ANDRÉS PORTERO

As de copas

Durante dos décadas como jugador ha sido testigo y protagonista del crecimiento del hockey en Valladolid / En su palmarés, una veintena de trofeos con el CPLV, incluidas dos Copas de Europa

Andrés Portero posa con un stick en la pista de Canterac, lugar donde se forjó como jugador y donde ahora entrena.-MIGUEL ÁNGEL SANTOS

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Guillermo Sanz

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El hockey línea se ha convertido durante años en una apuesta segura: una mano ganadora sobre la mesa deportiva con un as que daba un plus de valor a la jugada. En el universo en el que el stick y la pastilla son el rey y la reina, el ‘as de copas’ tiene nombre y apellidos: Andrés Portero.

El perfil de Andrés Portero es el del soldado anónimo. Discreto, pero fundamental para ondear la bandera ganadora en cualquier guerra. En su pecho lucen los galones de los grandes héroes, fruto de estar 20 años al servicio de un CPLV al que vio crecer casi desde sus raíces hasta convertirse en un árbol perenne de triunfos. Su palmarés y el del club vallisoletano son fotocopias. Él puso su firma en las peanas de las dos Copas de Europa, las cinco Ligas y nueve Copas del Rey que decoran las vitrinas de Canterac.

El CPLV tuvo que importar a uno de sus valores más seguros. Aunque hoy siente como un vallisoletano más, la casilla de salida de Andrés Portero está en Aranda de Duero. Allí cambió el baloncesto (deporte con el que se inició en el patio de su colegio) por los patines. Un sorpasso sigiloso y casi imprevisto. «Yo de pequeño patinaba con mi hermana», recuerda sobre sus primeras ‘deslizadas’. El siguiente paso fue coger un stick y empezar a entrenar sobre el asfalto en su ciudad natal, donde floreció el gran capitán del CPLV.

El destino quiso que los hilos de Andrés Portero y Ángel Ruiz, fundador y presidente del CPLV, se cruzaran en el camino. «Conocí a Ángel antes de venir a Valladolid. Nos veíamos en algún torneo, porque no había ligas como ahora. Un verano me fui a ver con él un Campeonato del Mundo a Torrevieja y empecé a conocer a los del equipo», recuerda. Ahí germinó una semilla que se hizo más grande cuando el exjugador se instaló en Valladolid para estudiar Educación Física.

Los Cerros se convirtió en el segundo hogar de Portero, antes de que lo hiciera Canterac. «Yo dedicaba muchas horas al hockey», reconoce un hombre que se erigió como maestra del CPLV, dentro de la pista y fuera de ella, donde se convirtió en el ‘chofer’ encargado de guiar a los equipos por España en furgoneta. Sobre otras ruedas, las de los patines, Andrés Portero fue testigo y protagonista de cómo el ‘sueño loco’ de Ángel Ruiz se convertía en un gigante devorador de títulos: «Ha sido poco a poco. Cuando llegan los primeros títulos es cuando te das cuenta de lo que has crecido», explica. Así, el hockey vallisoletano se instaló en la vanguardia nacional, un viaje que inició en 2005 con la consecución de la primera Copa del Rey.

Desde ese momento, la cadencia cantó una vez detrás de otra el We are the champions. Elegir un solo trofeo en 20 años es como elegir ver un solo cuadro en el MOMA: una misión casi imposible. «Cada una tuvo su historia», reconoce un jugador que «disfrutaba más dar pases que meter goles» y que su especialidad era (y es) «quitar la pastilla y evitar goles. Frenar al mejor del otro equipo era lo mejor», admite. Roles que aparcó el pasado año después de 20 temporadas rodando del lado del CPLV. «Hablé con Ángel.

Yo tenía que estar más tiempo en casa, además los chavales vienen pegando fuerte y los entrenamientos costaban cada vez más», confiesa. Motivos suficientes para meter el stick en el armario (aunque no para cerrarlo con llave, ya que no descarta en algún momento volver a la acción).

Su camiseta con el 64 luce en lo alto de Canterac y la figura del gran capitán pasó de la pista al banquillo, donde se ha convertido en la mano derecha de Ángel Ruiz en el primer equipo y en una máquina capaz de pulir a los diamantes del CPLV. Para muestra, un botón... o una pastilla: ocho de los jugadores que alzaron la novena Copa del Rey del club pasaron por el encerado de Andrés Portero en las categorías inferiores.

La faceta de la formación enamoró al jugador desde sus orígenes en Aranda. «Yo todo lo que aprendía en TAFAD e INEF era para ser entrenador. He hecho miles de cursos», explica. Ahora pone todo lo aprendido en los equipos benjamines, alevines e infantiles. Estos últimos intentarán quitar a su entrenador la única espina que tiene: no conseguir un Campeonato de España como técnico. «Es mi asignatura pendiente. Nunca he sido capaz. Llegamos como motos, pero nunca hemos ganado una final. Aún así, no me siento perdedor. Tal vez no he ganado un Campeonato de España, pero 3 ó 4 de esos jugadores están en la élite», celebra.

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Andrés Portero ha regado el hockey vallisoletano con ilusión y talento y éste le ha respondido con un palmarés envidiable, un recuerdo imborrable y una familia, la que formó con la expantera Virginia Martínez.