Cultura
Entre circos y palomares
El artista presenta durante este mes dos exposiciones, una sobre el circo en el Café Coco y ‘Paisajes de la tierra llana’ en la Galería Lorenzo Colomo

Manuel Sierra con algunos de los cuadros que expone en la galería Lorenzo Colomo-J. M. Lostau
Dos exposiciones que nada o casi nada tienen en común salvo que han sido creadas por el pincel de Manuel Sierra se asoman este mes desde dos espacios muy diferentes. Una lo hace en el café Coco, en la plaza Federico de Wattemberg, con un tema recurrente desde hace años para el artista leonés como es el del circo. La segunda se presenta en la galería de arte Lorenzo Colomo, en la calle Macías Picavea, bajo el título Paisajes de la tierra llana con el campo castellano como hilo conductor.
Circo y paisajes bajo la firma personal, narrativa y colorista de este artista leonés afincado en Simancas desde hace ya varios años.
A vueltas con el circo podrá visitarse hasta el 1 de junio en el Coco Café. Aunque los lienzos han sido realizados entre 2007 y 2013, Sierra confiesa que la fascinación que siente por el mundo del circo se remonta a muchos años atrás. «Tenía cerca de veinte años cuando comencé a trabajar en una compañía de circo. Vendía entradas, montaba las carpas... Recorrí junto a ellos media España y el mundo del circo empezó a atraparme. El circo es como una burbuja, como un microcosmos donde, como en los cuentos, todo es posible», señala.
Sierra explica que cada seis o siete años siente la necesidad de «aterrizar» en el mundo del circo. «Regreso a este terreno por una fuerza incontrolable, con una urgente necesidad de volver a pintar sus criaturas», dice.
Amazonas y acróbatas saltando al vacío conviven con personajes circenses más complejos imbuidos de un aire surrealista que ponen de manifiesto una evolución del pincel del artista que ha desembocado en un circo «concebido como una especie de ‘parada de monstruos’ de criaturas híbridas e inexplicables, de seres que, a la vez, son sueños, pesadillas y obsesiones», dice.
Sus cuadros son un canto a «la agilidad de los cuerpos y a la expresividad de los ojos» con una paleta muy luminosa que, en algunas ocasiones, «se vuelve más oscura porque el circo también tiene a veces un poso triste que se esconde detrás del mundo de lentejuelas».
Si Manuel Sierra evoca los recuerdos de su juventud con esta exposición en torno al circo en la que predominan los colores, las luces y sus gentes, el campo vuelve a convertirse en el foco de trabajo de los lienzos que presenta en la Galería Lorenzo Colomo bajo el título Paisajes de la tierra llana. Paisajes silenciosos y deshabitados. Un «reducto de paz y un refugio» para el autor realizados con un lenguaje muy sobrio. Sierra juega en esta ocasión con los cadmios, los ocres y los sienas. A veces aparece un palomar, otras veces la torre de una iglesia emergiendo de un campo de trigo como parte del vasto horizonte de Tierra de Campos bajo unos cielos de oro que reflejan el tiempo de la cosecha. Una Castilla llana y dorada que transmite silencio y calma.
«En los mares de mies, los palomares se convierten en faros que proyectan la sombra y no la luz», dice Pedro Piedras Monroy en el texto que sirve de presentación para esta exposición.
El artista se recrea con paisajes y palomares, pero también presenta algunos lienzos con «habitaciones abiertas que invitan a traspasar el alfeizar y mirar la inmensidad del campo».
«Son cuadros deshabitados pero que necesitan estar habitados por el que los mira. Detrás de cada obra hay una petición para que, en cada uno de los paisajes, el espectador encuentre su sitio». Todos tienen el reconocido sello de Sierra y han sido creados expresamente para esta exposición. En ellos, introduce elementos cotidianos que reconocerá el seguidor de la obra de Sierra como un vaso de agua, una taza de leche o un pan.
«Todo es un reflejo de lo que tengo en mi cabeza y que explosiona».