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La despoblación en Castilla y León. Un problema estructural aún por resolver

Secretario General UGT Castilla y León

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Redacción de Valladolid
Valladolid

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CASTILLA Y LEÓN se caracteriza desde hace al menos seis décadas por tener una dinámica poblacional muy regresiva con un elevado envejecimiento y con un crecimiento vegetativo negativo desde finales de los años 80 del siglo pasado. Esta crisis demográfica sólo se detuvo gracias a la inmigración en los años anteriores a la Gran Recesión. Pero con el estallido de la crisis se demostró que los problemas de fondo del declive poblacional seguían sin resolverse y, de nuevo, desde 2009 hemos perdido más de 150.000 habitantes, un 6%, el mayor retroceso registrado en todas las Comunidades Autónomas.

Y estamos volviendo a expulsar población joven de forma acelerada. Desde 2011 el saldo migratorio muestra una pérdida cercana a los 60.000 habitantes. Pero lo más grave es que tres de cada cuatro habitantes tenían entre 25 y 44 años y la mitad entre 25 y 34 años. Esto dificulta cada vez más el relevo generacional, macando en el futuro inmediato un todavía mayor grado de envejecimiento y un imparable descenso poblacional.

Y las proyecciones del INE para los próximos 15 años no sólo confirman esta evolución sino que apuntan a un escenario aún más dramático: entre 200.000 y 250.000 habitantes menos, con pérdida tanto por un crecimiento vegetativo negativo como por la evolución de los saldos migratorios. El mayor retroceso poblacional de toda España en términos absolutos y, junto a Asturias, el mayor en términos porcentuales.

Pero es que, además, en esas proyecciones se constata un descenso de 85.000 habitantes de menos de 20 años que contrasta con el aumento de 130.000 habitantes de más de 65 años. Es decir, que no sólo seremos muchos menos sino que seremos todavía más viejos, con una tasa de dependencia insostenible (tres jubilados por cada menor de 16 años). El relevo generacional resultará imposible y la pérdida poblacional seguirá agudizándose.

Por otra parte, en Castilla y León existen graves desequilibrios territoriales que inciden en la evolución demográfica; pudiendo afirmar que somos una Comunidad con dos velocidades. Cuando analizamos la situación de las nueve provincias, la diferencia en convergencia con la UE es enorme. Existen acusados desequilibrios entre las más dinámicas y las de la zona oeste llegando, por ejemplo a diferencias de entre 25 y 30 puntos de convergencia entre Burgos y las provincias de Ávila, Zamora, León o Salamanca.

Por si esto fuera poco, Castilla y León es la región española donde hay más personas viviendo en el mundo rural, aspecto esencial a tener en cuenta en cualquier estrategia poblacional. El 99% de nuestros municipios tienen menos de 10.000 habitantes y en ellos viven 1.051.000 ciudadanos que suponen el 43,6% del total de la población. Y en municipios de menos de 1.000 habitantes hay 445.000, la tercera parte de todos los que hay en España, representando cerca del 20% de la población de la Comunidad frente a sólo un 3% de media en el conjunto del país.

El problema demográfico tiene, por lo tanto, varias aristas: además del abultado declive poblacional, un creciente envejecimiento, una intensa ruralidad y unos desequilibrios territoriales muy fuertes. La situación es complicada, pero se puede y se debe actuar. Porque, efectivamente, hay soluciones y posibilidades de romper esta tendencia.

No creemos en fórmulas mágicas. Pueden resultar eficaces medidas directas como, por ejemplo, el apoyo fiscal a la natalidad. Pero que nadie piense que eso corrige el problema. Los países nórdicos, con una política demográfica muy intensa, han tardado varias décadas en empezar a notar los resultados. La dinámica de la población es algo estructural que finalmente depende o es resultado de las condiciones económicas y sociales. Son esos factores socioeconómicos los que más inciden en la evolución demográfica, saldos migratorios, evolución de la natalidad...

Por todo eso, en UGT creemos que para frenar la despoblación debemos aumentar nuestro potencial de crecimiento asignando más recursos a la inversión en capital físico, tecnológico y humano. Se puede y se debe incrementar el esfuerzo presupuestario tanto en gasto social como en inversiones productivas a medio y largo plazo, esfuerzo absolutamente imprescindible para vencer la atonía económica regional y nuestra debilidad estructural en la generación de empleo, principal origen, a nuestro entender, de la lamentable evolución demográfica que manifiesta Castilla y León.

Evidentemente resolver el problema no es fácil. Existen multitud de factores y variables implicadas que impiden una solución rápida y sencilla. Pero, desde nuestro punto de vista, lo fundamental pasa por impulsar un cambio del modelo de crecimiento que apueste por la economía del conocimiento y la innovación, el desarrollo productivo industrializador basado en factores de competitividad y no en devaluaciones salariales ni precarización de las condiciones laborales. Un impulso modernizador a través de los nuevos paradigmas transversales como la industria 4.0, la bioeconomía o el desarrollo de sectores clave como los que marca la estrategia de especialización inteligente (RIS3), estrategia que se basa fundamentalmente en la explotación de los recursos endógenos.

En efecto, sectores como la agroalimentación y el uso y gestión de nuestros recursos naturales y culturales son decisivos para fijar población en el ámbito rural. En el medio rural hay que impulsar actividades complementarias y alternativas a la producción agrícola y ganadera y afianzar las industrias agroalimentarias potenciando su red de distribución y comercialización.

Otro sector de suma importancia en nuestra región es el asociado a la salud y la atención social, con un potencial de generación de empleo enorme. Si conseguimos ligar su desarrollo a una correcta ordenación territorial obtendríamos repercusiones positivas en la evolución de la población y aumentaríamos la cohesión social y territorial. En este sentido, un espacio geográfico tan amplio como el de Castilla y León en el que la densidad demográfica es baja y el grado de urbanización menor que en otras regiones de España y de la Unión Europea, los núcleos rurales de tamaño medio deben jugar un papel decisivo en la localización de una red de servicios públicos descentralizados.

Por otra parte, y más allá de la existencia de planes específicos de dinamización de determinadas zonas especialmente deprimidas, creemos necesario recuperar un Plan de Convergencia Interior dilatado en el tiempo y con una dotación presupuestaria suficiente como instrumento básico de desarrollo de políticas económicas y sociales reequilibradoras dentro de nuestra región. Este Plan tendría una importante capacidad inversora, con ejes de actuación centrados en el empleo, el tejido productivo, las políticas sociales y el desarrollo de infraestructuras en sentido amplio.

No deberíamos tampoco olvidar la necesidad de actuaciones en otros campos como la del acceso de la población a la vivienda, la integración sociolaboral de los inmigrantes o la del desarrollo tecnológico y la implantación y extensión de las telecomunicaciones de última generación en todo el territorio.

Y, por supuesto, desde el sindicato consideramos ineludible fomentar de manera efectiva la igualdad de oportunidades para hombres y mujeres a la hora de conseguir un puesto de trabajo estable y con los mismos derechos y favorecer el incremento de la actividad y ocupación de mujeres y jóvenes. Ambos colectivos deben ser considerados objetivos transversales en cualquier medida que se adopte. Como ya dijimos, la expulsión de mano de obra, básicamente población joven, a otras regiones más desarrolladas es una de las principales explicaciones de la pésima evolución demográfica de nuestra región.

En resumen, pensamos que es imprescindible entender el problema demográfico regional desde una perspectiva omnicomprensiva. Estamos ante un fenómeno de enorme importancia que requiere actuar a nivel laboral, sanitario, social, rural, educativo, industrial y territorial. En su elaboración y desarrollo deben estar implicadas todas las instituciones políticas, sociales y económicas de la región.

Y el compromiso de UGT es el de seguir participando activamente en un debate sobre una estrategia poblacional para Castilla y León a medio y largo plazo. Así lo hemos demostrado en todo momento, apoyando la ampliación de medidas de la Agenda de la Población dirigidas a jóvenes, empleo y dinamización económica, inmigración o apoyo para retornados. Y será importante, en los próximos años, aprovechar también la nueva oportunidad de incrementar los recursos destinados provenientes de Europa si finalmente se elabora y pone en práctica una Estrategia Europea en materia demográfica que debe ser impulsada decididamente por las instituciones de la Unión, con el respaldo del presupuesto europeo y de los diferentes fondos e instrumentos financieros.

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