EDITORIAL

La controversia de Maroto exige cambiar las normas

Creado:

Actualizado:

Que la elección de del vicesecretario nacional del PP Javier Maroto como senador por Castilla y León, a pesar de no tener más vinculación a esta tierra que su reciente empadronamiento en un pueblecito de Segovia, Sotosalbos, no es el mejor ejemplo de por dónde debe caminar la política no lo puede ni lo debe discutir ni siquiera el PP, que no le ha quedado más remedio que aceptarlo tras venir sugerido el nombramiento desde Génova. Que es legítimo y legal. Por descontado. Por eso los políticos, si quieren, que seguramente no quieran, tienen que acabar con el estado de la moral al que tienen sometida su actividad constantemente. Donde las acciones se juzgan en función de los intereses partidistas. Una moral además tremendamente trufada de hipocresía, pues la misma que le aplican a otros no la asumen para sí mismos.

El caso de Maroto es un ejemplo palmario. ¿Que hubiera dicho el PP si hace año y medio cuando el PSOE sopesó la posibilidad de hacer senador en su cuota regional a Pedro Sánchez para darle presencia parlamentaria lo hubiera?Pues hubiera puesto el grito en el cielo y hubiera desparramado las mismas críticas que ahora emite la oposición. Porque además a Maroto le persigue su hemeroteca. Esa que recuerda que era partidario de anexionar el territorio de Treviño al País Vasco y arrebatárselo a Castilla y León. Se supone que ahora no pensará lo mismo, aunque es sólo un suponer puesto que Maroto no se ha significado tras conocer su designación como senador autonómico.

Que para que no pasen estas cosas lo mejor es cambiar la ley, la misma ley que consensuaron hace 19 años PP y PSOE, en los tiempos del bipartidismo absoluto, es más que indudable. Con las normas que a todos igualan por igual se acabó el estado de la moral arrojadiza en la que viven inmersos los partidos. Pero van pasando los años y los escándalos y las normas siguen apolillándose porque los dos grandes partidos saben que la mayor parte de las ocasiones les benefician porque están confeccionadas para un tiempo político que no es el de la pluralidad que arrojan los parlamentos actuales.

En eso tiene razón ciudadanos, en la necesidad de cambiar las normas para evitar que casos como el controvertido y estrambótico de Maroto vuelvan a ocurrir. Sin embargo, eso no les exime de haber sido imprescindibles para que ellos hayan sido imprescindibles para que el hemiciclo de las Cortes de Castilla yLeón ayer ser convirtiera en un ejemplo de puerta giratoria por la que dar entrada en un parlamento nacional a un dirigente al que se la negaron las urnas. Una cosa es predicar y otra dar trigo. Ypor ahora, Ciudadanos se dedica en exceso a predicar lo que no practica. El desgaste del apoyo de Maroto era innecesario. Ciudadanos sabrá a cambio de que lo ha hecho. Porque el papelón de ayer es los que dejan huella en la biografía política de cualquiera.