Una planta como garantía de futuro en la Comunidad
LA FÁBRICA DE Nissan-Ávila tenía los días contados. Sobre ella se cernían los peores augurios de la multinacional automovilística. Y el peor de los presagios, el de su cierre, estaba prácticamente hecho e iba camino de convertirse en realidad.
Ahora, nueve meses después, la planta está funcionando a pleno rendimiento, tanto que incrementa su fabricación justo antes de pasar a ser una fábrica de componentes para el grupo Renault-Nissan. Toda una demostración de su viabilidad, fiabilidad y del buen hacer de los trabajadores que en ella desempeñan su labor.
Siete meses después de que se anunciar su transformación, el plan «continúa según lo previsto», tal y como se apunta desde Nissan, cuya factoría abulense ve como por primera vez desde hace mucho tiempo, la plantilla supera el medio millar de trabajadores, como consecuencia de este aumento de la producción del modelo NT400.
En la actualidad, continúan avanzando las obras en la antigua pista de pruebas de la planta de Ávila, para levantar las nuevas naves de estampación. Aunque los trabajos ya están en marcha, está previsto que a lo largo del presente mes de enero comiencen las obras de la nueva nave de estampación, soldadura y pintura.
Asimismo, si todo discurre según los plazos fijados, en el primer trimestre de 2020 comience la rampa de producción de estampación, antes de la apertura de la nueva actividad de la planta. Además de estas instalaciones en el polígono industrial de Las Hervencias, en plena capital abulense, el proyecto de transformación de Nissan contempla otra planta de logística y distribución en Vicolozano, a menos de 10 kilómetros del casco urbano.
Datos todos ellos que lo que vienen a evidenciar es que existe futuro y que la fábrica abulense cuenta con el potencial suficiente para convertirse en importante dentro del grupo. Y eso justamente, una garantía de futuro, es lo que siempre se ha defendido desde estas mismas páginas. Todo plan que se pusiera en marcha para la fábrica, fuera el que fuera, debía pasar por dar viabilidad y garantía a los trabajadores y, con ellos, a la nueva planta.
A la vista de los datos y de las previsiones que se van conociendo resulta evidente que, ahora sí, existe esa garantía de futuro real tanto para Ávila como para el conjunto de la Comunidad. Una demostración más, como sucedió recientemente con el caso de Vestas en León, de que cuando las administraciones y la iniciativa privada trabajan en común se superan las dificultades y, lo que es más importante, se logran sacar adelante iniciativas y proyectos que parecían condenados al fracaso.