La despoblación: soluciones inteligentes y planificadas
La despoblación y, especialmente, la que está vinculada al mundo rural se ha convertido en una cuestión recurrente de la que se viene hablando con asiduidad en los últimos tiempos. Tal es así, que utilizamos el término despoblación para tratar de poner de manifiesto la que podemos denominar crisis del mundo rural: Crisis de población, crisis económica, crisis cultural o, en definitiva, crisis de vida y actividad en nuestros pueblos.
En este breve artículo trataré de exponer mis ideas con respecto a un asunto tan complejo y complicado de resolver.
Previamente a ello, debemos tener en cuenta una serie de cuestiones que, a mi juicio, son absolutamente objetivas e indubitadas y que deben servirnos para entender el contexto previo a cualquier reflexión.
El primer dato objetivo es que Castilla y León cuenta con una densidad de población cinco veces menor que la media europea (26 habitantes por kilómetro cuadrado frente a 144 de media de la UE). Un dato que viene a poner de manifiesto un hecho real: primero, la enorme extensión del territorio y, en segundo lugar, un gran movimiento demográfico de acercamiento progresivo hacia los núcleos de población más grandes.
Junto a esto, también hay que tener en cuenta los diferentes modos de vida en nuestra sociedad: Al principio todo era campo, pero los hombres se empezaron a agrupar en aldeas; luego en pueblos; más tarde en villas; para pasar a las ciudades y después a las capitales aún más grandes. Incluso dentro de las ciudades, los movimientos migratorios de unas a otras siempre han supuesto una variación del número de habitantes de las mismas por motivos muy dispares: nuevas oportunidades, nuevos trabajos, nuevas familias, etc…
Podemos profundizar en aspectos concretos de la sociedad actual: hoy debemos tener en cuenta el menor sentimiento de arraigo que las generaciones más jóvenes pueden tener por su tierra natal. Seguramente la globalización ha cumplido su papel en este sentido.
Uno de los grandes retos que afectan al 80% del territorio europeo es el demográfico. Me refiero a la mayor longevidad de vida; además una vida mucho más activa unida a una menor natalidad. Pero también me refiero a un mayor retraso a la hora de constituir una familia. Este factor, sin duda, también contribuye hoy de forma decisiva a un diferente modo de vida a la hora de precisar las diferentes atenciones en función de la edad. Nuestros hijos necesitan educación y sanidad, y nuestros mayores, sanidad y servicios sociales.
La despoblación no siempre se ha visto como un tema de Estado o de preocupación nacional. Así, mientras en algunas comunidades como Castilla y León desde hace muchos años se ha reflejado en la agenda de trabajo (además de una forma trasversal), en otras autonomías es un asunto que no podemos considerar tan prioritario, sobre todo en aquellas regiones uniprovinciales que han venido absorbiendo ese crecimiento poblacional a costa de otras. Y todo esto con independencia del color político de sus gobernantes. En definitiva, la despoblación es una cuestión que cobra mayor protagonismo en épocas electorales o de mayor convulsión política.
Por cierto, con dispares soluciones: es significativo que incluso algunos quieren reducir el número de ayuntamientos o suprimir las diputaciones provinciales: Son los que podemos llamar partidos urbanitas o de asfalto. Otros proponen soluciones dispares como la creación de estructuras nuevas suplementando las existentes como las Comarcas. En ambos casos, a mi juicio no se afronta ninguna solución realmente posible o adecuada.
Los ciclos económicos y las épocas de crisis también han favorecido en gran medida muchos de esos cambios demográficos y especialmente la despoblación. Fenómenos como la reconversión industrial o el desarrollo de infraestructuras de transporte o las autovías, o incluso la planificación hidrológica, indudablemente, han contribuido de forma significativa a todas estas variaciones poblacionales. En sentido contrario, donde no se ha planificado, donde no han llegado las inversiones en infraestructuras, de forma inmediata se ha producido un efecto negativo en cuanto al número de vecinos.
Con todas estas ideas, lo cierto es que nos encontramos ante un fenómeno de importancia vital para nuestra tierra y para el desarrollo de la sociedad futura. De tanta importancia, que la sociedad actual no debería permitir que se tratara de forma superficial o con frivolidad. La cuestión es muy importante y, por tanto, su solución no puede ser sólo fruto del partido de turno en el gobierno. Es, en toda su amplitud, una cuestión de Estado. Una cuestión vital para las generaciones presentes y, sobre todo para las generaciones futuras.
Creo que se está abusando de la utilización partidista, cortoplacista o incluso como arma arrojadiza entre distintos partidos políticos. Debemos tener en cuenta que esto sucede a menudo por parte de cualquier partido en la oposición contra quien gobierna, con independencia de las políticas aplicadas para subsanar la gran grieta que produce la despoblación.
En virtud de todo esto, me gustaría citar las principales ideas-fuerza aplicadas o a aplicar de forma estratégica, planificada y, si fuera posible, con el consenso general de todos los partidos (o al menos de los mayoritarios):
1.- La ordenación del territorio como pieza fundamental: conjugando dos principios fundamentales y en ese orden; el principio de subsidiariedad por el que la solución del problema debe venir dado por la administración más cercana al propio problema y el segundo por la eficacia (colaboración interadministrativa y solidaridad con la administración más necesitada). El partido en el que milito, el Partido Popular, es sin duda el partido del mundo rural. Es el partido que más ha apostado por establecer, desde la cercanía y el mantenimiento de los ayuntamientos existentes y por supuesto de las diputaciones provinciales (parte fundamental de lo que debemos entender por Administración Local), una verdadera red colaborativa para implementar las políticas a las que luego me referiré. Es importante subrayar la cuestión relativa a la solidaridad, que muchos municipios cumplen en todo este asunto. Solidaridad que no puede llegar al extremo de que se produzca un desequilibrio económico en la prestación de servicios públicos, de forma que unos municipios estén literalmente sosteniendo a otros. Esa debe ser más una función de las diputaciones provinciales.
2.- El objetivo último será que los derechos de cualquier vecino serán iguales con independencia de su lugar de residencia. Así, la defensa del mundo rural y la lucha contra la despoblación debe tener en cuenta los propios derechos de los habitantes de ese entorno rural. Sin menoscabar su calidad de vida, en el sentido más moderno de su acepción, por vivir a distancia de una gran urbe.
Claramente este objetivo se debe conjugar con el sentido común, a veces el menos común de los sentidos. Para desarrollar las mejores políticas vuelvo a apelar a la necesidad de una ordenación del territorio adecuada a la vez que traigo a colación la necesaria distribución de competencias entre distintas administraciones. No podemos estar unos supliendo lo que no quieren hacer otros. Las competencias de la administración local deben quedar fijadas de forma clara junto a la financiación adecuada, cuestión aún lejos de resolver pero fundamental para el bienestar de todos.
En esto no todos los partidos tampoco defendemos lo mismo. Considero que falta, sobre todo entre los partidos de más reciente aparición, un verdadero compromiso por avanzar en todos estos temas. Así, no se trata sólo de hablar de despoblación como un asunto aislado. La despoblación se tiene que poner en comunicación con la ordenación del territorio, la distribución de competencias y la financiación local. Y en último extremo con un verdadero plan de modernización de la administración local (ayuntamientos y diputaciones provinciales).
3.- Paralelamente hay que reconocer un gran esfuerzo de las administraciones tratando de fijar población en el medio rural en base a diferentes líneas específicas como las políticas activas de empleo y la formación, políticas para desarrollo de la economía ‘agro’, también de desarrollo y consolidación del turismo, de la cultura, de puesta en valor de lo natural. Indudablemente hay que dar continuidad a estas líneas de trabajo, cada vez más apoyadas por Europa, con el reconocimiento especial del factor de población en la consignación de fondos para el desarrollo.
También hay que reconocer el enorme esfuerzo de la administración regional en políticas de educación y sanidad; en definitiva políticas para las familias especialmente en el medio rural. Esfuerzo que debe ser más considerado en la distribución equitativa y justa de la renta nacional.
Sobre todo creo en la posibilidad de establecer políticas fiscales más adecuadas para quienes viven en el mundo rural. Personalmente soy más partidario de políticas fiscales a medida que aporten soluciones a través de subvenciones, pues no se trata de establecer una sociedad basada en el ‘no hacer’ o no llegar a ser competitivos, sino en la incentivación o motivación activa. El emprendimiento y la innovación; la redistribución equitativa de la renta considerando que el territorio debería ser un factor de corrección considerando que en la mayoría de los casos la presión fiscal y laboral en entornos rurales es mucho mayor que en el mundo urbano, lo que incluso muchas veces provoca la indeseada economía sumergida.
Igualmente hay que reconocer el esfuerzo en la potenciación de los sectores o nichos más productivos como los bodegueros o los queseros. Entiendo que se podía potenciar más la actividad de grupos de microempresas colaboradoras con las anteriores que de forma real pudieran establecerse igualmente en el mundo rural. Empresas auxiliares y complementarias, empresas innovadoras que requieren cercanía a la actividad agropecuaria y que en base a unas imprescindibles comunicaciones digitales puedan desarrollar su trabajo desde los pequeños municipios.
En definitiva, la despoblación es un tema muy importante. Creo que queda mucho por hacer desde la planificación trasversal de todas las administraciones y de todos los partidos políticos, sin tensiones, sin demagogias, sin precipitaciones y de una forma integral. Estoy seguro de que no hay una solución única ni fácil, sino un conjunto de líneas de actuación que desde la ordenación del territorio y la modernización de las administraciones (competencias y financiación), nos lleve a construir una base sólida sobre la que ejercer las políticas mas adecuadas con soluciones inteligentes, innovadoras, activas y, sobre todo, consensuadas.