PIEDRA DE TOQUE
De Pedro a Pedro
«ALGO va de Pedro a Pedro», según El Quijote, y además cómo se nota. El apellido póngalo usted, que servidor está harto de añadirlo aquí cientos de veces. Lo digo porque en Valladolid, como en toda Castilla y León –¡Viva Villalar comunero!– seguimos en tiempo de Resurrección con el cirio pascual encendido.
Nos contó el martes este periódico que, por generación espontánea y sin interferencias políticas que valgan –sin duda el primer milagro de San Francisco I como santo súbito– ha nacido la plataforma de «integración ferroviaria y en contra del soterramiento» con una razón clara: porque «la integración (en superficie) es la solución real y ya está aquí», tal y como propone Adif y que, como todo el mundo sabe, nada tiene que ver con la política. Integración en superficie. O sea, que el tren, la trena o el treno en vías de cinco pisos conviva íntimamente con el ciudadano en la puerta de casa, con los coches, con las sillas de ruedas, con los parterres de los parques, con las calles, con los columpios de los niños, y con la gilipollez del alba.
Gran invento, si no fuera por un pequeño detalle: se trata de una mala copia de la película descacharrante de Martínez Soria, titulada Nobleza baturra, 1935, que sepultó en el ridículo a la integración en superficie. Aquí aparecían enfrentados el cateto de Paco en medio de la vía montado de un burro, y el renfero con manguito, pitando porque allá voy y te atropello. La genialidad se llevó por delante las ínfulas de Renfe hasta nuestros días: «Chufla, chufla, que como no te apartes tú…». Y este es el tema: que de Pedro a Pedro Sánchez «na» se aparta, que pita a la ciudadanía desde su tren blindado, y que le sobran «plastaformas» como esta en superficie.