Diario de Valladolid

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ME ESCRIBE a casa Santiago Abascal en vísperas de este 28-A para decirme que «la Nación está en peligro». El presidente de Vox me llama «querido compatriota». Su lenguaje, aunque arcaico, es amable en las formas. Sus mensajes, en esta campaña de los indecisos, son parecidos a los que he escuchado a Casado y a Rivera en los dos debates: el golpe de Estado en Cataluña, el indulto de Sánchez a los golpistas, las amenazas del feminismo y la inmigración...

En ninguno de los tres candidatos he apreciado el compromiso por reducir la pobreza y las desigualdades sociales, distribuir mejor las rentas, garantizar el poder adquisitivo de las pensiones, apostar con firmeza por el futuro de los jóvenes, reforzar la I+D, frenar el deterioro de la España vaciada, recuperar el gasto social y defender sin ambigüedad la lucha contra la violencia machista que mata a las mujeres... Las cosas que más me interesan.

Tal vez la única diferencia de Abascal con las otras dos derechas sea su rechazo al Estado de las autonomías, por más que al candidato del PP se le ha oído hablar de la devolución de competencias al Estado.

Vox ha marcado la campaña y la agenda del PP y de Cs. La guerra se ha trasladado al campo de la derecha como nunca había ocurrido en democracia. La deslealtad de Errejón con Iglesias en la precampaña fue una nimiedad frente el fuego cruzado de venganzas, robos de candidatos, transfuguismos y pucherazos de una derecha que abandona el centro y se radicaliza para ocupar el espacio de sus escindidos ultras.

«El odio es la cólera de los débiles», decía con razón el novelista y cronista francés Alphonse Daudet. Odio e histeria a raudales hemos visto en Casado y en Rivera, hacia el otro y hacia Sánchez; no solo por la falta de respeto al no escuchar al «enemigo», sino por ignorar al público con el ruido de alborotadoras interrupciones a la par. También por golpes bajos de fichajes con olor la ajuste de cuentas; el penúltimo, el de un inmoral presidente de la Comunidad de Madrid.

Y humillaciones y viejos rencores en la confección de listas. Como la sufrida por el presidente del PP de Valladolid, Jesús Julio Carnero, al imponerle en la candidatura municipal al que perdió las primarias. O la enésima vejación al portavoz popular en el Consistorio, Toño Bermejo, a quien llevan al octavo lugar como agradecimiento (¿?) a su lealtad por dar la cara estos cuatro años de desierto político. ¡No sé cómo la candidata popular, Pilar del Olmo, aguanta tales menosprecios! Si eso hacen con los suyos, qué no harán con el resto que no son de su cuerda.

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