Carlos Martínez y Enma LópezICAL

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Las andanzas orgánicas de Carlos Martínez desafiando todo lo que se menea de Moncloa para abajo traerán consecuencias. Sobre todo para él. Su alianza atolondrada, contra viento y baronías, con la fracasada Enma López, del clan Cerdán, derrotada en las primarias de Madrid por la vallisoletana Reyes Maroto, seguirá trayendo cola. Martínez anda pidiendo árnica después de alardear de que su amiga iba a ganar a quienes trataron de hacerle entrar en razón y que no acudiera al aquelarre de Enma López, en el que el protagonista ha acabado por ser él. Es lo que tiene vivir eufórico y levantarse cada mañana creyéndose supermán. No haber salido todavía del cascaron de Soria y pensar que se puede andar, escobilla en mano, subido al papamovil, mientras el subdelegado del gobierno y el guardia civil de jornada le reían las gracias contra la seguridad del tráfico. Martínez estaba acostumbrado a ganar en las urnas de Soria. Llegó a Castilla y León y Mañueco le enseñó a perder. Mañueco siempre alardeando de los resultados educativos de PISA (con garbo). El de Soria es implacable, opción que apoya en primarias, opción que va al foso. Tres de tres, de momento. Es más infalible que La Cuneta de Castilla. Veremos cómo sale de este atolladero. Ya hay quien sospecha en el PSOE que la plaza de senador autonómico de Tudanca la quiere para sí, a imitación de lo que ha quedado de la andaluza María Jesús Montero tras pasar por el trillo electoral de Juanma Moreno, o antes Lobato, en Madrid. ¿Estrambótico? Cosas veredes. El caso es que todo lo que le concierne al PSOE CyL lo lleva de su cuenta, con sigilo, y sin dar explicaciones a los que mandan, por arriba, por abajo y por los lados. Miente más que habla. Martínez es una cooperativa en sí mismo, a imitación de su proceder durante 19 años en Soria. Cualquier día el resto se harta y se encuentra como Julio Villarrubia, de patitas en la calle. Por la vía ejecutiva, como llegó de la mano de Cerdán.