En elogio y defensa de la portavoz Ana Carlota
por más o menos acertada que estuviera la portavoz de Ciudadanos, Ana Carlota Amigo, en su comparecencia mediática tras el bochornoso pleno que concedió la credencial de senador por Castilla y León al segoviano Javier Maroto, no se le puede negar que al menos estuvo a la altura.
A la altura de atender preguntas y reprenguntas, en un tiroteo periodístico de una intensidad como no se recuerda en los pasillos parlamentarios. Contestó una y otra vez. Y no dejó de contestar ni zanjó su comparecencia con el consabido agradecimiento de algún subalterno que siempre aparece entre la nube periodística para cambiar el tercio, cuando el tercio empieza a endurecerse.
No estamos acostumbrados los periodistas y es de agradecer que un político nos permita que el fin de una rueda de prensa lo ponga la última pregunta que se quiere formular. Y ese gesto y esa actitud no sólo es de agradecer, es también de elogiar y defender. El contenido es otra cosa. Pero las formas empiezan a ser esenciales. Porque la portavoz de la formación naranja tuvo que asumir el trance de la decisión adoptada por otros que acabaron haciéndose transparentes e invisibles de tanta transparencia fingida que pregonan.
Algo ha cambiado en política con la comparecencia de Amigo. Ojalá que no decaiga o que no la hagan decaer por el mero hecho de que a otros, suyos y no suyos, pone en evidencia. Luego, la peregrina explicación esa que le mandaron espetar a la prensa de que la elección del segoviano Maroto procede de un cambio en la ley del año 2000 aprobada por PP y PSOE se desmorona sin decoro.
Porque con esa misma ley del año 2000 nunca nadie sin apego, vinculación o relación con Castilla y León había logrado la plaza de senador. Visto así hay que reconocer a quienes dicen que han venido para cambiar las cosas. Tiempos nuevos, tiempos salvajes.