Cultura
Mena guía a la OSCYL por el berlioz más enigmático
Interpretará también hoy y mañana la grandiosa ‘Peleas y Melisenda’, de Schönberg

Juanjo Mena, en el Auditorio de Valladolid.-J. M. Lostau
La agenda del director Juanjo Mena es una lista interminable de ciudades, grabaciones y orquestas. Le esperan los PROMS de la BBC, la Pittsburgh Symphony, la Gala Nielsen, dirigir en un día las seis sinfonías de Tchaikovsky en Madrid, estrenar una obra en Manchester, seguir al frente de la Filarmónica de la BBC y, como regalo de cumpleaños, dirigir a la Filarmónica de Berlín.
Ahora, a Juanjo Mena le absorbe su compromiso con la Orquesta Sinfónica de Castilla y León, con la que interpretará Harold en Italia, de Berlioz, y Peleas y Melisenda, de Schönberg. «Estamos hablando de las obras de dos innovadores, adelantados a su tiempo; la de Berlioz es una partitura extraña, de alguien que está buscando ideas para llegar de otra forma al público y que actualmente no se toca muy a menudo». Hoy y mañana, en el Auditorio de Valladolid, será la primera vez que la interprete la OSCyL.
El viola solista Roberto Díaz apunta las peculiaridades de esta obra. «No es un concierto tradicional del periodo romántico con el solista como protagonista, es una sinfonía programática». «El papel de Harold, de la viola –prosigue Díaz–, se suma a la orquesta y ésta es la razón por la que Paganini al recibir la partitura no quiso tocarla, pero tras escucharla cambió de opinión pues es una obra fantástica».
Mena cambia de tercio y saca a relucir las dificultades de Schönberg para dar a conocer Peleas y Melisenda. «Luchó muchísimo para que esta obra, que podemos colocar en un segundo expresionismo, se tocara; pasó penurias económicas mientras trataba de darla a conocer, en una época en la que quizás ganaba más por lo que pintaba que por lo que componía», advierte el director mientras la califica como «una obra difícil, aunque no sea del Schönberg atonal, basada en una historia de amor bellísima, con temas en los que se reconoce a Wagner, a Strauss, o sea, la culminación de todo ese sinfonismo».
Y ante tan gran partitura el director descubre cómo se plantea su labor, que basa en la fidelidad a la partitura, mientras la muestra plagada de apuntes y subrayados: «El lunes planteé un ensayo más de cuestiones técnicas que no funcionaban, que los músicos se impregnaran de la obra; y el martes, la progresión había sido muy grande y empecé a explicarles los diferentes temas».
CLAVES
Unos métodos de Mena que éste ejemplifica: «El de Peleas es el chelo, el de Melisenda es la viola, el giro de los vientos en tresillos significa la pérdida del anillo de Golaud, el marido de Melisenda, lo que supone para ella el principio del fin, su enamoramiento de Peleas, y la futura muerte de ambos». A Mena le gustaría, como se hace en América, dirigirse al público y poder decirles: «¿Oyen el tema de la muerte de Peleas y cómo vuelve a surgir el de la pérdida del anillo?, pues con esto Schönberg quiso decir que anteriormente algo se hizo mal».
Ante tantos compromisos como los citados al inicio, Juanjo Mena considera que al llegar a sus cincuenta años va a comenzar su «mejor época», pues no cree tanto en la moda de los jóvenes directores, como en que «lo necesario es tener un bagaje». El antídoto ante la fatiga lo tiene en Vitoria con la familia, en donde cuando recala «lleva a sus hijos al colegio, planta en la huerta, y hace la comida».