablando de la transferencia y de potenciarla. De manera que para ver los frutos hay que esperar unos años. No tenemos tampoco un tejido industrial que sea capaz de recibir inmediatamente todos los avances tecnológicos. Nuestra industria no es como en Alemania. Con esas limitaciones estamos trabajando. Una cosa que hemos intentando hacer este año, que todavía no se ven los frutos, pero que estamos en ello y espero que se vean, es reorganizar todos nuestros instrumentos para la transferencia. Tenemos la Oficina de Transferencia de Resultados de Investigación y la Oficina de Patentes, y por otro lado, el Parque Científico. No es algo de hoy para mañana. Los frutos se verán más adelante.
P.- ¿De quién es la culpa?
R.- Yo no echaría la culpa a nadie. Los incentivos hasta hace poco eran para investigación, había que publicar para poder ser acreditado, y la transferencia no estaba contemplada, de manera que los investigadores estaban enfocados a su carrera académica y las empresas a producir. Tenemos que tener en cuenta que el tejido empresarial en nuestro entorno más inmediato es de pequeñas y medianas empresas, no empresas grandes que hagan mucho I+D.
P.- Los empresarios se quejan de que en la universidad no se imparten las materias adecuadas para dar respuesta a sus necesidades...
R.- Tienen razón en quejarse. Pero el mandato que hemos recibido hace unos años es hacer grados generalistas y no especializados. La tarea de especializarse vendría más por másteres y títulos propios. Eso tendríamos que hacerlo en colaboración con las empresas, que deberían implicarse. No sé si la mitad, pero una buena parte de las enseñanzas deberían decirnos qué tenemos que hacer.
P. - ¿Quizá sería necesario ampliar las prácticas y disminuir la teoría?
R.- Todo depende del nivel de formación que requiera después la inserción laboral. En Alemania contratan un montón de doctores e ingenieros, y eso es hacer grado, máster y doctorado. Las empresas en Alemania hacen mucha I+D y les resulta conveniente y muy rentable contratar doctores. En España, quizá, no estamos a ese nivel. Pero una enseñanza eminentemente práctica tampoco es conveniente. En las ciencias si sólo hay prácticas nos quedaremos con una Formación Profesional avanzada y no científica. No hay investigación aplicada importante y rentable si no hay una investigación fundamental sobre la cual sustentar la investigación aplicada.
P.- Los rectores de las universidad públicas de Castilla y León, al igual que otros muchos de España, mostraron su rechazo a decreto que flexibiliza el mapa de universidades y recorta a tres años los grados. ¿Se sienten ninguneados por el Gobierno?
R.- Nosotros advertimos de que eso podría traer mucha confusión y que no era el momento, pero aún así el Ministerio siguió adelante. Los rectores firmamos una moratoria y más o menos se está cumpliendo formalmente y no tengo constancia de que se esté tramitando ninguna modificación de la duración de los grados ya existentes. No sé lo que pasará de aquí a unos meses, estamos todos un poco a la expectativa, pero está claro que hay razones para poner tres más dos o cuatro más uno. Soy partidario de que los másteres no cuesten más que los estudios de grados, deberían tener el mismo precio. El precio supone una barrera psicológica. Si el mensaje que se manda es que con tres años ya se puede ir a buscar trabajo sabiendo como está el mercado, no me parece muy acertado. Es un poco cruel con los estudiantes. Un licenciado se coloca mejor que alguien que no tiene un título y un doctor muchísimo mejor. Pero para alcanzar esos niveles de formación hay que invertir dinero y esfuerzo personal.
P.- El Consejo Social le pedía hace unos meses a la UVA que fuese menos dependiente y que intentase obtener ingresos alternativos. ¿Se han puesto manos a la obra?
R.- Llevamos mucho tiempo en eso, pero no es fácil. Nosotros no podemos directamente entrar en el mercado porque siempre surge el fantasma de la competencia desleal. Tenemos que hacer las cosas con cuidado y que no supongan una distorsión en el mercado. Hay que tener las ideas claras y una normativa para no comportarse de manera desleal con el mercado porque sino acabaríamos produciendo rechazo.
P.- ¿De dónde podría sacar dinero la universidad para financiarse?
R.- Hace poco leía que un exalumno de Harvard había dado 400 millones de dólares y que era un récord que superaba a otra familia que había donado el año anterior 350. Aquí no pasa. Lo que tenemos que hacer es conectar con el sector productivo, con la vida real. Tenemos buenos grupos de investigación y dotación de instrumentación, pero hay que dar el siguiente paso. Aplicar eso. Hasta ahora el investigador tenía que elegir: o hacía investigación fundamental y conseguía publicaciones y ese tipo de méritos, o hacía investigación aplicada, entonces tenía otro tipo de retornos. Era difícil hacer las dos cosas. Lo que se trata es que se reconozca también la transferencia como un mérito en la carrera académica.
P.- Recomendaba además este órgano analizar la oferta y la demanda de titulaciones. ¿Sobran carreras o hacen falta nuevas?
R.- Titulaciones nuevas hacen falta seguro, porque la sociedad cambia mucho y los requerimientos, también. Titulaciones necesitaremos y tendremos que pensar. ¿Si sobran otras? Yo no diría tanto. Aquí no sobramos nadie. La cuestión es enfocarlo bien, especializarse y que cada uno tenga su tarea que hacer y que lo haga bien. Hay que pensar en ello pero tiene que ser a nivel global. De poco sirve que esta universidad intente hacer un esfuerzo, que siempre es costoso y produce descontentos y disgustos, y que a nivel de la región o del Estado no se haga. Eso tiene que ser un enfoque global que todos veamos qué queremos, dónde queremos llegar y tomemos las medidas. Habría que hacer una especie de plan estratégico de la educación en España de adónde queremos ir.
P.- ¿Es sostenible una carrera con 8 ó 10 alumnos?
R.- Depende. En algunos casos, si tenemos el profesorado, se puede impartir. No se puede juzgar sólo por el número de estudiantes. Hay movimientos pendulares. Una de las carreras con más demanda y que ahora mismo se coloca todo el mundo es Matemáticas. Durante unos años también fue Estadística y se daba la paradoja de que dos de las carreras con más empleabilidad venían muy pocos estudiantes. Ahora esto ha cambiado un poco, ha subido. Hay vaivenes y la gente va hacia otras cosas que se ponen de moda, más nuevas o más atractivas sobre el papel. Pero las carreras fundamentales, las Ciencias y las Humanidades hay que mantenerlas. No pueden desaparecer. Seguro que un titulado bien formado en cualquiera de esas ramas siempre encuentra su camino.
P.- ¿Hacia donde quiere encaminarse la Universidad de Valladolid?
R.- Lo que se trata es de modernizar las estructuras y ser más ágiles para cumplir con nuestras tareas. No lo tenemos fácil porque con los recortes de los últimos años y las dificultades de contratar profesorado estable con las tasas de reposición... No es cuestión de dinero, económicamente no estamos mal pero no podemos emplearlo exactamente como nos gustaría por las limitaciones que hay de la Ley de Presupuestos. Saber dónde queremos ir sí tenemos una idea clara, otra cosa es cómo hacerlo en las circunstancias actuales. Tengo la sensación de que estamos achicando agua del bote procurando que no se nos hunda. Quizá es una visión demasiado pesimista pero espero que esto cambie pronto porque si no va a ser muy malo para la Universidad.
P.- ¿Qué carrera ve necesaria en Valladolid pero no la ofertan?
R.- No soplan buenos tiempos ahora para más carreras cuando hay unos vaivenes en los estudiantes. Sí que hay algunas pero esto es como los proyectos de los actores que si hablan de ellos se gafan. Aquí poner las cartas sobre la mesa es contraproducente cuando estamos diciendo que no es razonable que se repitan titulaciones en universidades a 120 kilómetros de distancia. Hay que ver qué es posible y cuáles son las probabilidades de tener éxito antes de lanzar nada porque además crea muchas expectativas y luego produce frustración si no se consigue.
P.- Hace unos días usted mismo alertaba de que había un elevado número de alumnos en Educación por la falta de empleo para ellos. ¿Qué carreras tienen salida en la actualidad?
R.- Las ingenierías, las Matemáticas, las ciencias... vuelven a tener importantes tasas de empleo. También es cierto que, probablemente, alcancen esos porcentajes de empleo porque durante los últimos años ha habido pocos estudiantes en esas carreras y la bolsa se autorregula. Tenemos que pensar estratégicamente cuántos estudiantes podemos atender bien y cuál es la mejor manera de proceder para no tener estos movimientos de péndulo que unas veces sobran alumnos u otras faltan.
P.- ¿Son necesarias tantas universidades generalistas en la Comunidad?
R.- En Castilla y León hay dos universidades que vienen del siglo XIII y son generales por definición. No lo hemos pretendido. A la universidad se han ido incorporando cosas que antes no eran universitarias como la escuelas de Educación, Comercio, las de Perito, Enfermería... Quizá es cuestión más del Ministerio, que en vez de dar decretos de flexibilizar debería encarrilar. Por un lado nos dicen no, libertad, cada uno lo que quiera, y luego nos ponen tasa de reposición, techo de gasto... Dicen que hay que competir pero luego para acreditar los grados hay que sufrir un proceso regido formalista tremendo. ¿Esto es una carrera o hay que ir marcando el paso? ¿Qué nos van a puntuar? ¿El que llegue antes o el que haga más bonito el paso de la oca? Esto no está claro. Nos dicen cosas contradictorias. Hay que procurar seguir haciendo las cosas bien a pesar de lo que llueve.