Seguridad Nacional
En los últimos meses las prioridades gubernamentales españolas están cambiando a marchas forzadas. La Administración Trump ha roto la baraja en varios campos. El económico ha trastocado las alianzas comerciales. Los aranceles están reorientando la política económica de los países occidentales. Las empresas nacionales están expectantes. Vislumbran un futuro inmediato de grandes dificultades en sus estrategias y balances. Sectores como el vinícola o el aceite de oliva pueden sufrir importantes pérdidas. Necesitan cierta estabilidad exportadora, potenciar el mercado europeo o abrirse a otros territorios.
El otro campo que ha perturbado la geopolítica mundial ha sido el posicionamiento de Estados Unidos en la defensa y seguridad de Europa y Oriente Medio. El gobierno estadounidense ha puesto sobre la mesa que, si Europa quiere seguridad, tiene que pagarla. La guerra entre Ucrania y Rusia, con el apartamiento norteamericano, ha hecho que los gobiernos europeos se vean obligados a rearmarse y a invertir ingentes cantidades de dinero en gasto militar. Todavía a día de hoy no se sabe a ciencia cierta el porcentaje del Producto Interior Bruto que cada uno tiene que dedicar, cuya estimación sigue subiendo cada semana.
A todas estas circunstancias hay que añadir que el gobierno español está fracturado en la posición política que ofrecen a la opinión pública. El partido socialista está a favor de aumentar el gasto y cooperar con el resto de países comunitarios a la seguridad europea. La formación política de la Vicepresidenta del Gobierno se muestra reacia a esta postura. Además, gran parte de los grupos parlamentarios del Congreso de los Diputados no están a favor del incremento del gasto. No están dispuestos a ofrecer un cheque en blanco sin contraprestaciones.
Lo más curioso de todo este asunto es que todavía no se ha producido ninguna reacción de los movimientos pacifistas de los países europeos. Quedan lejanos aquellos días de principios del presente siglo en los que los españoles salían a la calle para que sus ejércitos no participaran en la guerra de Irak. Creo que la cosa cambiará cuando el compromiso de España acarree el envío de tropas que contribuyan a la defensa de Europa y, con ello, a la posibilidad de que puedan morir compatriotas por una tierra a la que no reconocen como suya. Será este el momento en el que las sensibilidades sociales adquirirán el protagonismo que se merecen. Esperemos que la vía diplomática alcance el éxito lo antes posible.