PIEDRA DE TOQUE
De cachondeo
Gran comienzo del curso político en Castilla y León. Lo ha marcado la inauguración del tramo de la Autovía del Duero A-11. 31 Kilómetros para una constatación delirante: no se sabe el porqué de este despliegue faraónico. Una proeza que nos recuerda a la autopista que construyó el rey Fahd en Arabia Saudí por puro placer: para estrenar sus coches de alta gama con destino a las ardientes arenas del desierto. ¿Para qué esta ceremonia de apertura que no conduce a ninguna parte? Los usuarios, la prensa, y los devoradores de noticias en tiempo estival, fuman en pipa. ¿De qué ha ido, por tanto, este debut del ministro de Transportes del sanchismo, que al parecer necesita aperturas oficiales para festejar los bermudas de los menas de Mohamed VI? De cachondeo.
El tramo inaugurado es un conjunto de aberraciones para el Guinness de los Récords. Numero. 1, la puesta en escena –sólo para invitados socialistas de reconocido prestigio como el ex alcalde de Soria y compañeros con calza colorada– nos deja en la cuneta de una política excluyente. 2, al carecer de señales legibles y claras, los usuarios se pierden en la entrada y en la salida. ¿Dónde está la 122, dónde la A-11? Pura fantasía ingenieril de Harry Potter… 3, como certeza de una inutilidad persistente: la vieja 122 es más segura que el tramo de los chutes en papelina, y más rápida. 4, todo esto envuelto en un espectacular despropósito: han dejado el puente que une las dos vías para el final de la obra a saber cuándo. ¿Y eso? Qué sé yo. El ministro, y el ex alcalde de Soria –que hace el trayecto a diario–, han olvidado que faltaba el puente. 5, y conclusión, aquí sucede como en Soria: tienen vías y estación pero no trenes, y un barco fluvial que une a la Fuentona con la A-11.