Solidaridad
Lechazo churro y merluza para los más necesitados
El comedor social sirvió cada día 135 menús en Nochebuena y Navidad a personas sin recursos

Asistentes a la cena de Nochebuena en el comedor social municipal acceden el miércoles a las instalaciones-P. REQUEJO
Si no fuera porque el calendario marca el 24 de diciembre y también el día de Navidad, y porque en estas dos fechas el menú es mucho mejor que lo habitual, apenas se notaría algo especial en las personas sin recursos que acudieron a la cena de Nochebuena y la comida de Navidad, ya que no deja de ser su rutina diaria en la mayoría de los casos.
Las comidas navideñas, concretamente en lo que se entendía como una fiesta de solidaridad, han cambiado desde hace unos años en el comedor social de Valladolid. Ya no hay voluntarios, ni está el coordinador de todos ellos, el comerciante vallisoletano José Manuel Arévalo. Tampoco donaciones de carnicerías y pescaderías.
Ahora es todo profesional, a base de trabajadores de la contrata Scas. No se admiten preguntas, ni fotos de los preparativos. Ni mucho menos de los comensales. Los banquetes de Nochebuena y Navidad, siempre sin alcohol, se sirven a la hora y son buenos y generosos. Es verdad. Pero falta el alma que tenía antes, según los usuarios.
«Ahora no está mal, pero yo prefería la época en la que estaba Arévalo. Era más cálido», aseguró Julio García Moyano, de 81 años. ‘Julito’, como le llaman sus compañeros de mesa, vive en un piso compartido y frecuenta todo lo que puede el comedor social. Por esta razón, este antiguo pastor de Muñosancho (Ávila) no le da especial relevancia a sentarse a comer en Navidad. «Cobro algo y por esta razón me quitan de venir diez días al mes», explicó, misterioso.
El comedor social preparó 135 menús, los mismos que en Nochebuena. Ayer tocó merluza con gulas y gambas. En la cena del día 24, lechazo churro. Casi todos los comensales fueron varones en paro de 35-50 años. La mitad de ellos extranjeros. P., habitual del comedor, explicó que no tiene otra opción tras quedarse sin trabajo, divorciarse y con un niño al que tiene que pagar la manutención.
Un caso parecido al de Fernando, quien hace cuatro años trabajaba como camarero en un conocido bar de la zona de San Miguel y ahora, a los 49 años, está en el paro y malvive con un subsidio en una habitación alquilada. Cristina, una vallisoletana de 27 años, que trabajó en Panrico y en una peletería, confesó que ya solo queda el subsidio y el comedor.