AL SERENO
El cuento y las cuentas
A partir del quince de octubre es ya todo cuesta abajo. Para las administraciones públicas es tiempo de cerrar, presentar y, el que pueda, aprobar los presupuestos. Nótese que he evitado a propósito agregar la posibilidad de pactar porque la doy por totalmente descartada y más en esta carrera electoral en la que nos hemos encabalgado por la vía rápida y que nos va a llevar a matacaballo hasta el mes de mayo. De las Generales a las municipales. Muchas citas electorales son esas para aspirar a algún consenso en los tiempos actuales de crispación y partidismo. Aquel que tenga mayoría absoluta tendrá presupuestos en 2027 y donde la mayoría absoluta depende de un pacto más les vale que jueguen a lotería, que tendrán más suerte. En Castilla y León, donde el pacto de gobierno entre PP y Vox goza del vigor de la juventud, el proyecto de las cuentas públicas del año próximo está ya sobre la mesa y llega con una lluvia de millones y una, no menos importante, reducción de impuestos. Es lo que tienen las lunas de miel como la que disfrutan los dos partidos de la derecha en Castilla y León, que nos dejan en la orilla de la crispación nacional. Mañueco volverá a tener un presupuesto nuevo a estrenar, acontecimiento que no sucedía desde 2024. Solo él sabrá expresar el alivio con el que recibirá su aprobación. En Burgos, en cambio, el traje ya estaba cortado del año pasado y se hizo grande a propósito para poder vestirlo todo este año y el que viene. La capital burgalesa va a destiempo respecto a la dinámica autonómica y, aunque la alcaldesa, Cristina Ayala, ya ha tendido la mano para un pacto de gobierno tras las municipales de mayo, aún sigue sufriendo la peculiar oposición de la formación de los de Abascal, para entretenimiento de las filas del grupo municipal socialista. Burgos tendrá presupuesto prorrogado, pero aunque fuera nuevo hubiera pecado del mismo patrón que las cuentas autonómicas, que no es otro que el alargamiento durante años de los proyectos, si falta de conclusión y, particularmente, la poca imaginación de las escasas propuestas nuevas y sin mencionar la permanente falta de acuerdo. No es cosa de hacer una relación de proyectos eternos en Burgos pero baste simplemente que mencione el museo provincial y el mercado norte. Ya verán como dentro de un año volvemos a echarlos en falta. Y lo peor es que nos hemos acostumbrado a que las inversiones se anuncien una y otra vez como si fueran nuevas, aunque lleven años dando vueltas por los presupuestos, de manera que cada ejercicio se les cambia la cifra y se actualiza el calendario para volver a prometer lo mismo. A este paso, los burgaleses tendremos que aprender a distinguir entre los proyectos que aparecen en las cuentas públicas y los que algún día llegan a terminarse, porque entre unos y otros pueden pasar tantos años que hasta se nos olvide quién los prometió por primera vez.