Un canto de esperanza
Con los ecos del ‘Canto de Esperanza’ se ha pasado la página de una nueva edición de la fiesta de Villalar. La voz de El Mester volvió a enjambrarnos en la campa. No creo que sea necesario volver a insistir en el hecho histórico de la guerra de las Comunidades y la raíz de esta fiesta popular que se alzó en su origen como la enseña de Castilla, con un claro matiz reivindicativo y que, más tarde, sería fiesta que identificara a toda Castilla y León. Pero Villalar no ha logrado concentrar la emoción ni el sentimiento del conjunto de los habitantes y territorios de la región. Evidente. Ni las acciones de la Fundación Villalar, ni las políticas culturales de la Junta, ni la actitud de los partidos políticos han logrado que Villalar se convierta en ese icono sentimental del calendario. Existen, a mi juicio, varias razones. Por un lado, los partidos de la derecha no han asumido el fenómeno comunero como propio y la izquierda ha sujetado el pendón como suyo. No hemos caído en que el hecho histórico del fenómeno comunero, en el siglo XXI va mucho más allá de los colores. Solo basta con leer detenidamente el ‘Poema de los comuneros’ de Luis Alonso López para entender que tenemos delante todo un Cantar de Gesta. El problema es que los niños y niñas de esta región no lo conocen. Ni tampoco hemos sabido trasladar a las nuevas generaciones el espíritu de los años 70. Es justo reconocer que al menos Juan Vicente Herrera intentó, con valentía política, levantar el pendón aunque su gesto no fructificó. Se lo pusieron difícil dentro y fuera. Hasta que Villalar no se convierta en un lugar de peregrinación cultural y turístico para todos, no habremos consolidado el corazón del estatuto. Y corren tiempos en los que se cuestiona mucho más de lo que ya se cuestionaba el hecho autonómico. Por tanto, sería muy triste que con el tiempo Villalar se quede solo como un pueblo que resucita cada 23 de abril y una campa a la que acudiremos puntualmente un grupo de nostálgicos que seguimos creyendo en los héroes y en su solar y que no temblamos a la hora de decantarnos por los comuneros ante los realistas que, dicho sea de paso, nos ganan por goleada en el tapete del turismo, pues Carlos V se lleva la palma y el aplauso. El día que un joven de esta región conozca y sepa responder quiénes son Luis López Álvarez o Joseph Pérez, cuál era el nombre de los cuatro comuneros, quién fue María Pacheco y dónde está enterrada o cómo se llama el actual alcalde de Villalar y, que se sepan de memoria algunos versos del poema de los comuneros, ese día, habremos ganado la batalla que perdimos un 23 de abril de 1521, para más señas. ¡Ay, si otros pillaran en su tierra una historia como la de nuestros capitanes!