Diario de Valladolid

La Seminci, seña de identidad y de Castilla y León con pleno arraigo

Fachada del teatro Calderón con el cartel de La SEMINCI.

Fachada del teatro Calderón con el cartel de La SEMINCI.JUAN GARCÍA

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La Seminci no sólo es uno de los mejores festivales de cine de España y uno de los más reconocidos de Europa. Se lo ha ganado con constancia y solvencia. Es además una seña de identidad indudable de Castilla y León y goza de más arraigo que cualquier gobierno de cuantos ha habido en la Junta, consejeros incluidos. Con esta son ya 71 ediciones de orgullo de una ciudad, Valladolid, que lo creó, lo mima, lo acoge y los presume. Atacar o cuestionar a la Seminci es atacar a esa parte del orgullo de una ciudad, que presume de un evento que le otorga carácter internacional durante un buen puñado de días. Cada cual sabrá a qué juega en medio de un proceso electoral, donde cualquier sensibilidad está a flor de piel. Si a VOX le parece oportuno que, no habiendo mejores materias de gobierno en las que enfrascarse, lo mejor es cargar contra la Seminci, es su libertad y le asiste. Por eso es contradictorio en sí mismo dudar de la libertad creativa de las obras que concurren a la Seminci y que a lo largo de siete décadas han forjado la calidad y el prestigio del festival vallisoletano. El consejero de Cultura se ha metido en un barullo innecesario, seguramente por un exceso de cálculo de estrategia. Nada hay más libre que la creación cinematográfica y cuestionar esa libertad y calidad cultural por sospechas de calado ideológico en las películas es tan absurdo como pensar que los miles de lienzos que hay colgados en el Prado son un conglomerado ideológico por el mero hecho de que los encargaron en distintas época reyes, emperadores, papas o dictadores. A ver si ahora va a haber que descolgar Las Meninas o La rendición de Breda de las paredes del museo por sesgo ideológico. Porque fueron encargos nacidos de ideas con el fin de expresar, por medio de la pintura, una forma de pensamiento. A ver si el arte deslumbrante de las pirámides, la esfinge o sala hipóstila de Karnak es obra de esclavos libres, por eso es tan sobrecogedor.

Barullo innecesario que no hay por dónde cogerlo. Barullo que no es nuevo. Ya fue perpetrado por el mismo partido en los tiempos de la vicepresidencia de Juan García Gallardo. Y no parece García Gallardo el mejor ejemplo a seguir por los de VOX. Aunque es su libertad. La misma que tienen los espectadores de acudir, o de no hacerlo a las salas para disfrutar de alguna de las cientos de proyecciones que los próximos días convertirán a Valladolid en epicentro del cine europeo, con lo que supone de orgullo patrio para Castilla y León en general y para Valladolid en particular. No ha habido jamás una disciplina tan artística tan libre como el cine, aunque no haya película buena que no contenga una carga de ideas. Desde Lo que el viento se llevó hasta Los bingueros.

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