Cultura
El realismo naturalista de los dibujos de Eduardo Palacios impregna de misterio el Monasterio de Santa María de Valbuena
El pintor riojano reúne en la Sala de Trabajos del recinto 14 dibujos a lápiz de gran formato y un óleo en color que “resume y condensa el resto de piezas”

Exposición 'Eduardo Palacios' en el monasterio de Santa María de Valbuena (Valladolid)-ICAL
La Sala de Trabajo del Monasterio de Santa María de Valbuena, un recinto románico cuya armonía de líneas roza la perfección geométrica, acoge hasta el próximo 27 de septiembre quince obras del pintor riojano afincado en Ávila Eduardo Palacios. Con ellas, el artista sumerge al espectador en un viaje etéreo, casi onírico, por una realidad preñada de misterio, que plasma con una mirada naturalista sobre objetos cotidianos de su entorno más cercano e íntimo.
Bodegones, simples percheros o una habitación que amanece con el desorden propio de las existencias a las que brinda cobijo son algunas de las escenas cotidianas que Palacios ha plasmado en los catorce dibujos a grafito y lápices de colores, donde añade con suaves tonos pálidos destellos de color a los objetos y personas que pueblan sus obras. La pequeña pero intensa exposición se cierra con un óleo de dos por dos metros que, en palabras del pintor, “resume y condensa el resto de piezas”.
Antes de llegar a esa coda final, los visitantes pueden disfrutar con imágenes cotidianas como un sencillo aparador repleto de botes vacíos de cristal, con los pinceles en asomando en pleno reposo; rememorar los dibujos que sirvieron de base para los carteles de las exposiciones de Las Edades del Hombre en Oña y en Aranda de Duero ('Monacato' y 'Eucharistia', respectivamente); perderse en las miradas simétricas de padre e hijo o madre e hija; o celebrar los afortunados guiños que el riojano lanza a maestros cómplices como Zurbarán, Velázquez o Antonio López.
La muestra se completa con el número 5 de los Cuadernos de Arte en Santa María de Valbuena editados por la Fundación de Las Edades del Hombre, un volumen dedicado a la exposición y donde las reproducciones de las obras conviven con haikus creados ex profeso por el secretario general de la Fundación, Gonzalo Jiménez.
El propio Jiménez advirtió instantes antes de inaugurar la muestra que, con ella, la Fundación abre “una nueva etapa expositiva”, después de haber albergado piezas de Venancio Blanco, Florencio Galindo o José María Mezquita, en la que buscarán “fomentar la creación religiosa contemporánea en torno a cualquier tema, sin olvidar la creación religiosa contemporánea”. Tras aplaudir la “firmeza”, la “decisión” y la “gran calidad en la ejecución” de Palacios, destacó la “importancia y la verdad que la obra en papel puede alcanzar a pesar de su enorme fragilidad”.
La verdad y la melancolía
También intervino en la presentación el pintor Luis Mayo, que recalcó la “verdad” que encierran esos dibujos, antes de apuntar que “Eduardo ha creado un mundo propio a partir de la mirada de lo que vemos cada día”. Asimismo explicó que “también enlaza con el realismo del pasado y con el barroco”, subrayó los simbolismos que esconden sus obras e hizo hincapié en su “conexión con la espiritualidad castellana y con el realismo del futuro”.
Por su parte, el director de 'El Norte de Castilla', Carlos Aganzo, que también firma un texto en el catálogo, se refirió al “misterio de no decir diciendo” que destilan las obras de Palacios. “Desde siempre, su pintura no es lo que parece, y guarda detrás otros mundos”, sentenció antes de emparentar las obras que configuran la exposición con el legado de José de Ribera o con 'Melancolía', la película de Lars von Trier.
Aganzo se refirió a “la humildad del dibujo, en blanco y negro, y presidido por el despojamiento que domina en arte cuando es bueno, en el que cuantas más cosas quitas más cosas permanecen”. Además, tuvo palabras de elogio para el “poeta secreto” Gonzalo Jiménez y citó a Rilke para asegurar que, en esta exposición, “los dos mundos interiores” de Palacios y Jiménez “confluyen y chocan para crear una gran sensación de melancolía”. “Victor Hugo decía que la melancolía es la felicidad de saber que estás triste, y esa fuerza está en estos cuadros y en estos haikus”, remachó.