Diario de Valladolid

LA ESPUELA: NINA REGLERO

«Rajoy no es convincente porque no cree su papel: habla por textos de otro»

Se formó como actriz y cineasta. Lleva media vida jugando, improvisando y disparando emociones. Se considera pesimista, pero ha aprendido a ponerse en modo zen. «Consiste en no comerse mucho el coco con el drama», cuenta

Nina Reglero, Directora artística de Rayuela Producciones Teatrales-Pablo Requejo

Nina Reglero, Directora artística de Rayuela Producciones Teatrales-Pablo Requejo

Publicado por
Esther Neila
Valladolid

Creado:

Actualizado:

Combina la acción teatral con la enseñanza. Fue profesora en la Escuela de Arte Dramático y le gusta explorar el talento joven. Ahora, dirige a un grupo multidisciplinar de artistas en el proyecto La Nave.

Pregunta.- ¿Llamaron Rayuela a su compañía en homenaje a Cortázar o por una noche de desenfreno?

Respuesta.- ¡No, no! Fue por la novela y por el juego de los niños. Siempre hemos trabajado teatro infantil y de adultos a la vez. Los nombres de las compañías tienen sus modas. Al principio todas tenían la sílaba ‘ca’ o eran Teatro de Nosequé. Luego se llevó añadir un número al nombre.

P.- ¿Esta crisis está obligando a las compañías a tocarse los bolos?

R.- Totalmente. Siempre hemos estado al filo de la navaja, sobre todo las compañías que nunca tuvimos una pretensión económica sino creativa. Los que no tenemos músculo financiero –porque lo que ganábamos era para pagar a actores y reinvertirlo en la siguiente producción– ahora estamos sin reservas.

P.- Lorca consideró el teatro como «uno de los más útiles instrumentos para la edificación de un país y el barómetro que marca su grandeza o su descenso». ¿Cuál es el coeficiente de España?

R.- El barómetro de la gente está altísimo –por eso va al microteatro, el Calderón se llena y las actuaciones de calle son un éxito–, pero la política mira hacia otro lado. No es normal que se haya liberado el IVAde las flores y no el de la cultura. Existe presión para cerrarnos las ventanas. Y lo sentimos como un castigo.

P.- ¿Por haber sido ‘los de la ceja’?

R.- Eso se ha dicho siempre. Yo creo que no perdonan el ‘no a la guerra’. Pero no hay que olvidar que el teatro hace pensar a la gente, combate el pensamiento único. Y eso es peligrosísimo para los gobernantes.

P.- Pese a todo, ¿el teatro sobrevivirá porque es el único arte que no se puede piratear?

R.- La expresión artística, y así lo demuestra el teatro amateur, tiene una salud de hierro. Y la va a tener siempre. Lo que no puede ser es que los profesionales tengamos que trabajar en otra cosa para vivir. Si estoy trabajando en Vodafone o Jazztel no puedo dedicarme a ensayar, a aprender nuevas técnicas... Tenemos la generación mejor formada en las artes escénicas, pero los actores y los directores también se van a otros países, como los investigadores.

P.- Con Dogville ganaron un Premio Max. ¿Puede la realidad ser tan perversa como la ficción?

R.- Todos podemos tener un poco de Dogville, sobre todo en estos momentos de crisis. Ante el miedo, los grupos tienden a protegerse y ejercen control hacia el individuo. Lo hemos visto estos días con los ultras del fútbol:individuo sanos cuya capacidad de decisión ante una injusticia se diluye dentro de un grupo. Lo mismo sucede con los casos de bullying, los grupos racistas u homófobos… Es triste pero es el ser humano es bastante gregario.

P.- Ahora está centrada en un proyecto de formación de jóvenes. ¿Qué le aportan?

R.- Hemos creado en el Calderón La Nave, un proyecto para músicos, escritores, diseñadores, actores... Juntarnos es una bomba, porque tienen unas ganas bestiales y carecen de ambición económica. Es pura necesidad creativa.

P.- En tiempos de déficit de optimismo, ¿es más necesaria la comedia o un realismo que dispare a las conciencias para movilizarlas?

R.- Un poco todo. Hay gente que necesita hablar de lo que está viviendo y verlo reflejado en el teatro. Y luego hay gente que prefiere diversión y comedia. Podríamos decir que unos son espectadores integrados y otros, apocalípticos. O que hay momentos en que el cuerpo te pide una cosa u otra.

P.- Como directora de escena, ¿es muy mandona?

R.- Lo soy organizando los equipos. Trabajas con estrés y hay que tomar muchas decisiones y muy rápidas.

P.- ¿Y en su vida personal?

R.- Pues seguramente.

P.- ¿Qué es más difícil de romper, la cuarta pared o el techo de cristal?

R.- El techo de cristal. Vas poco a poco, pero siempre hay una oportunidad mayor para un hombre. Y eso que hemos avanzado muchísimo. En España también hay directoras de teatro, pero no son tan visibles.

P.- Se declara obsesiva de la música. ¿Qué banda sonora le pondría al momento actual?

R.- Igual es una estupidez, pero diría En un mundo nuevo, de Karina. Este país recuerda al momento vintage de los años 70 y 80, a aquella especie de paletismo bonito y tierno. Tampoco había mucho dinero pero se vivía en una especie de ingenuidad positiva, de avanzar hacia adelante. Y eso está pasando ahora. Hace dos años estábamos bloqueados, no sabíamos hacia dónde tirar. Pero ahora me gustaría pensar que tenemos la esperanza de que las cosas cambien para hacer realidad los sueños.

P.- Como pedagoga teatral, ¿que consejo le daría a Rajoy?

R.- Madre mía. Es que no es convincente, porque no se cree su papel. Si le miro como personaje veo que habla por textos de otro.

P.- ¿De quién?

R.- De sus intereses económicos y políticos en cada momento. Hace juegos de palabras que no van a ningún lado, como buen gallego. Eso le sujeta, pero no hay verdad en lo que dice. Aburre. Y las personas que aburren son muy peligrosas, porque no te señalan lo que cuentan:te lo van colando. Es como un mensaje subliminal que te va durmiendo.

P.- Su película fetiche es Sacrificio, de Tarkovski. ¿Quemaría su casa por salvar al mundo?

R.- Sí, no tengo apego a lo material. Pero no podría desapegarme de mi pareja o de mi familia.

P.- ¿Vive en un pueblo por convicción o para huir de algo?

R.- Supongo que por las dos cosas. Mi calidad de vida reside en la tranquilidad. Voluntariamente no trabajamos en Madrid, una ciudad de la que salgo pitando.

P.- Fue una de las damnificadas por la riada en Viana de Cega. ¿Al no poder tirar la casa por la ventana decidió saltar por ella?

R.- ¡Fue muy emocionante salir por la ventana de tu casa en una barca! Estábamos dormidos y no nos enteramos de nada. Cuando oí los helicópteros me levanté y vi que tenía el mar en mi casa. Fue un shock vernos en la orilla sin abrigos, sin gafas, sin zapatos... desde entonces dejo ese kit de supervivencia en la habitación.

P.- ¿Cómo es vivir con un escenógrafo? Le cambiará los muebles de sitio todas las semanas…

R.- No, que va. Carlos es escenógrafo, pero también actor, pintor, escritor, director de escena, técnico... Mi mundo es el piso de abajo y el suyo, el de arriba, donde tiene sus trastos, su música y sus cosas. Llevamos tantos años haciendo teatro como de pareja. Y la relación es estupenda.

P.- ¿Alguna vez se ha sentido como Ahab en Moby Dick, persiguiendo a una ballena blanca?

R.- ¡Siempre! Es el sino creativo. Siempre vas buscando algo que no vas a alcanzar jamás.

P.- Entonces, vive asomada al abismo.

R.- Sí, soy consciente. A medida que vas teniendo opciones y consigues tus sueños buscas otro objetivo, otra fuga... otro faro. Otra ballena blanca que perseguir.

P.- ¿Qué prefiere:cronopios, famas o esperanzas?

R.- Esperanzas. Aunque es contradictorio, porque me gusta ser apocalíptica. Al menos como directora, me gusta romper la comodidad del espectador, algo que le arañe. De hecho, a veces provoco emociones que no me gusta sentir como público.

tracking