Un cuento chino
La imputación de Zapatero tiene a la cúpula del Partido Socialista de Castilla y León en ascuas. El ex alcalde de Soria, que es su secretario general, anda por ahí «un poco en estado de shock», según declara. ¿Un poco? ¡Un pocazo! Qué lógica orfandad. Yo mismo, que he escrito y publicado en la prensa sobre Zapatero, ZP, y Rodríguez Zapatero –que es la mismísima santísima trinidad– la friolera de mil y pico artículos desde el año 2000 hasta el día de hoy –y todos ellos en contra, justo es decirlo–, pues también me siento un poquito inclusero, o hijo de la piedra que viene a ser lo mismo.
En el caso del señor Martínez –uno de los procuradores más pobretones del nuevo hemiciclo de las Cortes, pues ha declarado que sólo tiene cuatro mil y pico euros en su cuenta corriente–, la cosa es dramática. Si después de 19 años como alcalde de Soria sólo tiene esa miseria en su haber, quiere decir que lo ha derrochado a saber en qué faustos de papamóvil, o lo ha escondido como su admirado ZP, lo cual sería mucho más preocupante.
De esta devastadora crisis zapateril –que se va llevar por delante al falso leonés, si se sustancian los delitos que el juez le imputa–, ¿qué nos está trasladando el señor Martínez a la ciudadanía mesetaria? Duelo insufrible. Un día una versión –«cansa la política de la condena anticipada, insinuaciones y del todo vale para desgastar»–, al día siguiente la traducción que ha soplado Moncloa –«investigar no es condenar»–, y según en qué momento, una advertencia cariñosa: su «confianza personal», su convicción absoluta en la «integridad y honestidad» del imputado ZP por todo «lo que ha representado para este país y para el PSOE». En fin, un cuento chino que, cuanto más se trata, más salen las cucarachas.